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Hoy, nadie quiere hacerse responsable de nada

Eduardo Núñez Campero . La Gaceta


ENTREVISTA

El psicoanalista Eduardo Núñez Campero dice que las terapias rápidas responden a
un mercado que genera gente en serie. 


PERFIL


EDAD: 56 años
ESTADO CIVIL: Casado, tiene una hija de 11 años.
PROFESION: Psicoanalista.

Miembro de la Asociación Freudiana de Psicoanálisis,
del Instituto Oscar Masotta, y del Instituto de Clasificación y Criminología de
Institutos Penales.

Ejerce la docencia en la Asociación Freudiana.

Fue
presidente del Colegio de Psicólogos de Tucumán y también presidió la Federación
de Colegios de Psicólogos de la República Argentina.
HOBBIES.- La lectura, el cine.

En fútbol, es hincha fanático de Atlético
Tucumán, equipo al que acompaña desde siempre, tenga el lugar que tuviere en la
tabla.

Inclaudicable defensor del psicoanálisis, Eduardo Núñez Campero opina que
el malestar del siglo XXI se debe, entre otras razones, “a una lógica del
mercado que diluye el sentido de responsabilidad individual y que genera masas
que se han quedado fuera del contrato social”.



- Cada tanto truenan advertencias sobre el fin del psicoanálisis, y sobre su
reemplazo por las terapias breves...
- Las verdades que saca a luz el psicoanálisis son un poco insoportables.

Freud
decía que la gente está dispuesta a escuchar cualquier cosa que la alivie de sus
padecimientos sin preguntarse sobre la verdad.


-¿Por qué hay épocas más propicias para apuntar contra el psicoanálisis?
-Hay cuestiones externas.

Por un lado, el aparato de salud pública y de las
obras sociales, en el que las variables económicas son determinantes: bajos
costos, en el menor tiempo posible, y resultados previsibles.

Por eso están
proliferando estas terapias que son el reverso del psicoanálisis.

Freud decía
que no hay nada más caro que la estupidez y la enfermedad.

El psicoanálisis es
preventivo, porque puede evitar procesos de enfermedad aguda que, entonces, sí,
son absolutamente caros para el sistema de salud.

Además, no se puede prever la
experiencia psicoanalítica.

Si alguien dice “sólo quiero dejar de fumar”, puede
que deje de hacerlo, pero no sabe qué es lo que pasa alrededor.


-¿Cómo se hace para responder a una cultura que empuja al “lo quiero todo ya”?
-Eso es central.

El psicoanálisis se plantea como oferta alternativa a la
dictadura del mercado, que aun cuando postula la libertad, genera gente en
serie, al punto tal, que hasta las manifestaciones de rebeldía, como el “Che”,
el rock, son convertidos en mercancía.

El psicoanálisis, en cambio, busca el
punto absolutamente personal y único de cada persona.

Con lo cual cada uno tiene
que hacerse responsable.

Ese término, responsabilidad, está puesto en juego en
la cultura contemporánea.

Hoy, nadie quiere hacerse responsable de nada.

Lo
vemos en el ámbito de la política, en el de la Justicia, en el de la Economía.


Nadie dice: “yo soy el responsable”.

La culpa la tiene un supuesto naturalismo
de la economía, que hace que nadie sea responsable de que en la Argentina haya
un 40 % de pobres, y un 20 % de miserables.


- Una responsabilidad que se traslada a los individuos...
- Por supuesto; si no es responsable quien tiene mayor jerarquía, se supone que
no lo será quien tenga menos.


- ¿De qué ha servido la democracia?
- Estamos enfrentados a nuestra propia condición sin ese enorme peso de la
dictadura.

Nuestra “irresponsabilidad” se hace más evidente, más imposible de
ocultar.

En la dictadura se obligaba a conductas tales como levantarse temprano
para izar la bandera, que desapareció cuando desapareció la compulsión a
obligarlos.

No tenemos más que nosotros mismos para ser responsables.


- El ciudadano que pide autoridad, ¿está pidiendo autoritarismo?
- Desde luego, porque el autoritarismo es la autoridad sin responsabilidad para
uno.


- ¿Cómo explica la baja en la edad de los delincuentes?
- Son niños excluidos del aparato escolar, del aparato sanitario, de cualquier
aparato de familia más o menos regulador.

Son niños excluidos del contrato
social.


- ¿Sirve institucionalizar?
- La sociedad no puede prescindir del Código Penal.

Pero es necesario que el
aparato penalizador tenga mayores recursos para poder hacer algo positivo.

Si
pudiéramos al menos brindarles cárceles limpias, seguras, ya podríamos no dañar.


La pérdida de libertad puede servir para resocializar, siempre que reúna estas
condiciones: primero, que los cuiden de ellos mismos; segundo, que no haya otro
castigo más que la pérdida de libertad; tercero; que sólo se circunscriba el
castigo al que cometió el delito, y no a la familia.


- En la cárcel, ¿el psicoanálisis ayuda?
- El psicoanálisis puede permitir subjetivar la responsabilidad.

Lo más positivo
que puede conseguirse en la cárcel, además de contener los ataques de angustia,
es lograr que alguien admita por qué está donde está.

Pero eso no basta.

Es
necesario que alguien les tienda la mano desde afuera.

Vamos a una catástrofe
social que hará que dentro de unos años sea imposible vivir en la ciudad.

Nadie
va a poder vivir tranquilo, salvo en los countries, pero eso no es lo que quiero
para mis hijos.


- En la cárcel, los adultos les tienen miedo a los chicos...
- Pasa que se drogan y, a partir de ese momento, no tienen ningún amarre.

Están
tomados por la lógica del “y por qué no”.

Cuando no hay posibilidad de que le
ofrezcan algo, un amor, un proyecto, el sujeto queda preso de una especie de “y
por qué no”.

No hay un deseo que los conduzca en otro sentido.