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Primer año escolar: La mochila que cargan los más pequeños

SOLEDAD RODRÍGUEZ-CANO, El Mercurio

 El primer año de clases es el inicio de una etapa en la que se pueden sentar las bases de una sana escolaridad y desarrollar una capacidad de adaptación que les servirá para el resto de la vida.
Horarios, reglas y nuevos amigos son parte de los cambios que llegan al entrar al colegio.

El apoyo paterno es esencial.


"Esperaba que ese primer día fuera un dramón, pero no pasó nada; ella entró feliz, y eso que llegamos tarde, se sentó en la silla que quedaba vacía y me hizo una seña de que todo estaba bien.

No lo podía creer, tanto nerviosismo y para ella fue tan fácil", comenta Fernando lo que fue hace un par de semanas el primer día de clases de su hija mayor.


Pareciera que las dramáticas despedidas, con los niños aferrados a sus padres y llantos imparables ya no existen.

Los niños están enfrentando esta etapa con más naturalidad.

Y muchos padres sienten que con eso ya está todo bien y no tienen de qué preocuparse.


Pero pese a que ya no existe el mismo dramatismo, es importante que sepan que el primer día es sólo el inicio de una nueva etapa, en la que se pueden sentar las bases de una sana escolaridad y desarrollar una capacidad de adaptación que les servirá para el resto de la vida.


Comenzar en casa


Actualmente, la mayoría de los niños pasa por una etapa previa en los jardines infantiles, en donde vivencian desde una perspectiva más lúdica el contacto con normas y reglas que enfrentarán luego en la etapa escolar.


Si bien el proceso de adaptación escolar se facilita con este paso previo, la familia también tiene un rol que cumplir.


"Hay factores que se pueden incorporar a la vida familiar.

Por ejemplo, cuidar y formar rutinas de sueño puede evitar que los niños se queden dormidos en clases o que estén cansados e irritables", explica Karina Reinhardt, sicóloga y terapeuta familiar.


El desarrollo de la autonomía también se debe trabajar desde la casa; por ejemplo, hay niños que empiezan la etapa escolar y que todavía no están acostumbrados a comer sin ayuda, o tienen problemas para ir al baño solos.


"Un punto crucial al momento de enfrentar la convivencia escolar es la tolerancia a la frustración.

Cuando los niños están acostumbrados a tenerlo todo no saben esperar, no aceptan un "no" por respuesta, ni tampoco las reglas, y finalmente lo pasan mal y les cuesta más que a sus compañeros", agrega la especialista.


Es importante, entonces, que los padres fomenten hábitos que luego les facilitarán la sociabilidad y el contacto con los pares en una rutina escolar (ver recuadro).


En una primera etapa, los niños pueden presentar actitudes que generan preocupación en los padres.

Ante esto, la sicóloga aclara: "Es importante que entiendan que hay cosas que son normales en todo proceso de adaptación, y por eso es bueno darse un plazo".


Pero hay cambios que pueden ser una señal de alerta.

Si de pronto no quieren ir al colegio o comienzan con problemas para conciliar el sueño, si están más irritables o presentan cambios de apetito, entonces habrá que poner más atención y manifestar la preocupación a la profesora para ver qué está pasando.


"Los padres tienen que considerar a los educadores como un aliado en la formación de sus hijos.

Con ellos van a estar parte importante del tiempo", acota Emy Suzuki, jefe del Programa de Educación Parvularia de la Universidad Católica.


Si hay procesos de cambios en la familia, la separación de los padres u otros que puedan afectar la capacidad de adaptación de ese niño, es necesario que los profesores lo sepan.


Buena elección


Hablar con los niños también es fundamental.

"En ese sentido, los padres deben entender que la percepción del tiempo en los más chicos es diferente a la de los adultos.

Para ellos, una hora puede ser eterna, entonces para saber qué les está pasando es importante -en la medida de lo posible- que traten de ir a buscarlos al colegio", dice Karina Reinhart.


Horas después los niños ya no comentan lo que vivieron en el día, y eso puede dar una señal errada de que el niño lo está pasando mal o no tiene amigos.

"Si le preguntan recién terminada la jornada, lo más probable es que se encuentren con un niño extrovertido y transparente", agrega.


Los primeros años se busca que los niños lo pasen bien y se encanten con la escolaridad.

"Las nuevas metodologías son más activas y buscan que los niños se planteen desafíos y busquen resolverlos", comenta Emy Suzuki.


La coherencia entre lo que la familia espera del colegio y lo que éste efectivamente ofrece también importa al momento de lograr una buena adaptación.

"Por esto, los padres deben estar conscientes y verificar que su elección está de acuerdo con sus valores e intereses, y no sólo con ingresar al colegio de moda".


Además, la familia no puede confiar por completo la educación al colegio, ya que ésta debe hacerse en una sociedad entre padres y educadores.


Educar en los detalles


Los padres pueden generar dinámicas familiares para transmitir valores y hábitos que permitirán a los niños adaptarse mejor con sus nuevos compañeros y profesores.


Concentración: preocuparse de que realicen una actividad a la vez, y no cambiarles a cada rato el juego o tarea que están realizando.


Orden: enseñarles a empezar y terminar, y que luego tengan el hábito de guardar y ordenar sus cosas.


Cuidado de las cosas: es de gran importancia que, en la medida de lo posible, los padres se preocupen de tenerles sus propios espacios para que trabajen, pinten y jueguen.


Respeto a los demás: que aprendan a esperar su turno y su espacio para hablar.


Generosidad: aprender a escuchar y compartir en familia es importante para incorporarlos a una dinámica más social, dejando de lado el egocentrismo.


PROBLEMAS


SI EL NIÑO no quiere ir al colegio, le cuesta dormir, está irritable o sin apetito, es bueno conversar con él y con el profesor para averiguar qué está pasando.