
Ésa es una de las claves para que las niñas adquieran hábitos alimenticios sanos, según un estudio recogido en el "Journal of the American Dietetic Association".
Los autores entrevistaron a 173 mujeres que tenían hijas de unos siete años.
El cuestionario hacía referencia a las costumbres nutricionales de ambas y al hecho de si las progenitoras presionaban a sus niñas para que comieran más.
Al cabo de dos años los investigadores repitieron la experiencia y observaron que las féminas que seguían una dieta más saludable e incluían mayor cantidad de frutas y verduras en sus comidas tenían hijas que también consumían más vegetales.
Por el contrario, las crías cuyas madres no cuidaban su propia alimentación tendían a evitar estos productos.
Además, casi todas se habían convertido en lo que los autores califican como «quisquillosas y melindrosas» a la hora de comer, lo que repercutía en un déficit de vitaminas y minerales (ingerían demasiados productos por "capricho").
Curiosamente, este fenómeno no se observa en los varones porque, en opinión de los autores, «las expectativas sobre la dieta y el peso de los chicos es diferente».