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Depresión y luminoterapia

ISABEL PERANCHO. El Mundo.Es

Españoles con depresión y alteraciones del sueño ya se han beneficiado de la luminoterapia
 



TRASTORNOS AFECTIVOS 
           


            Españoles con depresión y alteraciones del sueño ya se han
            beneficiado de la luminoterapia
            Por primera vez se demuestra que la luz artificial de intensidad
            similar a la solar es tan terapéutica como el Prozac.

Exponerse 45
            minutos diarios a una lámpara especial puede mejorarle el ánimo


           



                 
            La exposición a una luz artificial de intensidad similar a la solar
            puede aliviar la depresión de forma equiparable a la psicoterapia y
            a la medicación.

Así de contundente es la conclusión de un informe
            emitido este mes por la Asociación Americana de Psiquiatría, que
            encargó a un comité de expertos que revisara la eficacia real de la
            iluminoterapia, una forma de tratamiento antidepresivo muy extendida
            en los países nórdicos y en EEUU y que se ha empezado a aplicar de
            forma incipiente en algunas consultas privadas españolas.

«La usamos
            sistemáticamente desde hace tres años para trastornos depresivos
            leves.

Se aplica durante una hora en el curso de la sesión de
            psicoterapia.

La eficacia es inmediata, algo que no conseguimos con
            el tratamiento cognitivo-conductual.

Los pacientes notan que su
            ánimo mejora durante una semana.

Al séptimo u octavo día el efecto
            empieza a decaer y repetimos el ciclo», afirma el psicólogo Xavier
            Conesa, del Centro Psicológico y de Especialidades de Mollet, en
            Barcelona.


            ¿Cuál es la magia de esta luz artificial? Pues el engaño.

El
            tratamiento pretende modificar el reloj interno que regula los
            ciclos de actividad del organismo, que reside en el cerebro y se
            activa por el estímulo lumínico.

Cada vez más trabajos científicos
            apoyan la teoría de que la disminución de las horas de sol durante
            el otoño y el invierno propicia que ciertas personas desarrollen
            síntomas depresivos y que su actividad decaiga, como si fueran osos
            en invernación.


            El potencial terapéutico de la luz artificial intensa es objeto de
            discusión desde hace 20 años, cuando un investigador estadounidense
            se percató de que ciertos pacientes depresivos sólo experimentaban
            síntomas durante los meses invernales y mejoraban espontáneamente
            con la llegada de la primavera, cuando las horas de luz se
            prolongaban.

Así se definió un nuevo subtipo de alteración
            psiquiátrica, el trastorno afectivo estacional o depresión
            estacional.

Se estima que actualmente esta dolencia afecta a entre
            un 3% y un 10% de la población de los países con cambios de estación
            bruscos, como los nórdicos.
            Mientras los depresivos típicos pierden apetito, peso y sueño, los
            "estacionales" muestran una necesidad exagerada de dormir y tienen
            tendencia a engordar, ya que sufren crisis bulímicas, es decir,
            comen de forma compulsiva, especialmente alimentos de alto aporte
            calórico, como dulces.
           


CAMBIO ESTACIONAL.
           


            La mayoría de los expertos coincide en que esta pauta estacional
            tiene menor peso en España, donde el paso de una época a otra no es
            tan violento.

«No es muy frecuente porque tenemos muchas horas de
            luz, incluso en invierno, y la gente pasa más tiempo en la calle»,
            explica Jerónimo Saiz, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital
            Ramón y Cajal de Madrid.
            Otros profesionales como Julieta Montejo, que trabaja en el
            departamento de Psiquiatría de la Universidad de California-San
            Diego, en EEUU, discrepan.

«Hay mucha estacionalidad en los
            trastornos afectivos, como la depresión, pero en nuestro país apenas
            se ha estudiado», asegura.


            Montejo es uno de los pocos expertos nacionales que ha explorado la
            influencia de estos ciclos sobre los estados de ánimo de los
            españoles.

Antes de emigrar a EEUU coordinó un estudio en el
            Hospital de La Princesa de Madrid en enfermos bipolares.

«Un
            porcentaje de ellos presentaba este patrón, en primavera y verano se
            ponían más maniacos y en otoño e invierno aumentaba la frecuencia de
            depresiones severas», relata.

En su opinión, los cambios de luz y de
            temperatura modulan las manifestaciones no sólo de la depresión
            estacional, sino también de la no estacional.
            «Empezamos a pensar que algunos trastornos afectivos obedecen a un
            fallo del mecanismo que regula el nivel de actividad del organismo»,
            apostilla Francisco Montañés, jefe del servicio de Psiquiatría del
            Hospital Fundación de Alcorcón, en Madrid.

