El estrés o la rutina son las principales causas del síndrome de "estar quemados" o "burnout".
El 25 por ciento de las depresiones están relacionadas con el trabajo.
18 de septiembre de 2005. Óscar lleva 17 años trabajando en la escuela pública.
Desde que sacó la oposición a los 25 años, no sólo está destinado en el mismo centro, sino que siempre se ha dedicado a dar clases en los mismos cursos de primaria.
Empezó entusiasmado, pero con el paso del tiempo se ha ido desinflando.
Últimamente se limita a cumplir, apenas prepara las clases, repite los ejercicios del año anterior y no tiene ninguna ilusión por el futuro.
Se ve repitiendo lo mismo, exactamente lo mismo, el resto de su vida; sus expectativas profesionales se han agotado.
Estado reactivo
Recientemente, ha acudido a su médico de cabecera aquejado de molestias diversas: insomnios, dolores de espalda, cansancio constante, diarreas frecuentes, desgana, irritabilidad...
El doctor le ha dicho que todo apunta a que padece el síndrome de "burn out" o síndrome de "estar quemado".
Le ha explicado que es un estado reactivo de su cuerpo a su situación laboral.
La rutina es, en este ocasión, la principal causa de la dolencia.
En otros pacientes, se debe a un exceso de trabajo o de responsabilidad.
El jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Hospitalario Universitario de Badajoz, José Ramón Gutiérrez Casares, lo describe de la siguiente manera: "El quemado está convencido de que da más de lo que recibe.
`Estoy haciendo mucho y no me dan lo que deben`, piensa habitualmente.
Se va calentando poco a poco hasta que estalla y hace mella en el cuerpo, y sale a relucir la vulnerabilidad fisiológica".
El especialista Javier San Sebastián, del Hospital Ramón y Cajal, incide en la debilidad de ánimo del "quemado".
Las personas que siempre ven el lado bueno de las cosas, que son optimistas por naturaleza y saben desconectar de los problemas no corren el riesgo de verse atrapados por el síndrome.
San Sebastián lo define como "un estado anímico de general tristeza, carente de estímulo, ocasionado por una ausencia de ilusión ante el futuro profesional y un desencanto por su vida profesional".
Manifestaciones
Este síndrome, cada día más tratado en la consulta de los psiquiataras, consecuencia en gran medida de la deshumanización del mundo laboral, se manifiesta en diversos ámbitos.
En el psicosomático: fatiga crónica, insomnios, trastornos gástricos, dolores musculares, pérdidas de peso...
La conducta del enfermo cambia.
Suele abusar del café, el tabaco, los fármacos o el alcohol; propende a "escaquearse" de su puesto de trabajo reiteradamente; es incapaz de permanecer inactivo y relajado, se siente obligado a estar siempre haciendo cosas; sus relaciones sociales son superficiales, y en no pocas ocasiones tiende a las situaciones de riesgo, como conducir a gran velocidad o practicar deportes peligrosos.
En el plano emocional, acostumbra a distanciarse afectivamente de sus allegados; se muestra aburrido, cínico, impaciente, irritable y omnipotente, y le cuesta concentrarse.
En el trabajo, suele decrecer su rendimiento y aumentar los conflictos con sus compañeros.
El jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo H0ospitalario Universitario de Badajoz incide en que el "burnout" conlleva "el sentimiento de que se encuentra amortizado y necesitado de un cambio de circuito".
Después, llega el sentimiento de pérdida patológica -"nadie me quiere"-, lo que puede desembocar en un cuadro depresivo grave.
Evidentemente, matiza el doctor San Sebastián, "toda depresión tiene un componente fisiológico".
"En estas situaciones reactivas -agrega-, el factor psicológico es más importante que el físico.
Una persona no se deprime si no se tiene un cierto grado de debilidad fisiológica".
Tres profesiones
Julio Vallejo, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona y vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, asegura que el número de depresiones importantes es el mismo que hace 100 años.
Las que sí han aumentado, sin embargo, son las pequeñas.
provocadas en su mayoría por causas externas, como una situación laboral concreta.
Existen tres colectivos profesiones especialmente susceptibles de verse envueltos por esta patología: el de los profesores, principalmente los de primaria y secundaria, los médicos y los altos ejecutivos de grandes empresas o multinacionales.
"En el colectivo docente -señala San Sebastián-, se sabe que está relacionado directamente con las dificultades de los maestros para llevar a cabo su labor de una manera exitosa.
La falta de autoridad propia, en la que influye enormemente los cambios sociales y el sistema educativo, así como la dificultad para promover métodos docentes, tanto por las cortapisas legales como por el propio fracaso escolar.
A eso, hay que añadir la ausencia de un horizonte o la baja retribución.
Muchos profesionales lo compensan con el factor vocacional".
En los directivos de compañía, los elementos que más inciden son el exceso de responsabilidad, la competencia o el elevado número de horas de trabajo.
En el caso de los médicos, se explica por el sacrificio que exige esta profesión para estar al día, además de la entrega y el compromiso que exigen, además de unas retribuciones no siempre justas.