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La Escición y la Represión

psikis.cl

Confrontemos la escisión y la represión como mecanismos de defensa.


Freud (1915) afirmó que


"la esencia de la represión radica sencillamente en alejar algo de la conciencia y mantenerlo alejado".



La escisión es un mecanismo característico de las primeras etapas del desarrollo yoico.


Surge como resultado de la normal


falta de integración de las primeras introyecciones y es empleada con fines defensivos para proteger las introyecciones positivas, favoreciendo así indirectamente el crecimiento yoico.


La escisión consiste


en disociar o mantener activamente separados sistemas de identificación de valencias opuestas (sistemas de identificación conflictivos).


En el proceso de escisión, el Yo se protege de la ansiedad vinculada con los tempranos conflictos intrapsíquicos (representados por conflictos entre introyecciones de valencias contrarias).


La escisión es un mecanismo típico del Yo primitivo, en el cual los sistemas de identificación no han llegado a formar organizaciones mas sofisticadas, como el sí mismo o el mundo de las representaciones.


La represión, por el contrario, es un importante mecanismo de defensa utilizado por el yo en una etapa mas avanzada de su desarrollo, y consiste en


el rechazo por parte del yo consciente, de un impulso, de su representación ideacional o de ambos.


La represión consolida y protege al núcleo del yo, y contribuye fundamentalmente a la definición de los límites yoicos.


En el período en que normalmente predomina la escisión y cuando en condiciones patológicas continúa predominando aún más allá de aquel período, el Yo se protege contra la ansiedad mediante una polarización defensiva, que necesariamente se consigue en detrimento de


las funciones sintéticas del Yo y de la prueba de realidad


Una vez establecido el predominio de la represión y en presencia de psicopatologías menos graves (sobre todo neurosis y desórdenes caracterológicos leves), el Yo se protege de la ansiedad vinculada con conflictos intolerables eliminándolos de la conciencia.


La represión es por lo tanto una operación defensiva mucho más eficaz, pero requiere fuertes contracatexias ya que, contrariamente a la escisión, se caracteriza por el bloqueo de la descarga.


La fusión normal de las introyecciones positivas y negativas en el momento en que aparece la represión, trae aparejada la fusión y la consecuente modificación de sus componentes afectivos.


De hecho


la neutralización


tiene lugar fundamentalmente en este momento, en que se combinan los afectos libidinales y los agresivos.


La síntesis de los sistemas de identificación neutraliza la agresión y posiblemente proporciona la más importante de las fuentes únicas de energía que hacen posible el establecimiento de los mecanismos represivos superiores e, implícitamente, el desarrollo de la autonomía secundaria en general.


Una de las consecuencias de los estados patológicos caracterizados por una excesiva escisión es que


la neutralización


no es posible o resulta muy insuficiente, privando al aparato psíquico de una importante fuente de energía para el crecimiento yoico.


La escisión es por lo tanto una causa fundamental de la debilidad del yo y, puesto que requiere menos contracargas que la represión, un yo débil retrocede con facilidad a la escisión, formándose un círculo vicioso en el que se produce un mutuo reforzamiento entre la debilidad yoica y la escisión.