La teoría que apunta este
            especialista liga este tipo de alteraciones psiquiátricas a una
            desrregulación del ritmo circadiano, del reloj interno que controla
            las funciones biológicas.

Su ajuste está mediado por los periodos de
            luz y oscuridad, que activan o ponen en reposo todo el metabolismo
            celular.
           


EFECTOS.
           


             El componente esencial de este mecanismo se encuentra en el núcleo
            supraquiasmático del cerebro y se activa gracias a la luz que capta
            la retina del ojo.

El estímulo lumínico modula la secreción de una
            hormona, la melatonina, que regula el sueño.

Esta sustancia se
            libera durante la noche, en la oscuridad (ver gráfico).


            Algunos estudios han comprobado que en ciertos pacientes depresivos
            la secreción de melatonina dura más en invierno que en verano.

Otras
            investigaciones han observado alteraciones en el patrón secretorio
            de esta hormona en varios trastornos psiquiátricos, además de la
            depresión estacional: la depresión no estacional, la enfermedad
            bipolar, la bulimia, la anorexia, la esquizofrenia, en las crisis de
            pánico y en el trastorno obsesivo-compulsivo.


            También se estudia su influencia en las alteraciones del sueño y el
            "jet-lag".

Juan Romeu, profesor de Neuropsicología de la Universidad
            Autónoma de Barcelona, está probando la luminoterapia en sus
            pacientes depresivos con insomnio y en trabajadores a turnos
            rotatorios con problemas para dormir.

«Lo usan 45 minutos al
            despertarse, mientras leen algo o desayunan, y les suele ir bien»,
            dice.
            También se estudia su papel en dolencias en las que existe un
            déficit del neurotransmisor serotonina, como la enfermedad de
            Alzheimer y el Parkinson.

«El cerebro empieza a reconocer la luz a
            partir de 1.800 o 2.000 lux [unidad de medida de la intensidad
            lumínica], por debajo no se activa la secreción de serototina»,
            señala Antonio Bagur, investigador de la empresa de iluminación
            Yanche, la primera compañía española que ha empezado a diseñar y
            comercializar dispositivos de luminoterapia.

Bagur recuerda que el
            grado medio de iluminación en las viviendas y lugares de trabajo
            ronda los 300 o 500 lux.
            Romeu está ensayando también la terapia en pacientes afectados por
            fibromialgia, una enfermedad inflamatoria crónica que ocasiona
            molestos dolores.

«Estos enfermos tienen alterada la pauta de sueño
            y su cerebro no fabrica endorfinas [unos analgésicos naturales]
            durante la noche.

Les cambiamos el patrón de sueño con la exposición
            a la lámpara, pero aún no hemos visto mejoras», explica el neurólogo
            y psiquiatra catalán.
            Incluso se está evaluando la posibilidad de que ciertos tipos de
            depresión obedezcan a una disfunción en el sistema visual que
            favorecería que la luz no fuera captada de forma adecuada a través
            de los ojos..
           


LUZ TERAPÉUTICA.
           


            La luminoterapia se ha ido desarrollando de forma paralela a estas
            teorías.

Si la melatonina tiene, de acuerdo a la hipótesis más
            extendida, un efecto depresógeno, el objetivo del tratamiento
            lumínico es conseguir que el organismo deje de producirla.

¿Y cómo?
            Alargando el fotoperiodo gracias a la exposición a una luz
            artificial brillante de intensidad equiparable a la del sol.


            Aunque diversos trabajos con enfermos depresivos estacionales habían
            demostrado que la terapia es eficaz en el 80% de ellos, muchos
            profesionales han mantenido una actitud escéptica respecto a sus
            virtudes.

«Uno de los principales problemas es que era difícil saber
            cuál era su efecto real, ya que no se encontraba un placebo
            adecuado», señala Saiz.
            El placebo es el falso tratamiento que se utiliza en un grupo de
            enfermos similar al que toma la terapia investigada y que sirve para
            establecer las ventajas de ésta por comparación, así como para
            descartar que su potencial curativo obedezca a razones de origen
            psicológico.

Los participantes deben ignorar lo que reciben y esto
            es fácil con pastillas ficticias que actuan como simples
            azucarillos, pero ¿cómo enmascarar la luz intensísima de las
            lámparas de luminoterapia, mientras otros se someten a la de ténues
            bombillas?
            Las discrepancias en la valoración de los resultados de estos
            ensayos fueron el motivo del encargo de la Asociación Americana de
            Psiquiatría para revisar las evidencias acumuladas por esta forma de
            tratamiento, más barata que las terapias antidepresivas vigentes y,
            en principio, segura.

