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¿Sexoadicto yo?

El Correo del Caroni Digital


¿Pierde el control cuando se trata de sexo? ¿Sufre de abstinencia cuando no lo práctica? ¿Siente una dependencia cada vez más fuerte hacia él? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa, puede que sea un sexoadicto.


 Aunque siempre ha existido, la adicción al sexo es una de las más negadas en la sociedad.

No fue hasta 1987, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría la reconoció como enfermedad.

El sexo es una actividad natural, pero pierde esa característica cuando la actividad en cuestión se convierte en un fin en sí misma, llegando a controlar la vida de la persona en lugar de enriquecerla.
 A una persona le puede gustar el sexo en mayor o menor medida, pero cuando éste se convierte en una obsesión que se antepone a la vida cotidiana (relaciones de pareja, relaciones sociales, familia, trabajo,...), y ocupa todo el pensamiento de la persona, se puede hablar entonces de una conducta obsesiva.

Es decir, una adicción.
Causas
 El origen no se conoce en detalle, aunque hay algunos aspectos que pueden influir a la hora de padecerla.

Hay algunas dimensiones de la personalidad, (como no quererse demasiado a uno mismo o ser demasiado impulsivo), que pueden afectar.
 Hay estudios que indican que el 80% de las personas adictas al sexo tienen antecedentes traumáticos, debidos a abusos sexuales.

En otras ocasiones, un sentimiento de vacío o soledad o los rechazos a nivel afectivo erótico empujan a este tipo de comportamientos, sin necesidad de tener ningún antecedente traumático.

De cualquier modo, esta adicción es más frecuente en hombres que en mujeres.
¿Cómo se comporta un sexoadicto?
 Los sexoadictos suelen ser personas egocéntricas que sólo buscan su propio placer, sea mediante la masturbación compulsiva, el abuso de pornografía, prostitución...

Incluso cuando tienen una relación sexual con otras personas, éstas son tratadas como un número más, como un objeto que satisface por un momento las necesidades del sexoadicto.
 Por otra parte, estas personas suelen sentir vergüenza.

La actividad adictiva les deja con una sensación de culpa, de vacío, lamentando la experiencia.

Sufren también constantes cambios de humor, haciendo difícil para los demás mantener una relación de cualquier tipo con ellos.

El sexo es para ellos una manera de enfrentarse a la realidad, a los problemas cotidianos de la vida.

Lo utilizan para reducir la tensión, la ansiedad y el malestar interno que les producen estos y otros problemas.
Anorexia sexual
 A pesar de que el sexoadicto quiere controlar el exceso desbordante de deseos y de conductas sexuales, no será fácil hacerlo.

Al igual que les ocurre a los alcohólicos con la bebida, estos necesitarán más y más actividades sexuales para satisfacer sus necesidades; o dicho de otra manera, para conseguir la embriaguez sexual.
 También los adictos al sexo sufren de abstinencia cuando no pueden llevar a cabo la conducta sexual, de tal manera que esto les puede llegar a producir (al igual que en otro tipo de adicciones) temblores, nerviosismo, insomnio...
 Se puede ser un adicto al sexo y no mantener relación sexual con la pareja.

A esto se le suele llamar anorexia sexual.

El adicto prefiere vivir en un mundo irreal, en ese mundo de fantasías en el que se ve inmerso, dejando de lado a la pareja.

El enfermo suele tener relaciones con su pareja cuando ésta se lo pide, y cuando al adicto no le satisface, busca como alternativa la masturbación inmediata y compulsiva.
Consecuencias de la adicción
 Dada la conducta adictiva sexual, se pueden dar una serie de consecuencias a diferentes niveles.

Estas personas se pueden llegar a arruinar económicamente cuando invierten todo su capital en satisfacer sus necesidades sexuales (en prostíbulos, masajes eróticos, etc.).
 Por otra parte, y en caso de que la persona adicta esté casada o conviviendo con una pareja, se puede dar la ruptura de este lazo, sobre todo cuando la mujer o el hombre se dan cuenta del continuo engaño que están sufriendo.

También se pueden presentar problemas en el trabajo, dado principalmente a que el sexoadicto no puede pensar en otra cosa que en la conducta adictiva, dejando de lado todo lo demás, y con esto el trabajo.
 Otros de los efectos colaterales que sufren los enganchados al sexo son la depresión y la ansiedad que produce el no conseguir su fin.
Tratamiento y recuperación
 A pesar de la dificultad de encontrar especialistas en esta materia para atenderla, existen tratamientos que ayudan en la recuperación.

Se dan fundamentalmente psicoterapias que en ocasiones pueden venir acompañadas por psicofármacos.
 La recuperación del sexoadicto requiere mucho tiempo y esfuerzo, sobre todo en el primer año de tratamiento.

Estos tratamientos no pretenden que el enfermo no tenga relaciones sexuales, sino más bien lograr que éstas sean "sanas".