"Estos procesos son muy lentos, pueden durar todo lo que dure la generación que estuvo involucrada en esto", dice Kernberg.
El destacado psicoanalista austriaco analiza las consecuencias del Informe sobre Prisión Política y Tortura: o se intenta combinar justicia y conciliación social o se agudizan las divisiones de la sociedad chilena.
Según él, la opción está en manos de todos.
"Es un arma de doble filo", advierte Otto Kernberg, al teléfono desde Nueva York.
Uno de los psicoanalistas más destacados e influyentes del mundo se refiere al nuevo capítulo que vive Chile tras conocer el Informe sobre Prisión Política y Tortura.
Y su argumento es claro: "Es sano para la sociedad chilena poner la verdad al día, tanto para la reparación de las víctimas como para que los victimarios asuman su responsabilidad.
Pero si esto es usado para azuzar el fuego entre izquierda y derecha, para reforzar la atmósfera paranoídea de recriminación mutua, entonces el proceso pierde todo su sentido positivo".
Kernberg ha sido premiado en varios países y sus aportes al psicoanálisis moderno han tenido repercusión en todo el mundo.
Presidió la Asociación Psicoanalítica Internacional por varios años y sus publicaciones e investigaciones han sido reconocidas mundialmente.
Ha indagado en los mecanismos psicológicos que operan en los grupos humanos y en las dinámicas de violencia en éstos.
Su visión sobre Chile es la de alguien que ha seguido atentamente, aunque a la distancia, los hechos de las últimas décadas.
Y no por casualidad, sino porque este país es particularmente significativo para él.
Aunque nació en Viena, fue en Chile donde se formó como psiquiatra y psicoanalista.
Llegó a Valparaíso a los 11 años, junto a su familia que huía de la persecución antisemita nazi.
Siendo profesor de la Universidad Católica de Chile, una beca de la Fundación Rockefeller lo llevó a perfeccionarse a Estados Unidos, donde reside hasta hoy.
Actualmente dirige el Instituto de Desórdenes Mentales del New York Presbyterian Hospital y es académico en la Universidad de Cornell.
A su juicio "saber toda la verdad" para poder elaborar el duelo es positivo; pero hacerlo para despertar las divisiones, es contraproducente.
Por eso, dice, este proceso debe ser manejado "con una enorme responsabilidad".
-¿Sobre quiénes recae esta responsabilidad?
"Sobre los hechores, de aceptar y reconocer la verdad; y de las víctimas, de aceptar este reconocimiento y ser capaces, a la larga, de perdonar".
-¿Cómo conciliar este perdón con un sentido de justicia?
"En esto existen culpables mayores: quienes dieron las órdenes o quienes en su cumplimiento actuaron con un sadismo que no está justificado ni por la obediencia militar.
No puede haber miles de juicios individuales a cada una de las personas involucradas.
Y en esto, los juicios de Nüremberg son un esquema teórico ideal.
Lo importante es combinar un sentido de justicia con uno de perdón, y así ayudar a una reconciliación general del país que, a mi juicio, ha avanzado bastante.
En esto, Chile puede dar ejemplo".
-¿Por qué? ¿Qué es lo que se ha hecho bien aquí?
"Ha habido reconocimiento de la existencia de tortura; inicio de procesos judiciales; aceptación de los mandos del ejército de la importancia de este proceso.
Todo esto ha sido acompañado de tremendos escollos y dificultades.
Pero da la impresión, desde afuera, de una madurez, especialmente de las víctimas y de los grupos políticos que las representan, que en general han aceptado saber la verdad sin una campaña de recriminación ni de venganza exagerada".
-La idea del informe no era hacer públicos nombres de victimarios, pero hay quienes han sacado a la luz nombres de civiles a los que acusan de haber amparado estos hechos.
"Me es difícil juzgar porque no conozco los detalles.
Es importante descubrir toda la verdad.
Y si hubo civiles involucrados, también.
Pero todo esto dentro de un proceso socialmente integrado y no como bandera política.
