Esta situación «prepara a la mujer para ser futura víctima», afirma Luis Rodríguez
Un 30 por ciento se ha encontrado atrapada en su relación, manipulada con mentiras, ridiculizada por él a costa de su sexo y amenazada con el suicidio si le abandona.
A 17 de cada cien las insultan y critican y a 12 les infunden miedo.
Y un siete por ciento se ha sentido maltratada.
Los datos no corresponden a mujeres adultas que conviven con sus compañeros, sino a adolescentes con novio.
El goteo continúa: más del 40 por ciento conoce a amigas agredidas por sus parejas, el 92 cree posible el maltrato durante el noviazgo y nueve de cada cien admiten haber tenido una relación problemática.
Un millar de jóvenes asturianas y andaluzas han participado, por ahora, en el estudio del psicólogo de la Universidad de Sevilla Luis Rodríguez Franco -que ayer ofreció una charla en el curso de verano que se desarrolla en la Facultad de Psicología- y su colega de la Universidad de Oviedo Francisco Javier Rodríguez.
La elección de chicos mayores y con inferior nivel educativo es uno de los patrones que se repiten entre las encuestadas en una investigación que les ha llevado de sorpresa en sorpresa: un 25 por ciento de las jóvenes consideran que su novio las retiene contra su voluntad y, de ese porcentaje, el 4,4 no se consideran maltratadas; el 60 por ciento soporta la relación entre seis y doce meses -una quinta parte aguanta un año-; un 30 por ciento no ha recibido apoyo a la hora de romper -20 de cada cien lo intentan más de nueve veces- y el 60 por ciento no sabe cómo pedir ayuda.
«¿Empezamos a explicarnos por qué luego las agredidas no abandonan a su maridos?», indagó el profesor Rodríguez antes de proseguir, con las manos en la cabeza, aportando cifras: el 60 por ciento mantiene la amistad con la antigua pareja y casi la mitad le sigue viendo.
«¿No es esto un aprendizaje para ser víctimas?».
Pese a que entre 2001 y 2003 el 6 por ciento del maltrato en España fue causado por novios, y otro 6 por ciento por ex novios, «no se presta atención» a esta violencia previa al matrimonio.
Sobre ella existe -como ocurre con otros tipos «fuera de la habitual»- muy poca información, del mismo modo que «hay mucha documentación de las víctimas y escasísima de los agresores» o «se sufragan programas de apoyo pero no de prevención», destacó el experto.
Más de la mitad de las adolescentes estadounidenses aseguraba en el año 2000 sufrir conductas sexistas hasta 13 veces al mes.
Y el 30 por ciento padecía «stalking», la persecución masculina para lograr citas.
«¿Qué clase de presión es ésta?».
Ni más ni menos que «la antesala de la violencia de género entre adultos y del aguante de la mujer», exclamó Rodríguez.
Para él, es en esa relación adolescente donde reside la explicación del maltrato posterior.
«Esos novios preparan a las chicas para que sean futuras víctimas, las acostumbran desde Secundaria».
Las diferencias, pues, entre las agresiones tras la boda y la situación violenta anterior son, según el estudioso, prácticamente inexistentes.
Se desvanecen en una lacra «de naturaleza amorfa y comportamientos permisivos» que es, ante todo, un proceso de años una vez que «se ha creado el contexto para que la mujer no reaccione».
Porque la violencia puede ser, además de física y emocional, «instrumental, sexual, económica y social», enumeró Rodríguez para concluir que «todas son la misma».
Al menos, en términos psicológicos; los judiciales son otra historia.