Desde que los padres saben de la existencia de un embarazo fantasean con las características de su hijo, esperan y se vinculan con la idea de éste.
Es decir, existe una relación que influirá en el niño desde antes del nacimiento.
Así se crea un espacio en la madre que permite recurrir a él incluso antes de las percepciones concretas de la existencia.
Siempre son datos importantes saber cuales eran las condiciones de la pareja durante la espera que se imaginaban o que creen que esperaban del niño.
Para los docentes este debe ser un dato a obtener en las entrevistas con los padres predominantemente en aquellos casos en que sientan que los alumnos tienen dificultades a nivel de relación con los demás.
Por ejemplo, un adolescente que sistemáticamente desafía a la autoridad y que tiende a separar a los profesores y que no logra relacionarse de a tres sino que tiende a dividir y a propiciar las disputas entres los docentes.
Este caso que puede ser tan familiar es posible analizarlo bajo la dinámica de dividir para reinar.
Si un profesor da una instrucción, al otro le señalan que dicha instrucción no fue dada, de esa manera se salen del triángulo relacional y dejan a los dos profesores conflictuados porque uno piensa del otro que no cumplió con su deber y el primero siente que fue pasado a llevar por repetir la norma.
Esta situación se puede entender como una repetición de las dinámicas parentales en donde de alguna manera este niño "descubrió" la manera de interferir en la relación de la dupla parental.
Si los padres así como los profesores se mantienen aislados e incomunicados no es posible romper con esta interferencia de la comunicación y la manipulación de las relaciones por parte de los adolescentes.
Volviendo al desarrollo primario, al nacer se produce una constatación de las fantasías de los padres con la realidad.
Ven en la realidad como es el niño, cual es su cara, su porte, su olor y sus movimientos.
Luego de un tiempo se evidencian otras características constitucionales del niño: sus tiempos, sus horarios, su irritabilidad, su capacidad para calmarse, su susceptibilidad ante el ambiente, etc.
(Tustin, 1987) Esta es obviamente una situación muy difícil tanto para los padres como para los cuidadores, porque es un tiempo de alta demanda emocional, alto estrés y mucha frustración.
Esta dicotomía entre la fantasía y la realidad se mantiene por siempre tanto en los padres como en los hijos, lo que se espera es muy distinto a lo que obtengo.
Por otro lado, aparecen las diferencias entre fantasía y realidad, pese a querer que el hijo sea de una determinada manera, el hijo no responde a todos los modelamientos de sus padres.
Por lo tanto, comienzan a aparecer las frustraciones y rabias.
La aparición de la rabia es inevitable aunque es predominantemente inconsciente.
Más aún la agresión forma parte de las relaciones humanas más negada o no.
Todo vínculo tiene aspectos amorosos o libidinosos y aspectos de agresión o rabia, existiendo todas las combinaciones posibles entre estas dos variables.
Es irreal pensar que una parvularia ha perdido su vocación porque esté más rabiosa, se puede llegar a pensar que son aspectos normales dentro de los vínculos humanos.
Existen etapas en el desarrollo en donde la aparición de la rabia es muy evidente: en los niños pequeños son las pataletas y en los adolescentes las grandes irrupciones de rabia.
El cómo hayan resuelto en etapas anteriores aspectos amorosos y rabiosos va a contribuir o no a una elaboración más o menos violenta durante la adolescencia.
Blos, un autor especializado en esta etapa señala que durante la adolescencia se reeditan los conflictos pasados para poder resolverlos intentando conformar una identidad coherente.