María se vio separada y con tres hijos a los 39 años.
No sabía cómo manejarlos sola, cómo tratar al ex y, en definitiva, qué hacer con ella misma.
Lucas, lejos en edad aunque no en autopercepción de problemas, tiene 16 y en el colegio hablaron con los padres porque tenía "serios" problemas de conducta.
A Martín lo "largó" su novia después de dos años de compartir sus vidas juntos.
Le costó asumir el hecho, ya que creía que era "el amor de su vida".
Susana, con 55, se encontró nuevamente libre, condición que hace tiempo no practicaba ya que sus hijos eran chicos y su entorno demandante.
Las causas pueden ser tantas como subjetividades existen, aunque se manifiestan con ciertos patrones que coinciden.
Lo cierto es que cada vez más santafesinos -y argentinos- van al psicólogo.
Desde el colegio que nuclean a los profesionales del área, aseguran que la demanda creció un 50 % en 2004 respecto de 2002, y varios psicólogos de la ciudad aceptaron que casi no disponen de turnos -o quedan muy pocos espacios en blanco en sus agendas- por el aumento de pacientes en los consultorios.
¿Cuáles son los motivos? El padre del psicoanálisis, el método más expandido en nuestro país, respondió a esta pregunta cuando atendió a un poeta que sentía la curiosidad de averiguar si necesitaba hacer un análisis.
Freud lo mandó a seguir escribiendo: "Si alguien puede disfrutar del trabajo, del sexo y del amor, no es necesario que inicie un tratamiento".
Si alguno de todos estos aspectos no funciona, aparece el malestar.
Ahí donde hay una queja, un lamento, surge -en muchas personas- la necesidad de ir al psicólogo.
Lo primero que se manifiesta es un síntoma o angustia, algo que "desborda" o que no "podés controlar".
Estados depresivos, inhibiciones, momentos de pánico, ruptura de un lazo social o "diversos modos del sufrimiento psíquico: impotencia, síntomas fóbicos, obsesivos, histéricos", son situaciones que empujan al diván.
La persona que entra en un consultorio, como lo explicó Carlos Giusti -integrante de Litoral Agrupación Psicoanalítica de Santa Fe-, siente que le pasa algo que no puede controlar o no sabe cómo solucionar.
"Por lo general vienen traídos por una queja: me pasa esto que me angustia, que no puedo resolver.
Si quiero seguir o no en una pareja, o estoy en un momento de mi trabajo que no soporto, me siento vacío...
Y ahí puede haber una posibilidad de empezar una interrogación".En general, agrega, ese lamento es por algo que "está más puesto afuera que adentro", como la situación económica, la falta de tiempo...
Ese problema en sí, no se va a resolver con la consulta, pero se puede indagar "qué hacer con eso".
Realidad por edad
Desde su consultorio céntrico, un flamante profesional observó que el 80% de la consultas tienen que ver con una desorganización que genera ansiedad.
Los casos más comunes, remarcó, son por trastornos de ansiedad que, cuando llegan al punto cúlmine, se expresan en ataques de pánico.
En un ranking generalizado, pero no por eso menos cierto, se arriesga a decir que según las primaveras que cuente cada paciente se puede establecer un patrón.
Si bien en todos la constante es la angustia, los adolescentes muchas veces llegan al psicólogo por recomendación de las escuelas por problemas de conductas graves y de aprendizaje.
Incluso algunos colegios privados derivan al alumno a un profesional como condición para que siga en la institución.
La constante en la franja de 20 a 30 son los problemas en las relaciones de pareja y el intento por identificar la vocación, o responder a esa compleja pregunta de "¿qué hacer de mi vida?".
En los adultos se conjugan todos: problemas de pareja, divorcios, la educación de los hijos -o cómo manejarlos- y algunos casos por duelos.
La inundación marcó, en Santa Fe, un antes y un después.
Este es un hecho reconocido por el Colegio de Psicólogos, donde se vio que, más allá de las secuelas, "hizo que un sector importante de la población accediera a la prestación psicológica, lo que dio como resultante que empezara a demandarlo" tal cual consignan los equipos de atención primaria de la salud (APS).
En este sentido, Carlos Giusti resalta que en ese momento "los psicólogos en general, y el Colegio en particular, participaron activamente yendo a los lugares a tratar de asistir psicológicamente los efectos traumáticos de esa catástrofe".
Lo que tuvo, en lo social, "una difusión muy grande.
Se reconoció que algo estaba afectado.
No sólo había que dar una manta, alimentos, resguardo".
Además, desde el mismo Estado se aceptó que era necesaria la instrumentación de este tipo de asistencia.
¿Argentina "psi"?
Es innegable que en los últimos años hacer terapia tiene algo de cool o kitch.
Al menos es la apariencia que generan artistas e intelectuales que en diferentes declaraciones públicas se empeñan en remarcar que hace 10 ó 5 o más años la practican, confesión sucedida por los innumerables beneficios que ésto les proveyó.
Es verdad.
Cada vez más gente recurre al diván y ésta práctica es cada vez más aceptada y popular.
"Antes había más prejuicios, hoy cualquier hijo de vecino apela a esta búsqueda del psicólogo".
Carlos Giusti aclara que, aunque es cierto que se han expandido las consultas en nuestro país, lo que nos caracteriza respecto de otros países es que hay "más psicoanalistas y más pacientes de psicoanálisis".
El psicoanálisis, esa invención que Freud instauró cuando descubrió que el sujeto no es amo y señor de sí mismo sino que está atravesado por el inconciente, trascendió lo terapeútico en estas latitudes.
Es que "la teoría del psicoanálisis es una teoría del ser humano.
Una teoría de la producción cultural que se extiende, en su intento de comprensión del fenómeno, no sólo al hecho sintomático", explicó Giusti.
A partir de ahí, "toda la ciencia y todas las artes tuvieron alguna transformación".
Será por eso que en Argentina una chica que da vueltas es una "histérica", una metida de pata es un "acto fallido", un olvido circunstancial se define como "lapsus", alguien proclive al orden exagerado es "obsesivo" o se dice "perverso" a una persona cínica.
Terapia en el ciberespacio
Tanto se ha extendido la práctica psicológica en nuestro país que ya se pueden hacer consultas desde la tranquilidad del hogar, vía Internet, con un especialista.
La página www.la-angustia.com.ar, promete un "abordaje terapéutico" basado en la "escucha de su problema para diseñar un tratamiento acorde a sus necesidades".
En este caso, "el profesional a cargo escucha su angustia, su miedo transmitido en el e- mail o en una entrevista on line".
Un sesión de una hora vía chat privado en "tiempo real", asegura que el visitante podrá tratar su ansiedad, fobias y miedos