Ese sería el principio más sano: un llamado a la cordura.
Y que se trate de combinar justicia con conciliación social".
-¿En qué etapa de procesamiento de lo que ocurrió se encuentra la sociedad chilena?
"Este proceso de duelo va más allá del informe de tortura.
La sociedad estuvo dividida entre extrema derecha y extrema izquierda, y esta misma división produjo, desde un punto de vista psicológico, una regresión general, en el sentido de activar todo el potencial de odio y de prejuicio humano que se podía tener contra un enemigo".
-¿Y en qué momento de este "duelo" nos encontramos ahora?
"Es un gran paso el darse cuenta de que todos participamos en la agresión, que ésta no se ubica a un solo lado, sino a los dos lados, en grados variables, pero claros.
O sea, la tortura es una acusación profunda al régimen militar, pero la división profunda de la sociedad ya era un proceso anterior, e involucra a quienes fomentaban una visión de la sociedad dividida en clases y en lucha una con la otra".
-O sea, se podría hablar de una lección común.
"Y es que estas ideologías fundamentalistas son dañinas para la sociedad.
Y las sufrimos no sólo en Chile: si algo hemos aprendido en estos terribles últimos 100 años es la necesidad de protegernos contra este tipo de ideologías.
Ahora está el fundamentalismo islámico, lo que devela cómo estas tendencias tienen una profunda resonancia en la psicología humana".
-¿Por qué? ¿Qué encontramos allí los seres humanos?
"Desde que nacemos, todos tenemos la disposición a ver las cosas muy ideales por un lado y muy malas por el otro; a identificarnos con lo que creemos bueno e ideal, y a atribuir lo malo a los otros.
Es lo que se llama la tendencia paranoídea: depositar la agresión afuera.
Esto no se observa normalmente porque ambas tendencias se neutralizan en el curso del desarrollo.
Pero existen personas que, por distintas razones, tienen una dosis excesiva de agresión, la cual proyectan hacia afuera y se refugian en una visión idealizada de sí mismos".
-¿Cómo pasa esto al plano colectivo?
"Esto, que en individuos se llama trastorno de personalidad, en el plano social se activa cuando hay traumatismos históricos, graves conflictos sociales, tragedias que afectan a toda la sociedad.
Entonces, nos sentimos atrapados por ideologías que nos prometen el cielo en esta tierra, y que el enemigo es el diablo al que tenemos que destruir y que así habrá felicidad en el mundo".
-Eso se ve también en el discurso de Bush: nosotros somos los buenos y ellos los malos.
"Yo creo que algo de esto está en todas partes, pero eso no significa que en el plano político internacional vayan a regir también las mismas leyes que en el plano individual y de psicología social: se necesita más perspectiva para eso.
No se puede traducir automáticamente a la política de un país".
-Volviendo a Chile: si seguimos en proceso de duelo, ¿faltará mucho para estar curados?
"Estos procesos son muy lentos, pueden durar todo lo que dure la generación que estuvo involucrada en esto.
-Llevamos más de 30 años.
¿Puede durar una generación más?
"No puedo juzgarlo, pero no me sorprende que esto todavía afecte a la sociedad chilena, pues se trató de una división muy profunda".
-¿Ve, al menos, sanidad en este proceso?
"A la larga, sí.
Veo una madurez en el lenguaje político chileno, que me parece superior al que hay en otros países.
Desde fuera, en Chile se ve menos demagogia política que en otras partes.
Se ve un mayor espíritu reflexivo en la cultura chilena".
IDENTIDAD:
Otto F.
Kernberg, 76 años, casado con la psicoanalista chilena Paulina Kernberg.
Profesión: Médico psiquiatra, de la Universidad de Chile.
Psicoanalista.
Cargos: Director del Personality Disorders Institute en el New York Presbyterian Hospital, Westchester Division.
Profesor de Psiquiatría en Weill Medical College and Graduate School of Medical Sciences of Cornell University.
Analista didáctico de Columbia University Center for Psychoanalytic Training and Research.