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Medios y poder

pedro pesatti - pesatti@hotmail.com. Noticias.net

Ni Guttemberg, ni Marconi, ni Farnsworth deben haber sospechado el poder de sus invenciones.
Ellos son los responsables de las tecnologías sobre los que se han construido las grandes corporaciones multimediáticas que signan el proceso histórico de nuestro tiempo.


Para Juanjo Guidi no hay dudas de que son los instrumentos clave para garantizar el control social de un modelo mundial esencialmente injusto.
"Juanjo" Guidi se radicó en Europa para cursar estudios superiores en comunicación y semiología en la Universidad de Bolonia.

Umberto Eco, Paolo Fabbri, Ugo Volli, entre otros, fueron sus profesores.

Graduado en periodismo y sociología en la Universidad de Buenos Aires, nació en Viedma hace treinta y nueve años.


Sus primeros pasos en un medio de comunicación los dio junto a Daniel Cardozo, "su responsable", como él afirma, del descubrimiento de un mundo del que quedó fascinado: la radio.

Con Cardozo trabajó en un programa que emitía LU 15 a principios de los ochenta: "Expresiones".

Pocos después, en esa misma emisora, tuvo su propio espacio, "Haciendo mundo", que salía los domingos antes del fútbol.


En Buenos Aires trabajó con Hernán López Echagüe, en la revista Humor, en La Colifata -la radio de los internos del Hospital Borda- y colaboró con Hugo Chumbita en un libro sobre Vairoletto.

"Al sur del cielo" fue el último programa radial que tuvo en la Comarca.

Hoy vive en la República de San Marino, donde el chat ha sido nuestro espacio de encuentro.
-Nunca como ahora el hombre dispuso de tantos medios para estar comunicado.

Sin embargo, no todo es un beneficio, pues sabemos que el dominio de los medios tiende a estar concentrado en pocas manos y que esas pocas manos concentran enorme poder.

¿Cómo caracterizás esa relación entre los medios y el poder?
-Interesante relación entre la disponibilidad de medios que tiene el individuo para acceder a la información y las formas en que ésta se distribuye y llega, como opinión pública, como una verdad totalizadora.

Esto genera "el poder".

Cuando hablo de poder me refiero a las grandes coorporaciones económicas que lo compran todo.


Hoy, el poder se vale de los medios para bajar sus discursos, su legitimidad.

Necesita que sus representantes tengan buena acogida en la gente, y para ello si los medios le pertenecen es mucho mejor.
¿De qué manera te imaginás una forma de control democrática sobre estos aparatos?
-Por empezar hay que hacer notar que la enorme multiplicidad de medios no significa necesariamente una mayor democratización de la información.

La cuestión es saber quién se apropia de la información.

En un modelo mundial económicamente asfixiante, como el actual, donde las posibilidades de desarrollo igualitario son complejas.

Es difícil que podamos pretender democracias comunicativas.


-Los medios además de la función del control social que ejercen son un gran negocio en sí mismos, ¿no?
-Claro.

En la actual dictadura de mercado algunos empresarios de medios tomaron la profesión de periodista como "mercancía".

Entonces, lo que queda ante esta posibilidad es la elección -como se está haciendo en muchos lugares del mundo e incluso en países latinoamericanos- de preparar a los usuarios de los medios para que puedan defenderse de aquello que leen, escuchan o reciben por la televisión.

Son los mismos usuarios que se reúnen en los tiempos libres e incluso en los colegios para reflexionar sobre estos temas.

En muchas universidades se abren cátedras libres para leer mensajes emitidos desde los medios y analizar los comportamientos de los actores que son emisores de información.

Son los mismos receptores, en estas experiencias, los encargados en experimentar cómo recepcionan, cómo se sienten ellos ejerciendo el derecho a informarse.

Es una interesante manera de generar pequeños espacios democráticos.
-Tendemos a pensar que sólo en los programas políticos se busca influenciar a la gente para que forme una opinión determinada.

Sin embargo, los medios, y en especial la televisión, antes que transmitir información trasmiten pautas de conducta.

