El lugar, con más de doce enfermeras y médicos, sería una clínica cualquiera, de no ser por la particular sintomatología de los pacientes.
En China, un país caracterizado por las fuertes restricciones al libre ejercicio de Internet y, paradójicamente, la nación con el mayor número de internautas del mundo, se inauguró por parte del Gobierno una clínica para adictos a la web.
En su mayoría son jóvenes de 12 a 24 años, quienes perdieron el sueño, algunos kilos y sus amigos por pasar buena parte del día y de la noche, persiguiendo sueños y descargando su ansiedad tras los pixeles de una pantalla.
El tratamiento que brinda la clínica combina medicamentos y consultas siquiátricas con sesiones de acupuntura y recreación.
Todo por la módica suma de 48 dólares por sesión y se calcula que durante 15 días es suficiente para "desintoxicar" el sistema de la ciberadicción.
Y es que en Asia la adicción es un problema que toma dimensiones de problema social.
A principios de agosto pasado, un joven surcoreano murió tras pasar 50 horas continuas jugando sin parar.
De acuerdo con el reporte policial de la ciudad de Taegu, en el suroeste de Corea, el hombre, de 28 años, identificado por su apellido Lee, había estado jugando en red con simuladores de guerra en un cibercafé.
Luego de estar tres días seguidos al frente del computador, Lee se levantó para ir al baño y tomar un breve descanso en una cama improvisada en el lugar público.
Según el dictamen forense, la causa de la muerte fue un "fallo cardíaco, derivado del agotamiento".
Las primeras investigaciones señalan que Lee había dejado su trabajo recientemente para poder pasar más tiempo jugando en el PC, según publicó el diario JoongAng, el cual incluyó entrevistas con los compañeros de trabajo de Lee.
Una broma fue el inicio
La muerte de Lee le dio la vuelta al mundo e hizo que, de nuevo, emergiera la discusión sobre si existe realmente la ciberadicción.
De hecho, el origen del particular síndrome se debió a un confuso correo electrónico que el médico siquiatra estadounidense, Iván Goldberg, envió a sus colegas en un foro de profesionales, tal como lo relata un artículo de la revista New Yorker.
En el mensaje, remitido en 1995, se acuñaba el término con síntomas como movimientos involuntarios de los dedos en el teclado o el hecho de fantasear con la red.
Lo que comenzó como un hoax o broma en la web, luego se transformó en una "enfermedad" que se expandió rápidamente por la red.
Múltiples universidades en Estados Unidos, incluso, crearon dependencias para tratar a sus estudiantes "atrapados en la red".
Aunque no existe un síndrome como tal calificado por la Asociación Americana de Psiquiatría, algunos galenos reconocen que es posible que suceda la adicción a la web.
Tal como indica Carlos Herrera Cossio, siquiatra del Centro de Rehabilitación Carisma, de Antioquia, la adicción sucede, más que por el objeto o la sustancia, por contar con una vulnerabilidad que se hereda.
Es decir, "no se hereda la adicción, sino el riesgo de convertirse en un adicto", precisa Herrera.
A partir de allí, son las condiciones de vida y las circunstancias sociales y familiares las que favorecen que esa predisposición se exprese.
Generalmente, anota Herrera, el objeto de la adicción, que puede ser el juego, las drogas, el sexo o la red, se enfoca en lo que produce placer.
En el fondo de toda adicción está la falta de afecto y los pobres vínculos afectivos, enfatiza.
Sin embargo, ¿cuándo se pasa el límite en la web?, según el especialista, cuando el tiempo que se le dedica impide que se cumpla con las obligaciones familiares, escolares y laborales.
Por ello, una cosa es cumplir con los compromisos, tener una vida social y preferir estar conectado en el tiempo libre; y otra, es quitarle tiempo al estudio o a la relación de pareja, por estar día y noche en la red.
Otras voces
Helena Matute, catedrática de psicología en la Universidad de Deusto, en Bilbao, España, en un documento publicado en el sitio en línea de la entidad educativa, sostiene que en nada se parece la famosa adicción a la red, a las dependencias que se describen en los manuales de psicología y psiquiatría.
Matute desbarata el concepto de la exagerada utilización del tiempo en la web, al argumentar que la adicción es "esa necesidad imperiosa que tanta gente siente de conectarse a Internet nada más levantarse por la mañana"; o sea, replica Matute, algo así como la adicción a leer el periódico en las mañanas, pues mucha gente tiene como hábito leer la prensa diaria mientras toma su desayuno.
¿Que a algunos les quita mucho tiempo?, dice la investigadora.
Claro, pero las adicciones no se definen por el tiempo que ocupan, mientras que la nicotina, en cambio, es adictiva y no quita tiempo.
Por ello, Matute sostiene que existe utilización excesiva, en vez de adicción y que ello se traducirá en la disminución de las horas que se le dedican a otras actividades.
La idea, precisan los especialistas, es equilibrar la distribución del tiempo.
Así de simple, enfatiza Matute, quien agrega que si se sigue adjudicando a la adicción a Internet todos los problemas sicológicos que vayan apareciendo en quienes utilizan la red, "no haremos sino volver a la época en la que todo se explicaba acudiendo al mismísimo complejo de Edipo", concluye la profesional española.