Este tipo de yo es quizá imprescindible al principio de la vida, dada la extrema inermidad de la bebé, que implica absoluta
dependencia del objeto
y
del amor de éste
Forma de funcionamiento yoico explicada por Freud, que se rige por el principio de placer y que puede ser pensada como predominante en los orígenes del psiquismo en relación a las pulsiones sexuales.
Las pulsiones sexuales son muy reacias a aceptar así como así a la realidad.
No aceptan así sin más al objeto como perteneciendo al mundo exterior, especialmente si es la fuente de placer.
Simplemente el objeto pasa a ser considerado el Yo o una parte de él.
Por otro lado
Todo lo que produce displacer o es indiferente, o es considerado mundo exterior.
Se constituye así el
yo placer purificado
que ejerce su reinado durante la época del narcisismo primario.
Desde otro punto de vista podemos llamar a esto
identificación primaria
los atributos del objeto pasan a ser de este modo características del Yo.
En esta lógica hedonista es considerado Yo todo lo que ocasiona placer.
Por lo tanto si el objeto produce placer el objeto es Yo.
Evidentemente la lógica de los juicios de este tipo de Yo no está regida por el principio de realidad sino por el
de placer
En ese sentido corresponde al Yo de la defensa, al Yo Inc.
Éste, en el adulto, usando la misma lógica, no acepta las mociones pulsionales del ello que le producen angustia señal, no les presta su aquiescencia, no las hace propias, no son YO, pues le generan displacer.
Les aplica los mecanismos de defensa o represiones secundarias, las que ya implican una falla de la represión primaria y un retorno de lo reprimido, una transacción entre el Yo y la pulsión que intenta volver a él, por lo que éste, a las órdenes del Superyó, la aleja de su seno, como a un «extranjero interior».
Sin embargo de esta forma se crean las bases para que funcione el Yo de realidad definitivo.
Es un Yo que pretende ser puro, puro placer.
Se purifica del displacer alejándolo de sí, en este sentido es ideal, no cabe el displacer en él pues él se define por el placer.
En el período en el que comienza a dominar su musculatura el sujeto ya no está urgido a funcionar regido por este Yo, pues puede empezar a realizar algunas acciones específicas, por lo que ya no necesitará tanto de la omnipotencia yoica que le otorgaba el Yo placer purificado.