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Hacemos un mal favor al que delinque si la psiquiatría se convierte en su defensa

MARINA C. MENÉNDEZ. LaNuevaEspaña.Es

«Al hablar de trastornos mentales se piensa en esquizofrenia, paranoia..., pero la mayoría de los pacientes acude por depresión o ansiedad»


José María Fernández ocupa el cargo de coordinador de servicios de salud mental desde febrero de 2000.

Aunque al principio intentó compaginarlo con la atención a los pacientes, pronto desistió del empeño.

Bromea diciendo que desde entonces le han salido muchas canas, coordina ocho servicios con más de 100 profesionales, entre ellos una veintena de psiquiatras; por lo que cuesta hacerse un hueco en su agenda entre reuniones en su despacho en el centro de Pumarín, visitas a Cabueñes y jornadas intensas en Oviedo.

Su curiosidad por el comportamiento humano marcó la elección de su futuro en la medicina
-Cuando hacía el Bachillerato ya me interesaba, pero era más el aspecto psicológico de la cuestión.

Al terminar el COU empezó a parecerme que la parte psicológica sin la cerebral quedaba desconectada.

Por eso hice psiquiatría.

Lo que más me atraía era cómo funcionamos por dentro, qué pasa en nuestra cabeza.

Al principio tenía mucho interés en los procesos mentales, luego caí en la cuenta de que era necesario estudiar también el entorno.

Como mejor se nos entiende es en relación con el entorno.
-¿Se ha arrepentido alguna vez de ser psiquiatra?
-No, no me arrepiento, aunque, si tengo que ser sincero, a veces maldigo (risas), más que por la especialidad en sí, por la complejidad de la práctica.

Nuestro trabajo y nuestras expectativas tienen que adecuarse mucho a las personas que tratamos y, además, las estrategias terapéuticas tienen que contar con el paciente y sus ganas de avanzar.
-¿Es cualquier persona carne de diván?
-No soy muy partidario de la participación pasiva del paciente, sino de la activa.

El modelo más útil tiene que ver con el que mejor se adecua a las características de cada paciente y lo que le ocurre.

Me preocupa que generalicemos, cuando se habla de trastornos mentales se habla de una manera muy indefinida, suele pensarse en esquizofrenia, paranoias.

Pero un gran porcentaje de los pacientes acude a nosotros por trastornos depresivos, de ansiedad.
-¿La farmacología es la solución?
-Es un arma importante, pero ni mucho menos el remedio único.

La farmacología ha evolucionado mucho, pero la inmensa mayoría de los casos evoluciona mejor combinándolos con otro tipo de técnicas psicoterapéuticas.

Y no todos los casos deben recibir tratamiento farmacológico.

En una especialidad tan rica como la nuestra no nos podemos limitar a un aspecto concreto.
-¿Hasta qué punto pesa la responsabilidad?
-Solamente hay que recordar lo sucedido el pasado verano en el parque Isabel la Católica, profesionalmente influyó mucho.

No porque habitualmente no tengamos conciencia de la trascendencia de nuestro trabajo, pero un hecho así te impacta.

No obstante, hay que tener en cuenta que los pacientes con trastornos esquizofrénicos tienen una tasa de criminalidad menor que las personas normales.

No obstante, no es necesario que ocurra este tipo de sucesos para tener la sensación de haber fallado, la tienes muchas veces cuando alguien no mejora como tú esperabas.

Pero con un hecho como el del año pasado te replanteas algunas cosas.

Aquel acontecimiento influyó también en personas que padecen esquizofrenia, temían que se las encerrase.

Que se volviera a situaciones anteriores, a los manicomios, a situaciones preconstitucionales en cuanto a derechos.
-Esta semana ha vuelto a cobrar protagonismo la violencia doméstica.
-En Gijón tratamos a víctimas de la violencia doméstica que nos vienen derivadas de atención primaria y presentan un cuadro suficientemente grave como para ser tratadas por el especialista, hay trastornos serios como consecuencia de este tipo de violencia.
-¿Y a los maltratadores también los tratan?
-Me gusta separar siempre la conducta delictiva del trastorno mental.

Si no los separamos, estamos mezclando conceptos que no deberían unirse, porque la psiquiatría se convierte en la defensa del delincuente; en algo que se utiliza para defender esa conducta.

Hacemos un mal favor al que delinque porque puede vivirse como una justificación de su comportamiento y el impacto de la norma en su funcionamiento social se debilita; lo que se consigue entonces es facilitar la posibilidad de volver a delinquir.

Dicho esto con toda la cautela, puesto que generalizar siempre es peligroso.
-¿Qué le quita el sueño? Profesionalmente hablando, claro.
-Tengo que reconocer que en esta función desconecto mal, antes cuando atendía a mis pacientes procuraba en cuanto salía de trabajar cambiar de tema; ahora me llevo más temas conmigo.

Me quitan el sueño situaciones que me gustaría que funcionasen mejor, situaciones que atañen a otros compañeros.