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La neuroimagen será clave en el diagnóstico de la esquizofrenia

Elena Escala Sáenz. Diariomedico.com

                                                                                      Los avances en técnicas de neuroimagen y genómica permitirán, en un futuro no muy lejano, obtener un diagnóstico preciso de esquizofrenia, según ha dicho Jeffrey Lieberman, de la Universidad de Carolina (Estados Unidos), en el VIII Congreso Nacional de Psiquiatría.


"Hasta ahora la psiquiatría ha sido la hermana pobre de la medicina, ya que no cuenta con tecnología para el diagnóstico inmediato, como ocurre con otras patologías.

Sin embargo, en un futuro no muy lejano dispondremos de técnicas de análisis, neuroimagen y genotipia que no sólo permitirán hacer un diagnóstico preciso de la esquizofrenia sino también determinar la respuesta al tratamiento y valorar así tanto el pronóstico como la evolución del paciente", ha explicado Jeffrey Lieberman, director del Centro de Salud Mental e Investigación Clínica de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Estados Unidos), en el VIII Congreso Nacional de Psiquiatría, celebrado en el Palacio Euskalduna de Bilbao.


Lieberman, cuyas investigaciones se centran en el tratamiento de la esquizofrenia, ha señalado que el diagnóstico precoz y el correcto cumplimiento de la terapia son los principales retos en el abordaje de la enfermedad, que afecta a una de cada 100 personas.

"La recuperación de los pacientes que son tratados tras el primer episodio depende del tiempo que haya pasado con enfermedad sin obtener un diagnóstico, que en los países desarrollados se sitúa en torno a un año.

Este retraso puede tener un gran impacto en la recuperación del paciente, pero de momento no contamos con métodos para la detección precoz de los primeros signos antes de que se instaure la enfermedad".


Aun así, cada vez son mayores los esfuerzos para diseñar estrategias de detección temprana y la genómica podría tener un papel clave en este proceso.

"El riesgo de padecer esquizofrenia entre familiares de primer grado es del 10 por ciento, y del 50 entre gemelos.

Se han identificado entre 6 y 12 genes asociados a la vulnerabilidad, pero el impacto de cada uno de ellos por separado es muy pequeño.

Por lo tanto, estamos ante un complejo trastorno genético en el que la vulnerabilidad global viene expresada por la acción conjunta de unos genes de los que aún sabemos poco".


Por otra parte, Lieberman ha destacado los avances farmacológicos experimentados en los últimos 50 años, "en los que hemos pasado de aliviar sólo algunos de los síntomas, a costa de graves efectos adversos, a controlar la evolución de la enfermedad con escasos riesgos".

Asimismo, ha destacado la aportación de los nuevos antipsicóticos, como la ziprazidona y el aripiprazol, capaces de mejorar la enfermedad y la calidad de vida del paciente.

"La ventaja del aripiprazol es que, además de reducir los síntomas, controla las recaídas agudas y mejora la función cognitiva con un alto perfil de tolerancia.

Podría considerase el primer fármaco de una tercera generación de antipsicóticos".


En cuanto al fracaso terapéutico asociado al incumplimiento, Lieberman ha indicado que debe combatirse mediante una asistencia integral que combine la farmacoterapia y la rehabilitación psicosocial.

Además de controlar los síntomas, debemos ofrecer herramientas para que el paciente reoriente su vida.

Sin embargo, las enfermedades mentales se encuentran en los últimos puestos de las prioridades sanitarias, por lo que no se destinan recursos suficientes para abordarlas".