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Pequeño avance: El machismo a la chilena

El Mercurio

El  voto femenino se instauró en Chile en 1949.

En Inglaterra, país con tradición democrática, fue sólo 21 años antes.
 
El modo de ver a la mujer evoluciona, aunque no tan rápido.


"Neo machista" es el término con que la antropóloga Sonia Montecino cataloga a la sociedad chilena.


"Hay un discurso modernizador y nadie quiere aparecer como retrógrado; por eso los hombres ya no pueden ser las bestias brutas de caricatura y adoptan actitudes de igualdad.

El problema es que eso sólo queda en el discurso y no en la práctica", explica Montecino.


Y las cifras no desmienten los dichos de la especialista.


Según el Sernam, la participación femenina chilena en el ámbito laboral sólo llega al 36%, muy por debajo del 44%, promedio de América Latina.

Además, en Chile sólo el 5% de los puestos gerenciales los ocupan mujeres.


Otros datos también son reveladores: sólo hay dos mujeres senadoras de los 48 cupos, y en la cámara de diputados son 15 las que participan rodeadas de 105 hombres.


Según las entrevistadas, la cultura machista chilena también se refleja en el hecho de cuestionar no sólo la inteligencia de las precandidatas, también la ropa y el sobrepeso.


Sin embargo, se cree que esta forma de pensar irá en retirada.


"Los cargos que se les ha dado a las mujeres no son banales", asegura Ximena Zavala, socióloga y directora del Instituto de la Mujer.

Aunque, admite, fuera de la política la mayoría de las veces las mujeres ocupan cargos medios.

"Es cosa de ver que las universidades están llenas de profesoras, pero las decanas son muy pocas", asegura.


Por eso, las personas preocupadas de la condición de los géneros creen que hay mucho camino por recorrer.

"En el mundo comercial, como nunca antes, el cuerpo aparece como algo básico para valer en la sociedad; pero se sigue hablando de igualdad", puntualiza Montecino.


Solidaridad de género


"No hay ninguna evidencia, en las últimas siete elecciones, de que las mujeres voten por mujeres.

Chile es un país machista, donde las más machistas son las mujeres, por eso a las candidatas se les va a hacer muy difícil", afirma Marta Lagos.


Pero no todos coinciden con su opinión.

Sonia Montecino es clara.

"El estigma de que una mujer no confía en otra es propio de la cultura machista.

Como la sociedad siempre ha desvalorizado a las mujeres, las mujeres que asumen eso no votarán por alguien del mismo sexo, porque sería votar por una desvalorizada.

Sin embargo, mi impresión es que la mayoría no tendría problema en hacerlo", sentencia.


Su postura coincide con la que David Altman, profesor auxiliar del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, publicó en la revista de Ciencias Políticas: "Se puede afirmar que, si bien tienden a favorecer a la derecha, simultáneamente tienden significativamente a votar más a las mujeres que a los hombres, dándose así una suerte de solidaridad de género".


Avance
La creación del Sernam, el 3 de enero de 1991, marcó un hito en la búsqueda de la igualdad de las mujeres ante la ley.