CHICOS SOBREEXIGIDOS
Los riesgos que corren los chicos cuando sus padres los presionan para que se conviertan en niños diez.
Es de tarde en Nueva York.
Dos mamás de dos chicos de cinco años están sentadas en un parque.
Se produce el siguiente diálogo (cada una tiene una agenda en la mano):
? ¿Qué te parece el próximo miércoles para la sinfónica infantil?
?No, no, no.
George tiene teatro el miércoles.
?Mmm.
Vance toma francés los lunes, juego los martes y computadora los viernes.
¿Te parece el viernes después de violín y antes del psiquiatra?
?Perfecto.
La escena pertenece a "¿Quién llamó a la cigüeña?", una exitosa comedia de 1987 protagonizada por Diane Keaton.
Pero, si cambiamos los nombres, el francés por el inglés y la sinfónica infantil por clases de música, la misma escena ¿no podría verse en cualquier placita de Almagro o Barrio Norte? ¿Qué pasa cuando los padres presionan para tener un chico 10?
El psicólogo Miguel Hoffmann es autor del libro "Los árboles no crecen tirando de las hojas".
Ha pasado horas y horas estudiando la conducta de los bebés (y de sus padres también).
Y dice: "La "estimulación temprana" pasó de ser una técnica de terapia para chicos con retardos madurativos a ser un a "herramienta de perfeccionamiento", si se quiere, una herramienta para fabricar genios".
Luego advierte: "La estimulación no deseada, causa una interrupción de los procesos espontáneos del bebé".
La doctora Luisa Segal es pediatra y especialista en puericultura.
Durante años fue jefa del departamento de investigación del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de La Plata.
Hoy en día atiende a cientos de chicos en ese hospital y en su consultorio.
Para Segal "hay una tendencia de que el chico logre todo muy rápidamente.
Pero para lograr esos chicos especiales se usan procedimientos muy intrusivos, muy dirigidos, que van contra la libertad".
Entonces pasan cosas como el diálogo inicial.
Chicos que todavía no van a la escuela pero ya toman clases de inglés, computación, música, gimnasia, etc., etc.
"Es una tendencia que viene de Estados Unidos.
Tiene que ver con la sociedad de consumo, con la competencia, con la importancia de sobresalir", dice Segal.
Y tan es así que uno de los primeros en estudiarla fue el psicólogo norteamericano David Elkind.
En su libro "El chico apurado: creciendo demasiado rápido", Elkind decía que la causa de que hubiera chicos súper exigidos era que los padres estaban demasiado ocupados en construir sus carreras y no tenían tiempo para la crianza.
"Tener chicos súper competentes libera a estos padres de la culpa pero pone demasiado peso sobre los propios chicos", advertía el psicólogo en 1981.
¿Cuáles son los riesgos de tener chicos hiperocupados? La doctora Segal cuenta que "a veces, cuando se desarrolla demasiado un área, se va en contra de las otras.
Por ejemplo, se desarrolla demasiado lo cognitivo y se pierde en lo creativo o en lo motriz.
Hay chicos brillantes que en lo social tienen dificultades".
Pero tal vez la consecuencia más grave de que los chicos tengan tantas actividades programadas es que no les queda tiempo para jugar.
¿Jugar? Sí.
Algo tan simple pero no por eso menos importante.
"El juego tiene múltiples funciones.
No sólo es placer, sino que permite elaborar situaciones traumáticas.
Cuando juega, un chico de pronto da finales felices a situaciones angustiantes.
Si ha tenido un mal día en la escuela o si la mamá lo ha retado...
El juego tiene funciones reparadoras", dice la pediatra.
El juego también sirve para descargar agresión.
"La agresividad es un sentimiento tan natural como el amor, el afecto.
Entonces, que un chico pueda romper un juguete en vez de pegarle al hermanito, tiene una gran capacidad de descarga", dice Segal.
En conclusión, ¿qué es lo que los especialistas aconsejan? "Se les puede decir a los padres que es bueno ofrecer, pero que no es bueno imponer una propuesta.
El límite es sutil, pero se nota en la cara del bebé (o del niño) cuando se lo está presionando", dice el doctor Hoffmann.
Y Segal agrega: "El niño trae múltiples potenciales, hay que confiar un poco en ellos y saber esperar".