Desde la sociología, ¿qué lectura podés hacer?
-Recuerdo una anécdota de Eco: estábamos precisamente en un debate sobre la televisión y en un momento, bastante enojado, expuso que el comerciante cuando vende un aparato de televisión debería realizar por lo menos tres preguntas clave: primero, ¿usted está seguro de comprar este instrumento? Segundo, ¿conoce sus beneficios? Y finalmente, ¿está realmente calificado para su uso? Para Eco, un consumidor de televisión, debe tener criterios para saber encender y apagar en el momento apropiado la caja boba -que de boba tiene poco- porque si ello no ocurre sucede lo que ya sabemos: hay millones de personas que incorporan los discursos y mensajes televisivos como verdades bíblicas y eso es peligroso.

La manipulación, por otra parte, es permanente.

Se incorporan patrones lingüísticos de manera constante, modismos, cambios en el uso del consumo.

Todo es fugaz y repentino.

Hay una aceleración de los tiempos y lo que se muestra en muchos casos es una construcción absolutamente disociada de la realidad.


-¿Estás pensando en la guerra de Irak, por ejemplo?
-Es uno de los tantos ejemplos que podemos apuntar.

En Europa, en relación a lo que me preguntás -hasta no hace más de un año y medio atrás-, los medios hablaban todo el tiempo de la necesidad de exorcizar a Irak y el Medio Oriente.

Y lo que es peor aún: se llenaban espacios de televisión y radio con estos argumentos y el ciudadano común legitimaba esos discursos haciéndolos propio.
Lo que provoca la manipulación discursiva y la modificación de pautas de conducta es la incapacidad de poder analizar lo que se repite o reproduce.

Lo que digo lo digo porque lo escuché en la tele o en la radio o porque es moda.

La cuestión es preguntarse qué hacen los medios de comunicación con los ciudadanos y cómo éstos responden a ellos.


-No sé si leíste a Barret, un escritor español, anarquista, que vivió un tiempo en Buenos Aires a principios del siglo XX.

En uno de sus libros, "El terror argentino", hay un artículo, "Sicología del periodismo", que tiene una actualidad asombrosa.

Para Barret el periodismo es una suerte de gran negocio y sólo eso.

Winnicott, teórico inglés del psicoanálisis, pensaba que el periodismo es la profesión más corrupta.
¿Cómo definís al periodismo?
-Me hubiera gustado ver a Barret debatiendo con Neustad, o rompiendo diarios de derecha, mal escritos, mal diseñados, en la cara de un Daniel Hadad, por ejemplo.

Sin embargo, no creo que exista una profesión más corrupta que otra.

Existe la corrupción y eso es lo despreciable.

El periodismo, de todas formas, ha sido tomado como negocio.

No se puede negar, pero eso también ocurre con otras profesiones que no debieran estar signadas por la lógica del negocio en el sentido negativo que suele cobrar esta palabra.
-Es cierto.

La historia muestra grandes periodistas que hicieron de su profesión una suerte de militancia social y política.
-Bueno, para mí Rodolfo Walsh es un referente y un emblema del periodismo comprometido.

Y si debo citar ejemplos más recientes no puede dejar de mencionar los quinientos casos denunciados por organizaciones internacionales de derechos humanos de colegas perseguidos por publicar hechos delictivos como tráfico de drogas y de bebés, corrupción en gobiernos y empresas, entre otros.

Esto, por otra parte, no sólo sucede en países donde sus instituciones son débiles, existen infinidad de casos en donde los periodistas han sido sometidos a ahogos de todo tipo y a intentos de sobornos en los países del primer mundo.
Como decía Edgar Mainhord: "Los intelectuales de formación cartesiana y de creatividad desbordante siempre son un problema en una profesión devenida en mercantilista".

El periodismo, si me pedís una definición, es un aprendizaje permanente, donde cada día la realidad te sorprende y es ahí donde uno convive con sus ideas, formación, su arte, estilo, y fundamentalmente con aquello que ha pretendido ser, que la palabra sea su alimento, su nexo con el afuera, con su contexto.
-¿No te parece que todos los avances que produjo la ciencia de la comunicación y el uso que se hace de estos conocimientos hoy convierten a Goebbels en un improvisado? ¿Podés indentificar a los "Goebbels" de nuestro tiempo, o son absolutamente invisibles?
-Es indudable que la pérdida de privacidad a la cual estamos sometidos es alarmante.

