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Paulina Kernberg, Psiquiatra

Texto Nicole Raymond, desde Nueva York. El Mercurio

 Con casi cinco décadas de experiencia como siquiatra sicoanalista de niños y adolescentes, esta chilena y destacada académica de la Universidad de Cornell tiene mucho que decir sobre el tema.

Quien fuera elegida por el gobierno estadounidense para evaluar y asistir a Elián González, el niño cubano que fue centro de una polémica nacional en 1999, dice que ha visto cómo los niños y los padres han cambiado.

Para bien y para mal.

Por un lado, asegura que los medios han hecho a los más chicos más escépticos y menos inocentes.

Por otro, piensa que el nuevo rol de la mujer en la sociedad ha creado papás más comprometidos.

A la larga, y como siempre, confirma que para tener niños felices no se necesitan milagros, sólo buenos padres.



¿Cuál es la receta para tener hijos felices? No hay que mezclar nada ni cernir harina, basta con dos papás - separados, divorciados, que trabajan o en cualquier otro envase- atentos y comprometidos con la crianza de sus hijos.

"Cuando los roles están bien integrados y hay una cooperación entre los padres, salen unos niños extraordinarios", dice la chilena Paulina Kernberg (70), quien ha dedicado casi 50 años de su vida a la siquiatría infantil y juvenil.

Y añade: "Uno ve el potencial humano que se pierde cuando falta un papá".


En su casa en un hermoso suburbio de Nueva York, donde vive hace treinta años, Paulina Fischer - Kernberg es su apellido de casada- convive con decenas de libros de Kandinsky y varias pinturas de Nemesio Antúnez, a quien conoció personalmente en Estados Unidos en los años sesenta.

En este país vio también crecer a su familia, de tres hijos y seis nietos, que formó con su marido Otto Kernberg, presidente de la Asociación Internacional de Sicoanálisis, y con quien emigró desde Chile en 1959.


Bastan cinco minutos con Kernberg para entender por qué es una respetada sicoanalista en Estados Unidos.

Bajita y acogedora, esta académica de la prestigiosa Universidad de Cornell, irradia simpatía y calidez.

Es casi imposible no sentir inmediatamente confianza en ella.


Dice que a los 9 años, junto a una amiga, hizo su primer "experimento siconanalítico".

"Inventamos un test en el que le dábamos a elegir a una persona entre una flor y un cactus, y dependiendo de cuál escogía decidíamos qué tipo de persona era", cuenta entre risas.

A los 12, después de leer a escondidas una colección de trabajos de Sigmund Freud, decidió que quería ser sicoanalista y así lo hizo en sus estudios en la Universidad de Chile.

Por sugerencia de una supervisora y con su propio laboratorio en casa - sus tres hijos- Kernberg optó por especializarse en niños y adolescentes.


"Creo que la mejor manera de facilitar el desarrollo de un niñito es que tenga derecho a su niñez.

Y la niñez, tal como lo establecen los derechos del niño de la Unicef, es sencilla y simple, sólo exige seguridad, estabilidad, cariño, educación", dice la siquiatra, que entre sus logros cuenta con haber sido elegida por el gobierno estadounidense para evaluar y asistir a Elián González, el niño cubano que fue el centro de una polémica nacional en 1999.

En su consulta, Kernberg ha logrado utilizar el sicoanálisis para colaborar en casos que parecían sin solución y para ayudar a los padres a entender a sus hijos.

"Hay veces que las mamás no se dan cuenta de lo buenas que son porque nadie les ha dicho esto".


- ¿Cómo ve la niñez hoy? ¿Hay más patologías que antes?


- Mi impresión es que siempre los niños han tenido problemas por diferentes razones históricas.

No podría decir que hay más incidencia, pero sí hay un cambio en las patologías.

Se ven más problemas de conducta, trastornos de personalidad y, aquí en Estados Unidos, hay también más problemas de aprendizaje, porque ha habido un aumento de niños prematuros por nacimientos múltiples.


