"Tenemos que darnos permiso para pensar"
Adrián Paenza presentó un libro
Un gran número de pretendientes se disputan una princesa.
Cada uno trata de cautivarla con una maravilla.
Uno le muestra una lluvia de estrellas; otro, un vuelo majestuoso, pero la princesa nunca deja ver gesto alguno.
Hasta que uno extrae de su capa un par de anteojos: ella se los pone, sonríe y le brinda su mano.
Es que la princesa no se emocionaba ante las maravillas ofrecidas...
porque era miope; no podía verlas.
Adrián Paenza ilustra con este cuento de su colega Pablo Amster la imposibilidad que padece mucha gente de gozar de la "reina de las ciencias": "Hablar de matemática no es solamente hablar del teorema de Pitágoras: es además hablar del amor y contar historias de princesas.
También en la matemática hay belleza [...], pero muy poca gente se da cuenta", dicen Amster y Paenza.
Hace unos días, el matemático y periodista presentó en el Centro Cultural San Martín Matemática...
¿estás ahí? (Siglo Veintiuno Editores), un libro con historias, cuentos y desafíos que intenta "entusiasmar, conmover y enamorar" a sus lectores con la disciplina tal vez más resistida de la ciencia.
"Yo disfruto de tener siempre un problema en la cabeza -afirma Paenza-.
¡Me gusta pensar! Propongo eso: pensar sin premura , simplemente por la satisfacción de tener la capacidad de hacerlo.
-¿De dónde surge la proverbial fobia a esta disciplina?
-Mirá, te voy a decir lo que yo pienso: que queremos dar respuestas a preguntas que la gente no se hizo.
El acercamiento a la ciencia no puede ser ése.
La vida es distinta, presenta problemas y uno después conjetura una hipótesis.
Pero si yo empiezo con el teorema general y después muestro los casos particulares, es muy aburrido.
-¿Lo mismo pasa en la escuela?
-Claro...
Los chicos están obligados a prestar atención y no los dejan hablar.
Pero la matemática es también un juego; uno aprende mucho jugando, estimando...
Por ejemplo: ¿qué diferencia hay entre un millón y mil millones? Puesto en segundos, por ejemplo, un millón de segundos son once días; mil millones, 32 años.
Los chicos tienen que enfrentar problemas.
No hay que darles las respuestas, porque lo primero que se logra es generar rechazo.
-¿La matemática puede cautivar a cualquiera?
-Para mí, sí, pero sé que estoy loco.
Uno podría preguntar: ¿a toda persona le gustará la literatura? Yo contesaría: depende de qué literatura.
Está Shakespeare, Cortázar, Gabriel García Márquez...
¿No habrá algún autor que haya escrito algo sobre un tema que te interese? Seguro que alguien escribió alguna vez algo que te gusta...
-¿Es verdad que hay chicos que "sirven" y otros que "no sirven"?
-No.
Hay gente que obviamente tiene más facilidad, como tiene más facilidad para tocar el piano, por ejemplo.
A mis alumnos yo les digo: "Aprovechen esta potencia que tienen para acercarse a la frontera del conocimiento.
Después van a poder aplicar esta creatividad".
-¿Por qué es importante estudiar matemática?
-Sencillamente, porque es una de las entradas a una de las maravillas del ser humano, que es el cerebro.
Poder pensar y, sobre todo, aprender a gozar de enfrentarse a un problema y resolverlo...
¡es orgásmico!
-¿Qué te llevó a escribir este libro?
-Yo tengo necesidad de contar.
No puedo gozar de algo y guardármelo.
Sea la matemática, el fútbol, lo que sea...
Fijate que hay pocas cosas que un adulto se ufana de ignorar.
Hay quienes se enorgullecen: "Yo de matemática no entiendo nada".
Sin embargo, nadie dice lo mismo de la literatura: "No sé quién es Shakespeare".
Pero cuando uno logra ver realmente de qué se trata, puede advertir la belleza de la matemática.