Dolor de cabeza, tensión ocular, naúsea y
            agitación son algunos de los efectos adversos asociados al
            tratamiento lumínico.

Sin embargo, no existen estudios a largo plazo
            que determinen si es realmente inócua. 
           


SORPRESA.
           


             Los propios autores de la revisión reconocían su «escepticismo
            previo» durante la presentación del informe (publicado en el número
            de abril de la revista "American Journal of Psychiatry").

Pero
            acabaron «impresionados» por los resultados que arrojó su análisis.


            «Un tratamiento diario de 15 a 90 minutos es efectivo para reducir
            la severidad de los síntomas, tanto en depresión estacional, como no
            estacional».

Y en apenas unas semanas de tratamiento.


            No ha sido el único apoyo recibido por la terapia lumínica.

En enero
            del pasado año, la Colaboración Cochrane, un grupo internacional que
            se dedica a revisar la evidencia científica, emitió otro informe
            favorable sobre su uso para tratar la depresión no estacional.

Los
            autores concluyeron que las lámparas tienen una eficacia
            antidepresiva alentadora, aunque modesta.

Sendos informes destacan
            que el tratamiento es más efectivo si se administra a primeras horas
            de la mañana, cuando el paciente se despierta.


            Otros motivos que han dificultado la extensión de la luminoterapia
            es que no tiene detrás una industria potente que dedique miles de
            millones a estudiar sus beneficios, como ocurre en el caso de los
            antidepresivos.

Además, se aplica de forma muy variable.

«No existe
            consenso sobre los niveles de iluminación terapéuticos más
            adecuados», reconoce Montañés, aunque en la práctica se emplean
            lámparas que emiten entre 2.500 a 10.000 lux, ni tampoco sobre
            cuánto han de durar las sesiones, si bien se acepta que a mayor
            cantidad de lux menor tiempo de exposición.

Así, se asume que un
            sesión con una lámpara de 10.000 lux durante 30 minutos al día es
            comparable a otra de 2.500 lux durante dos horas diarias.


            Se desconocen también los niveles de exposición apropiados para los
            pacientes menores y mayores.

Xavier Conesa ha optado por no usar
            este tratamiento con sus clientes infantiles «por temor a precipitar
            una epilepsia incipiente».

Por el contrario, los de mayor edad quizá
            requieran dosis superiores, debido a que con la edad las lentes
            oculares se vuelven más opacas y se reduce el número de
            fotorreceptores de la retina, lo que hace que la luz penetre peor.


            Antonio Bagur señala que las modernas lámparas de luminoterapia
            están diseñadas para eludir estos inconvenientes.

«Se ha suprimido
            el efecto estroboscópico [parpadeos] que pueden desencadenar
            epilepsia, y son regulables, es decir, se puede ir incrementando la
            intensidad de forma paulatina.

Así, además se evita el impacto
            inmediato de 10.000 lux, que a algunos usuarios les provocaba
            dolores de cabeza», señala el investigador de Yanche.
            Gráfico en PDF para imprimir: Luminoterapia


Antidepresivos bajo alerta



            Si el psiquiatra le ha recetado antidepresivos para su hijo,
            seguramente le habrá dicho también que vigile, sobre todo durante la
            primera semana de tratamiento, si muestra algún comportamiento
            extraño.

Es el aviso que los profesionales médicos han de ofrecer
            desde que se desató la polémica sobre la seguridad de esta
            medicación en la población infantil, después de que se asociara su
            uso a un mayor riesgo de conductas suicidas.

«Los padres se
            incomodan, se retraen o directamente no les dan la medicación»,
            reconoce César Soutullo, consultor clínico del Departamento de
            Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universitaria de
            Navarra.
            La situación no tiene visos de mejorar.

Esta semana, la Agencia
            Europa del Medicamento ha decidido seguir a su homóloga
            estadounidense, la FDA, y desaconsejar el empleo de estos fármacos
            para tratar la depresión y la ansiedad infantiles.

Además, ha
            ordenado incluir duras advertencias en el etiquetado.
            Los expertos de la agencia europea han concluido que los
            pensamientos e intentos de suicidio y otras conductas hostiles son
            más frecuentes en los niños y adolescentes que recibían estos
            productos.


            Muchos psiquiatras no están de acuerdo.

Soutullo descarta que los
            estudios hayan demostrado un incremento de los suicidios entre los
            menores tratados y defiende su utilidad cuando el diagnóstico «está
            bien hecho».

Deja entrever, además, cierta crítica: «Nos limitan el
            uso de antidepresivos, pero tampoco la Administración pone énfasis
            en potenciar los recursos de psicoterapia, que son escasos».