
La adolescencia, y sobre todo su problemática, constituyen un fenómeno que nos atraviesa, como padres, como educadores, como profesionales en fin como sociedad.
Es de gran preocupación para este Programa de Salud Mental, observar los grandes esfuerzos, que tratan de realizar distintos sectores de la comunidad, para el abordaje de esta problemática, sin embargo las patologías, tales como bulimia, anorexia, adicciones e intentos de suicidios aumenta, considerablemente día a día.
¿Quien es este adolescente que no nos deja en paz? ¿Qué le pasa que hace que no podamos ignorarlo, que nos despabila, que nos conmueve nuestra propia existencia, que nos interroga, que nos hace reflexionar sobre qué sociedad le construimos para que crezca?, ¿quién es? ¿Qué le pasa? ¿De qué sufre? ¿Por qué las patologías que revisten más gravedad aparecen justamente en este periodo? No podemos seguir adormecidos, es necesario despertar, para analizar, para responder desde donde podemos, este interrogante fundamental.
Se puede comenzar opinando que nuestra sociedad contemporánea, se caracteriza por reducir a los individuos a verdaderos objetos de consumo.
La globalización, es una revolución que afecta la relación de las personas, perturba el nivel de comunicación, tales como "cualquiera puede constituirse en mi prójimo".
El lema es vivir el "hoy" hay un empuje al olvido, ya sea por medio de las drogas prohibidas, para adormecer o exaltar de un modo artificial, hasta las prótesis farmacológicas que prometen una vez más una felicidad química universal a cambio de una dócil y tonta resignación frente al aplastamiento de la singularidad, y a cambio de desposeer a las personas de sus coordenadas histórico políticas.
La adolescencia, es inseparable de ese descubrimiento extremadamente angustioso, que esa sociedad para la que quería ser grande, para acceder con mayor libertad, esa sociedad perfecta no existe, y esos grandes, ese padre y esa madre no existen, apenas si encuentra adultos, a los que llama con justificada ambivalencia "mis viejos".
Pocos descubrimientos como estos son tan desilusionantes y tan llenos de consecuencias.
Por otro lado podemos decir que la caída de la imagen paterna es una característica de la modernidad.
El padre, en muchos casos se ha convertido en un hombre angustiado, que no toma la iniciativa en el campo sexual, un hombre pasivo que espera que la mujer haga por ellos.
El padre, cuando es un hombre sin trabajo o un hombre que no decide absolutamente nada, afecta radicalmente al adolescente.
En este contexto social, político y familiar emerge un sujeto conmovido por un empuje hormonal, por la modificación de su cuerpo, a quien le falta un saber sobre el sexo, frente a todo esto tiene que encontrar una respuesta y esa respuesta es lo que llamamos adolescencia.
En ella tiene que encontrar un punto de salida, es decir un punto en el que va poder estabilizar una respuesta que puede ser válida para la continuación de la existencia.
En un cierto número de casos no lo logra y aparecen fenómenos como las adicciones, la bulimia y la anorexia.
Estos nuevos síntomas ponen en evidencia los límites de nuestra práctica, de nuestra sociedad, ya que su extensión y el fracaso en el control de éstos provocan un escepticismo generalizado en lo que como Estado, (desde el Ministerio de Salud, Ministerio de Educación, Secretaría de Desarrollo Social, etc.), debemos responder.
¿Cuáles son los tratamientos posibles? En primer lugar, es necesario respetar la singularidad de cada adolescente más allá de todas las clasificaciones.
El poder escuchar el uno por uno esta problemática en particular, en un encuentro con un terapeuta, produce un alivio fundamental y de la que puede esperarse importantes consecuencias en su vida, ya que en este encuentro, el sufrimiento subjetivo se pone "en forma" de modo tal que puede ser problematizado; porque abre el camino de buenas preguntas, más allá del dolor inútil; porque uno se hace responsable del lugar que le cabe en el desorden del que se queja; porque percibe en fin que se trata de su vida y que no hay peor engaño que suponer -por más joven que sea quien padece- que se tiene todo el tiempo por delante.
También el abordaje en la familia y en la institución constituye una de las claves del que el tratamiento sea posible.
Más allá del contexto social al que el joven pertenece, la experiencia con un terapeuta permite al que sufre, volverse un activo protagonista en la búsqueda de una solución que sólo a él le conviene, más allá de la técnica del profesional, es la eficacia de un principio ético, que no victimiza ni clasifica, ya que apela a la responsabilidad de cada sujeto.
Muchas veces los jóvenes no pueden encontrar cómo organizarse frente a la demanda de los padres, de la sociedad, de la escuela y simplemente la posibilidad de la ayuda de un tercero podrá restablecer la relación con su entorno, encontrar una salida a sus múltiples presiones y poder entender que en la convivencia con los demás existen reglas de juego que es necesario aceptar.