- ¿A qué adjudica el aumento en esos trastornos?


- A una erosión de los valores de la familia, de las instituciones, de la sociedad.

Como usted sabe, los colegios públicos ahora tienen muchos problemas de seguridad, de armas, de drogas.

Hay un deterioro de la protección del niño, de su derecho a tener seguridad y educación.

Todo eso, a mi juicio, contribuiría a la distorsión de su desarrollo.

También hay un cambio en las patologías por la influencia de los medios de comunicación.

Hay mucho más escepticismo.

Por ejemplo, yo creo que el escándalo de Bill Clinton con Mónica Lewinsky hizo un daño enorme.

Porque es bueno que los niños crean en el Presidente, en el Viejito Pascuero.

Si les quitamos eso, es como robarles su derecho a la niñez.


- ¿Qué nota les pone a los padres?


- Entre las cosas buenas, ha habido un cambio en la posición de la mujer en las generaciones más jóvenes.

Aquí en Estados Unidos se ha dado un intercambio de roles entre padre y madre.

Hoy tenemos dos figuras parentales.

Y cuando los roles están bien integrados y hay una cooperación entre los padres, salen unos niños extraordinarios.

La capacidad de ser padre no depende del instinto maternal o paternal, sino que del instinto parental.


- En ese sentido, ¿cuál es el efecto del divorcio sobre los niños?


- Actualmente, estamos trabajando en una investigación cuya hipótesis es que el divorcio tiene un efecto traumático sobre los padres y los niños.

Y a veces uno sale bien del trauma, crece, y otras no.

De los padres depende que sólo sea una crisis, que no tenga repercusiones traumáticas.

Pero para los niños, más importante que tener a los padres juntos es que haya una crianza compartida.


- ¿Y cuánto los afecta el que los dos papás trabajen fuera de la casa?


- Si esos niños tienen un arreglo estable de cuidado - con una nana, la abuela- , el niño se acostumbra.

Si tienen un ambiente predecible y estable, no debería haber problemas.

Hay mil y una maneras de ser mamás.

No es necesario que sea una persona la que cumpla con todos los roles.

Yo, a cada mamá la diagnostico de acuerdo a su naturaleza, a su experiencia, porque hay ciertas mamás que quieren trabajar part-time, full-time, y hay otras que no quieren trabajar.

Si la mamá está contenta, la cantidad de tiempo no necesita ser mucha, la calidad es la clave.

Hay que entender que no hay madres perfectas, sino que madres suficientemente buenas.

Y a propósito, los niños siempre saben quién es su mamá, aunque tengan una nana muy buena, saben quién manda en la casa.


Con una ayudita de Freud


El sicoanálisis huele a diván, Woody Allen y traumas graves, no a niños.

Sin embargo, las décadas de experiencia de Kernberg desmienten esos prejuicios.

La teoría de Freud es una modalidad de tratamiento que no sólo puede ayudar directamente a los más pequeños, sino que les puede dar a padres y profesores herramientas para criar, educar y empatizar con los chicos.

"Hay que tratar al niño como la persona que es y eso no cuesta dinero", explica.


- ¿Cómo puede ayudar el sicoanálisis a un niño?


- El sicoanálisis o la comprensión sicoanalítica le dan una capacidad de tomar perspectiva, de reflexionar acerca de lo que le pasa y tener más recursos que una persona que reacciona sólo por reflejo.

Le da una capacidad de introspección que permite al niño saber lo que le pasa, saber lo que les pasa a los otros.

Y por lo tanto le permite reaccionar al ambiente en forma mucho más adaptable.

Incluso cuando termina el tratamiento, los niños que han recibido sicoanálisis o terapia sicoanalítica siguen mejorando en su desarrollo, en sus capacidades académicas.

Y hay que entender que no es interminable, en promedio dura un año, un año y medio.


- ¿A qué edad se puede comenzar a tratar a un niño?


- Cuando lo necesite.

Por ejemplo, yo incluso he tenido casos en que uno trabaja con la mamá y el bebé.


