La complejidad del Edipo 
Edipo era un niño marcado por el oráculo de Delfos, que predecía que el
vástago mataría a su padre por el amor de su madre.
Esta es una obra de
teatro escrita por Sófocles (497 a.C.) y fue retomada por el padre del
Psicoanálisis, Sigmund Freud, para describir los "complejos" sentimientos
de amor y pertenencia que el niño tiene por su madre y la rivalidad que
existe entre el chico y su padre por el afecto de la progenitora.
El llamado "complejo de Edipo" es normal e incluso "necesario" en el
desarrollo de una persona, de acuerdo con la psicoanalista Marilucía
Castellano de Maestres, pues todos los seres humanos, durante su infancia,
establecen ese vínculo de amor "que va a dar la sólida personalidad al
individuo".
Es una etapa de la vida que se supera cuando la hija o el hijo
se hacen conscientes de que la vida del padre o la madre, según el caso,
es diferente a la de ellos.
Aunque los padres también deben aprender a no
ver a sus vástagos como a sus apéndices.
No obstante, con frecuencia se observan casos de seres humanos que se
tardan en la superación del complejo de Edipo, "que traspasan los límites"
o que nunca lo superan, se trata de personas a las que se les dificultan
las relaciones de pareja y con sus propios hijos, además de ser
susceptibles de padecer "neurosis, perversiones y hasta psicosis", resalta
la psicoanalista.
Y es que este complejo de Edipo, "no es un complejo que implique que la
persona esté acomplejada, esta definición se refiere, justamente, a la
complejidad de esta situación", aclara la psicoanalista Carmen Brandt.
Independencia emocional
La superación del complejo de Edipo conlleva un proceso en el que están
involucrados el niño o la niña y los padres.
Por ejemplo, en el caso del
chico varón que está "enamorado" de su madre "es el padre el que debe
decirle al hijo esta mujer es mía, en un futuro tendrás tu mujer", dice
Castellanos de Maestres.
"Pero cuando uno no puede aceptar que existe esa
realidad y no puede renunciar a eso, aparece un cuadro de psicosis que es
la incapacidad para tener un límite", agrega Brandt.
El trabajo de los padres en la superación del Edipo no se limita a la
conversación racional con el hijo; mamá y papá deben concienciar que los
hijos también tienen su vida.
Una madre que no contribuye a la superación del complejo por parte del
hijo es aquella que no permite que su vástago escoja a su novia o aquel
padre inmigrante que se empeña en que los hijos se casen con pobladores de
su tierra natal, apuntan las especialistas.
Pero más allá de estas determinaciones claras y precisas, los padres
pueden contribuir a que un individuo decida renunciar a una vida futura en
pareja o se empeñe en tener relaciones traumáticas.
Un "Edipo no resuelto" se puede observar en una mujer que siempre consigue
novios maltratadores porque ella, inconscientemente, elige a aquellos
hombres que le ofrezcan el mismo modelo que el del padre, dice Castellanos
de Maestres, y es que irónicamente "uno trata de cambiar aquello que le
hizo daño, repitiéndolo", subraya Brandt.
Es sano, entonces, que los hijos lleguen a tener la madurez de cuestionar
la relación que mantuvieron sus padres y diferenciarla de lo que ellos,
como individuos únicos, quieren para sus vidas.
"Los hijos, más que entender por qué mamá tiene años casada con un hombre
que la maltrata o que le es infiel, pueden llegar a la siguiente
conclusión: Yo no lo entiendo, no lo comparto, pero no es mi vida.
Yo no
tengo que vivir de acuerdo con este modelo, pero lo respeto", dice Brandt
y agrega que la "segunda parte es la más difícil porque consiste en
preguntarse cuál es el modelo de vida que yo quiero".