Estudio chileno sobre hábitos de juego
Sólo el 64,8% de los niños chilenos juega en parques, versus el 82% de los uruguayos y el 76% de los argentinos.
Aunque las madres encuestadas están conscientes de que sus hijos necesitan explorar el mundo, no siempre lo promueven.
A la pinta, los países, las bolitas o la escondida...
muchas de las mejores anécdotas de la infancia surgieron jugando.
Es que el juego divierte, entretiene, hace feliz.
Sin embargo, aunque los adultos están conscientes de la importancia que éste tiene para el desarrollo de los niños, no siempre se preocupan de promoverlo o facilitarlo.
Así al menos lo revela una encuesta telefónica de Adimark realizada a 707 mamás, provenientes de las principales ciudades del país y de distintos estratos socioeconómicos.
Mientras a 9 de cada 10 mamás les gustaría que sus hijos jugarán más en espacios al aire libre y no les molesta que se ensucien, la contradicción se produce frente a la pregunta "dónde prefieren ellas que jueguen": el 40,9% dijo "en casa" y sólo el 23,7% mencionó los parques y plazas.
Sin exagerar
En la práctica, esto se traduce en actividades sedentarias, pues la mayoría termina viendo televisión, aun cuando sus propias mamás saben que es una de las actividades que menos disfrutan (ver infografía).
Claramente, prefieren jugar a la pelota, correr o pintar.
Y son sabios, ya que "los niños que no exploran ni juegan en el mundo real tienen menos posibilidades de integrarse de manera equilibrada al mundo", recalca el doctor en Sicología de la Universidad de Oxford John Richer, quien participó ayer del foro "La suciedad a través del juego: ¿es parte del desarrollo?", organizado por Unilever y Unicef, y en el cual fue presentada la encuesta Adimark.Para el experto, la respuesta es lógica: "Para que exista un aprendizaje significativo y útil, los niños deben entrar en contacto con el mundo real (...) Y eso incluye la necesidad de ensuciarse".
Hay que cuidar la higiene y prevenir algunos riesgos propios del juego, pero sin exagerar ni sobreproteger, dice Richer.
No sólo concuerda con la hipótesis de que la escasa exposición a agentes patógenos estaría hoy aumentando el riesgo de alergias, sino además explica que estar insistiéndole al niño que debe permanecer limpio, lo aleja de un proceso exitoso de aprendizaje (pues deja de poner todas sus energías en el juego).
Asimismo, la obsesiva preocupación por la seguridad puede llevar a que los lugares públicos sean tan seguros que al final resulten aburridos o, peor aun, que impidan que los menores desarrollen su propia capacidad de prevención del riesgo.
En Chile, según el estudio Adimark, los niños no están jugando mucho en las plazas y parques.
No tanto por falta de lugares cercanos o de tiempo, sino principalmente (38%) porque se les considera ambientes peligrosos y con gente poco confiable.
Un temor que hay que tomar con moderación, pues la realidad chilena no es tan terrible en comparación con otros países.
"Uno va a la plaza a las seis de la tarde o un sábado en la mañana y todo es muy tranquilo", aclara la sicóloga infanto-juvenil y docente de la Universidad Católica, Neva Milicic.
A su juicio, existe una responsabilidad social de poner el juego en la agenda pública, de que los colegios lo incentiven y ayuden a los padres a que se involucren.
Este último es un punto crítico, pues los adultos casi no están jugando con los hijos, incluso las mamás que no trabajan.
Una pena, opina la sicóloga, pues se están perdiendo una tremenda oportunidad.
"Una madre o padre que se da el tiempo para compartir actividades con el niño tendrá una visión que le permitirá conocer las necesidades de sus hijos (...) Además, son percibidos como más disponibles y, por tanto, a los niños les es más fácil realizar el apego".
Todo esto, sin olvidar que el juego permite además desarrollar identidad, sentido del humor, actitud de cooperación, enseña a ganar y a perder, a respetar normas, a ser flexibles.
Y por supuesto, a desarrollar funciones cognitivas y creatividad (de hecho, cada vez que un niño construye un castillo de arena siempre hay una grandiosa idea en su cabeza).
Por lo demás, dice Neva Milicic, "los espacios de estar juntos y disfrutar las pequeñas alegrías de cada día ayuda a las familias a ser más felices y, de paso, enseña a los niños a enfrentar la vida cotidiana con un ánimo positivo".
Sobre el 70% de las mamás encuestadas reconocen muchos de estos beneficios, incluso agregan la "confianza en sí mismos" y la "sociabilidad".
Sólo falta entonces poner el discurso en práctica y "tirarse de guata al suelo" a jugar.
Dónde poner el acento
Neva Milicic da pautas para incentivar el juego en los niños:
Estar atentos a las necesidades del niño y validar sus juegos.
Observar a qué juega, dónde, con quién (eso revela mucha información para conocer mejor al hijo y su entorno).
Darles libertad para jugar.
Dejarlos ensuciarse y desordenar; enseñándoles después a ordenar, pero de forma gruesa (guardar las cosas en un baúl, sin exigirles tanta minuciosidad).
Tenerles una cierta diversidad de juegos.
Por ejemplo, que cada 6 meses tengan la posibilidad de poseer algún juguete nuevo (no tiene que ser caro).
TELEVIDENTES
EL 69% de los niños chilenos ven habitualmente TV; la cifra baja a 41% en los niños uruguayos y 36% en los argentinos, según Adimark.