- ¿Cómo funciona eso?


- Se lo voy a contar con un caso que fue casi milagroso.

Era un niñito que tenía dos años y medio, pero parecía un bebé de 8 meses.

No comía, no sabía jugar, presentaba señales de distrofia.

Lo evaluaron los pediatras, los neurólogos y concluyeron que no tenía absolutamente nada fisiológico.

Entonces le recomendaron mi nombre a la mamá.

Ella estaba tan angustiada, porque creía que el niño se iba a morir de hambre.

Como a la cuarta sesión, me dice que a ella se le murió un hermano a los 14 años de una enfermedad distrófica.

Entonces, cuando nació su hijo, su mamá la llamaba todos los días por la mañana y le preguntaba: "¿Qué comió el niño, qué comió el niño?".

Tenían miedo de que se fuera a morir tal como su hermano.


- ¿Y cómo se le traspasó al nieto esta neurosis?


- Eso se llama transmisión transgeneracional.

El trauma que nunca ha sido madurado por la persona pasa a la siguiente generación.

Finalmente, ella le dijo a su mamá que no necesitaba llamarla todos los días, que su hijo no se iba a morir y que iba a estar bien.

Y hoy el niño está bien, gordito, amoroso, y ella hasta se atrevió a tener otro niño.

Lo que hace el sicoanálisis es ayudar a que la mamá entienda al niño y que el niño o bebé entienda a la mamá.


- ¿Cómo un papá puede adquirir esta comprensión sicoanalítica?


- Eso es muy interesante.

Hay muchos libros acerca de cómo educar, y también está el parent counseling, pero a mi juicio lo más útil es ver al papá y al niño juntos en la interacción.

Porque muchas de las cosas que pasan entre el padre y el niño son, como decía Santo Tomás: Ver para creer.

Muchas cosas son no verbales y entonces la persona puede decir esto es lo que pasa, pero lo que realmente pasa entre la mamá y el niño sólo se sabe cuando uno los ve.


Tengo el caso de un niño de 13 años.

Los padres están muy preocupados porque no tiene amigos y es hijo único.

El niñito les lleva las cuentas a los papás, los trata como empleados y consigue todo lo que quiere de ellos porque es muy inteligente.

Esto fue lo que me contaron, pero cuando los vi resultó que a pesar de que tiene 13 años se sienta en la falda del papá, los dos abrazados.

Nunca me lo habían contado, porque para ellos era natural.

Por eso siempre digo, ver para creer.

Se ahorra mucho tiempo.


- ¿Cómo una mamá se da cuenta de que el problema de su hijo es un poco más serio?


- Ahí lo importante es qué tan crónico es.

El termómetro para un padre es cómo está el niño en la casa, en el colegio, cómo son sus relaciones de amistad y cómo está de ánimo.

Los niños son como un espejo.

Uno les ve la carita y sabe cómo están.


- ¿Se pueden predecir estos problemas?


- Creo que el predecir es más problema de los padres.

Simplemente es importante estar atento.

Si un niño miente constantemente, roba constantemente, es cruel con los animales, ése es un niño con un problema más serio.


- ¿Cómo se puede saber que un niño es feliz?


- Eso es muy fácil, porque el niño en primer lugar está contento, y todo el mundo se da cuenta de eso.

Tiene un tono afectivo positivo, se interesa por las cosas, por el mundo.

Se interesa por desarrollar nuevas habilidades, como hobbies o deportes.

Tiene relaciones de amigos buenas, que son de cooperación y las valora.

Le va bien en el colegio y a pesar de que en la vida nadie puede garantizar la capacidad de ser feliz, cuando está triste o pasa algo difícil, la familia tiene capacidad de lidiar con eso en forma constructiva.

También si el niño siente que puede contar con sus padres, que tiene confianza en ellos y ellos en él.

Muchos de los adolescentes que tienen problemas, sienten que no pueden contar con sus padres, no les tienen confianza y ellos tampoco.


Nicole Raymond.