Detrás de un apasionado por un equipo deportivo, una religión, un grupo musical o una persona se encuentra un individuo que habría decidido ahorrar energía psicológica evitando sus dudas
El fanatismo parece un fenómeno en expansión.
No sólo por la relativa reciente irrupción en la sociedad occidental de los fundamentalistas religiosos orientales, sino, además, por la cada vez mayor necesidad de los individuos de “ser de” algo, o alguien.
De Argentina, de Maradona, de Boca o River, de Mariano Puerta, de Charly García, de Callejeros o Diego Torres, de los piqueteros, del Gobierno, de los ambientalistas o de una marca de autos, por citar ejemplos clásicos y modernos, la sensación es que debemos decir por quien hinchamos para poder identificarnos.
Pero hay un paso más, ese que lleva al fanatismo.
A pasar una noche bajo el frío y la lluvia para conseguir una entrada, a seguir a alguien a “todas partes” y abrazar una causa como si fuera la única razón para vivir.
¿En qué se diferencias un fanático religioso de uno deportivo? Tal vez sólo del objeto de adoración, aunque el ejemplo resulte odioso para alguno de los dos.
¿Qué es el fanatismo?
Muchos psicólogos han escrito sobre el tema del fanatismo explicando el fenómeno desde su ciencia.
Infobae.com sólo seleccionó algunos de ellos para la confección de este informe.
María José Hernando, licenciada en Psicología clínica y escolar, habla en el portal Psicocentro sobre la asociación entre el fanatismo y la violencia, y lo desmitifica.
“El fanatismo es un concepto que suele llevar «apellido».
Hablamos de «fanatismo religioso», «fanatismo racial», «fanatismo político», etc.
Y normalmente identificamos el fanatismo con manifestaciones de violencia.
Pero eso no siempre es así: fanatismo es también la causa de los gritos y lloros de los adolescentes en presencia de sus ídolos musicales”, explica.
La profesional sostiene que el fanatismo “es, básicamente, un ahorro de energía psicológica”.
Para entenderlo, pensemos en los registros, en las sensaciones que producen las dudas.
Una persona que experimenta dudas en una situación determinada se encuentra en la necesidad de realizar una elaboración compleja: ha de buscar las distintas posibilidades, estudiarlas, sopesarlas, calcular los factores que pueden intervenir, mirar el problema desde distintos puntos de vista, calcular las posibilidades de éxito/fracaso.
“Durante ese proceso el psiquismo trabaja mucho, se experimenta una sensación de inseguridad, las acciones son más lentas y la incertidumbre produce cierto temor (al fracaso, al error, a las consecuencias, etc).
Da igual de qué duda estemos hablando: ¿existe Dios?, ¿vamos al cine?, ¿estudio derecho?, ¿me caso con esa persona?.
Como es lógico, a mayor trascendencia de la duda, mayor es la tensión que se produce y más fuertes son las sensaciones de incertidumbre, inseguridad, lentitud de las acciones y temor”, explica.
El fanatismo, añade Hernando, ahorra todo esto.
Propone al psiquismo una solución rápida, contundente, eficaz.
El fanatismo elimina la incertidumbre al 100%.
Como consecuencia produce un registro de unidad, de coherencia personal que refuerza el mecanismo: el fanático se siente seguro y su seguridad refuerza el fanatismo.
El rasgo del fanatismo
El rasgo distintivo del fanatismo, asegura por su parte el doctor en psicología Federico Javaloy, es su emergencia cuando se otorga un valor absoluto a las propias creencias, sean éstas de carácter religioso, político o social o de otro tipo.
Partir de un valor absoluto implica relativizar o ver negativamente cualquier otro valor, construyendo un pensamiento simplificado y un discurso ideológico basado en categorías duales.
Así, cualquier conflicto puede ser definido como una lucha entre el bien y el mal.
Otro rasgo fundamental del fanatismo es el hecho de ser compartido socialmente, ya que se origina y desarrolla en el marco de un grupo.
Por ello el fanático se autodefine como individuo que lucha por un objetivo determinado en el grupo al que pertenece.
La despersonalización que experimenta el fanático fomenta en él una conducta deshumanizada que puede conducir al rasgo más llamativo y preocupante en algunos tipos de fanatismo: una violencia despiadada, sin límites, que resulta legitimada por el valor absoluto del objetivo que persigue.