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El lento paso desde el siquiátrico a la vida

NATACHA RAMÍREZ. El Mercurio

Plan nacional de salud mental:


Muchos enfermos mentales todavía no pueden dejar el encierro del hospital, aunque su enfermedad esté controlada.


"Al que moleste le vamos a poner una camisa de fuerza".

Durante 20 años, Santiago (50) -enfermo de esquizofrenia- recibió esa amenaza como interno del hospital psiquiátrio Dr.

José Horwitz.

"Lo único que uno podía hacer adentro era fumar", recuerda.

Consumía una cajetilla y media de cigarrillos al día, lo que le provocó un daño irreversible en el pulmón.

Si alguien se hubiese encargado de darle sus medicamentos, Santiago tal vez habría podido vivir fuera del hospital, pero su esposa había muerto y él estaba solo.


Hace diez años, los chilenos con enfermedades mentales severas debían permanecer de por vida (25 años en promedio) en el hospital psiquiátrico.

Allí, aislados del resto de la sociedad, los medicaban y los sacaban de sus crisis, pero no podían reinsertarse.

Esto perjudicaba su tratamiento, porque un aspecto fundamental de la recuperación es que vuelvan a la comunidad.


Beneficios para todos


Para solucionar este problema, en 1999 se empezó a implementar un nuevo Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría, que promueve instalar las unidades mentales en hospitales generales y consultorios, y crear nuevos centros, como hogares protegidos, hospitales de día; talleres recreativos, de capacitación y clubes de integración.


En esta red los hospitales psiquiátricos tienen cada vez menos cabida.

Por eso la intención es egresar a los pacientes estabilizados y mejorar las condiciones de quienes se quedan.

Con este cambio se beneficiarán tanto quienes estuvieron internados por años, que podrán optar a una reinserción, como la cuarta parte de la población chilena que, según las estadísticas, sufrirá una enfermedad mental alguna vez en su vida.

Esto porque el 40% del presupuesto que el Ministerio dispone para salud mental y que hoy se entrega a los psiquiátricos se irá traspasando a hospitales y consultorios.


Gracias a este nuevo modelo, desde hace tres meses Santiago vive en un hogar protegido de Ñuñoa, donde hay un cuidador que se encarga de medicarlo y recibe la visita periódica de una enfermera.

Gracias a esto puede continuar su tratamiento sin estar encerrado.

Ahora fuma sólo cinco cigarrillos diarios.


Según un estudio realizado por los hospitales psiquiátricos en 1997, existían 1.200 internos en larga estadía, de los cuales 960 estaban en condiciones de egresar, pero el 80% de ellos no tenía una familia que los recibiera.

Por esto se concluyó que, para la mayoría de los pacientes, el hospital cumplía un rol más social que médico.


El problema de los internos era que, pudiendo vivir en la comunidad como cualquier enfermo que necesita cuidado, estaban encerrados con reglas muy rígidas, que anulaban su individualidad: "El hospital les negaba decidir sobre las cosas mínimas de la vida, que son las que nos dan libertad", explica Mauricio Gómez, director del hospital psiquiátrico El Peral, que ya ha reducido de 600 a 230 sus internos.

Esto gracias a las dos alternativas de egreso que se crearon: trasladar al paciente a vivir con su familia o una instancia que cumpliera la función de un hogar, pero protegido.


Juan Antonio, enfermo de esquizofrenia, podrá volver con su familia luego de estar interno durante 20 años en El Peral.

Desde hace tres meses visita su casa todos los fines de semana, preparándose para el alta definitiva.

"Yo quiero puro irme, trabajar, casarme y tener familia", dice.


Carmen no tiene su misma suerte.

Un día su tribu gitana la fue a dejar a El Peral y nunca más volvió.

Ella podría desarrollarse más plenamente en un hogar protegido, como Moisés (29), quien egresó del Instituto Psiquiátrico Dr.

José Horwitz, que redujo de 500 a 106 los pacientes en larga estadía.

Hoy dedica su tiempo a pintar, gracias a las clases en un club de integración.


Los pacientes que hoy, por su gravedad, permanecen en los psiquiátricos también han mejorado su calidad de vida.

En lugar de estar amarrados o encerrados, reaprenden a usar el espacio comunitario.

En El Peral, por ejemplo, visitan el mall cercano.

Y en vez de estar hacinados en piezas de veinte camarotes, viven en cuartos para cuatro personas.

También las hay individuales para quienes estuvieron aislados y hoy les cuesta compartir con otros.


Sin protección


En el hospital psiquiátrico Philippe Pinel de Putaendo se han creado sólo cuatro hogares protegidos, donde viven 30 personas.

Pero de 300 internos, 200 podrían vivir afuera si existieran más hogares.


En Chile no hay una ley que resguarde los derechos de los pacientes y el Plan Nacional preocupa sólo al Ministerio de Salud.

No existen políticas complementarias en educación, trabajo ni vivienda y tampoco se aborda esta realidad a nivel municipal, aun cuando las necesidades de quienes egresan, además de médicas, son sociales.

Pese a los avances, la salud mental aún no es en Chile una política de Estado, como sí lo fue en los países donde la reforma psiquiátrica tuvo éxito.


Enfermos, no presos


En el hospital Philippe Pinel de Putaendo se encuentra ubicada la Unidad Forense de alta complejidad.

Allí ingresan las personas que fueron sobreseídas por crímenes graves a causa de una enfermedad mental.

Esta unidad seguirá funcionando debido a que no es cuestionada por el Nuevo Plan de Salud Mental y Psiquiatría.


Alberto Minoletti, jefe de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría del Ministerio de Salud, dice que las 40 camas que hoy posee la unidad son necesarias, pues constantemente los tribunales ordenan la internación de esta clase de pacientes, para que reciban un adecuado tratamiento.

La idea es que ellos también puedan integrarse a la comunidad, a través de las mismas modalidades de egreso de los pacientes de larga estadía.


Esto se basa en que la Unidad Forense es una unidad terapéutica y no una cárcel.

Por esto, quienes ingresan no van a cumplir condena, sino a rehabilitarse, pues, según los gestores del plan, por más horrendo que haya sido el crimen, el paciente siempre tiene la posibilidad de recuperarse.


ENCIERRO


700 INTERNOS todavía permanecen en los hospitales psiquiátricos del país desde el inicio de la reforma en 1999.