En los centros primarios de salud San Vicente y San Martín, y próximamente en el Centro Primario del Bº Antártida, y en el Servicio de Adolescencia del hospital Vera Barros, el Ministerio de Salud, ofrece un lugar donde profesionales de la Salud Mental atienden la demanda de los adolescentes.
En el interior de la provincia, la atención se realiza en los hospitales de Villa Unión, Chilecito, Chepes, Chamical y próximamente en Aimogasta y Famatina.
Claudia Llanca
La realidad muestra a chicos que matan a sus compañeros de colegio o se suicidan, adultos con problemas para comprender el comportamiento adolescentes y una gran brecha en la comunicación entre ambos.
Las estadísticas aseguran que la sociedad actual vive un desquicio histórico
¿Qué lleva a un chico de 15 años a matar, matarse o tener ataques de pánico? ¿Por qué una de las características de la generación actual de adolescentes es la soledad? ¿Cuándo el concepto de fobia social comenzó a ser incorporado al vocabulario cotidiano? Frente a tantas preguntas y realidades como la ocurrida el martes pasado en una escuela de Carmen de Patagones ?donde un alumno de 15 años mató a balazos a tres de sus compañeros de curso e hirió a otros tantos- cabe reflexionar sobre la vida que vive la sociedad actual.
Desde hace varios años, organizaciones no gubernamentales, oficiales e instituciones internacionales publican estadísticas sobre las conductas de las sociedades del nuevo siglo y ninguna es alentadora.
Deterioro de los vínculos familiares, aumento de enfermedades como la bulimia, anorexia, depresión, adicciones varias y hasta suicidios en la población adolescente de países desarrollados, son algunas advertencias que parecen no ser tomadas con la seriedad que merecen.
El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos publicó un informe que bien podría servir de muestra para entender qué tipo de generación se está formando, y utilizar las estadísticas y números para emprender acciones al respecto.
La discapacidad de las economías fuertes "En todo el mundo, los trastornos de la salud mental representan cuatro de las diez causas principales de discapacidad en las economías de mercado establecidas, y son las siguientes: la depresión grave (también llamada depresión clínica), el trastorno maníaco depresivo (también llamado trastorno bipolar), la esquizofrenia y el trastorno obsesivo compulsivo", comienza el informe.
Sólo en los Estados Unidos ?país tomado como ejemplo de desarrollo económico y bienestar social- uno de cada cinco adultos padece algún tipo de enfermedad mental diagnosticable anualmente.
Además, el 9,5 por ciento de los ciudadanos de 18 años de edad o mayores padecen alguna enfermedad depresiva cada año (depresión grave, trastorno bipolar o distimia).
Las mujeres tienen casi el doble de probabilidades de sufrir depresión que los hombres.
Sin embargo, los hombres y las mujeres tienen las mismas probabilidades de desarrollar el trastorno bipolar.
Estos últimos casos, que afectan aproximadamente al 1,2 por ciento de la población de 18 años o mayores, la edad promedio de aparición del primer episodio maníaco es entre los 20 y los 25 años.
El número de hombres que se suicidan es cuatro veces mayor que el de las mujeres.
Sin embargo, la frecuencia de intentos de suicidio en las mujeres es 2 a 3 veces mayor que en los hombres.
El suicidio es también una de las principales causas de muerte de adolescentes y adultos entre los 15 y 24 años de edad.
Esquizofrenia popular Aproximadamente 2,2 millones de estadounidenses adultos padecen esquizofrenia cada año.
Una de cada 10 personas que tienen esquizofrenia termina suicidándose.
En la mayoría de los casos, la esquizofrenia aparece por primera vez en los hombres en los últimos años de la adolescencia, o entre los 20 y los 25 años.
En las mujeres suele aparecer por primera vez entre los 20 y los 35 años.
Aproximadamente 19,1 millones de estadounidenses adultos de 18 a 54 años de edad, es decir, el 13,3 por ciento de los individuos de estas edades, padecen cada año algún trastorno de ansiedad.
Entre los diversos trastornos de ansiedad podemos citar el pánico, el trastorno obsesivo compulsivo (su sigla en inglés es OCD), el trastorno de estrés postraumático, el trastorno de ansiedad generalizada (su sigla en inglés es GAD) y las fobias (fobia social, agorafobia y fobias específicas).
El trastorno de pánico se desarrolla típicamente en los últimos años de la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta.
Los primeros síntomas del OCD suelen aparecer durante la niñez o la adolescencia.
El trastorno de ansiedad generalizada (su sigla en inglés es GAD) puede empezar en cualquier momento, aunque el riesgo es mayor entre la niñez y la madurez.
La fobia social comienza típicamente en la niñez o en la adolescencia.
Si es con esta parte de la sociedad con la que convivimos, ¿es tan extraño que sucedan episodios violentos como los de Carmen de Patagones?