La penetración mediática -la permitida por nosotros y aquella que se mete marginalmente- es increíble.

Por ejemplo, cuando nosotros compramos un paquete de programación de televisión lo hacemos conscientemente para hacernos de determinados servicios básicos: información, ficción, documentales, deportes, entretenimientos, etc.

Junto con estos paquetes, sin que lo pidamos, vienen incluidas las pautas publicitarias, un tema interesante para el análisis.
En el medio de este esquema consciente básico de consumo normal, comienzan a sucederse una serie de pequeños "servicios", no tan necesarios, como por ejemplo el mercado en casa, la gimnasia en TV, el compre ya, todo dentro de un juego legal de mercado.

Así como Goebbels utilizó todo el aparato del Estado para llevar adelante la manipulación de los alemanes a través de la propaganda, hoy a nivel mundial ese papel -con variaciones, desde luego- lo cumplen las grandes coorporaciones o megamedios que están invirtiendo en América Latina, como es el caso del grupo Prisa, que compró Radio Continental, Cadena Caracol, Radios en Francia, parte de la Stampa en Italia, etc.


Y se podrían mencionar muchos casos más.

Algunos Goebbels son visibles, otros no tanto.

Pero insisto: está la alternativa de crear ciudadanía, el único camino que nos permitirá contrarrestar las formas de manipulación que pretenden ejercer los medios sobre nosotros.


"En la actual dictadura de mercado algunos empresarios de medios tomaron
la profesión de periodista como mercancía".
-Seguramente recordarás al satánico Doctor No, el personaje de la primera película de la interminable zaga del agente 007, que había logrado construir una poderosa arma para derribar los cohetes de los americanos.

Mucho tiempo después, terminada la Guerra Fría, Bond debe enfrentarse con otro personaje satánico, pero esta vez ya no es una sabio desquiciado como el Doctor No, sino un personaje vinculado al mundo de los medios que pretende enfrentar a China y al Reino Unido en una guerra de consecuencias impredecibles a partir de la manipulación periodística.

De alguna manera entre el primer film de Bond, de 1962, y el último que te he mencionado, "El mañana nunca muere" (1997), hay una posibilidad de lectura inquietante.


-¿Este será un tiempo signado por las manipulaciones periodísticas? ¿Qué opinás? -No podría afirmarte si éste es el tiempo de la manipulación periodística como marca excluyente, aunque al mismo tiempo debo admitir que todo el tiempo se manipula la conciencia de mucha gente.

Fukuyama había anunciado el fin de la historia y en realidad ésta se reconstruye, no termina en un día, el presente es historia.

En este contexto los medios y el avance tecnológico provocaron, fundamentalmente, una incapacidad de reflexionar.
Esta postura acrítica, propia de un estado de vacuidad permanente del pensamiento, en ningún momento fue puesto en discusión de manera enérgica por grupos de vanguardias, solamente fue hecho en ámbitos académicos o en revistas especializadas, lo mismo que si imaginamos un escenario en donde un político habla sólo para los convencidos.

Existe, entonces, un alto grado de manipulación, perfectamente organizado desde el poder.
Citemos ejemplos: la caída del Muro del Berlín significó para el bloque occidental el triunfo sobre la guerra fría y el neoliberalismo, como ideología dominante y hegemónica, comenzó a reinar en todo el mudo.

Los medios hegemónicos instalaron la idea de que la caída del muro era equivalente a pasar del infierno al paraíso.

Sin embargo una década después, esos mismos medios, comenzaron a preparar a la opinión pública para justificar la política "levanta muros", como la llaman los inmigrantes de los países del este, que frena el ingreso de esas personas que salen en busca de nuevos horizontes.
Manipulación periodística y mediática no pueden disociarse.

Están en un mismo ámbito.

Lo interesante es saber interpretar si aquello que es notoriamente presentado en los medios es lo que verdaderamente importa periodísticamente, si entendemos como tal la tarea de decir o mostrar lo que verdaderamente interesa a las mayorías y no a las elites dominantes