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Algunas consideraciones clínicas acerca del onanismo

Lic. Eleonora D\"Alvia

Boletín semanal de psicoanalisis-online.com


Nº 25 del mes de Diciembre 2004.


"Espérame, muchacha conocida,
fuerte raso crujiente con zapatos,
con un tierno charol que casi gime
cuando roza mi rostro sin pesarme.

Un columpio de sangre emancipada,
una felicidad que no es de cobre,
una moneda lírica o la luna
resbalando en los hombros como leche.


Un laberinto o mármol sin sonido,
un hilo de saliva entre los árboles,
un beso silencioso que se enreda
olvidando sus alas como espejos."

Vicente Alexaindre
(fragmento del poema Verbena del libro "La destrucción o el amor", 1933)



Se suele llamar onanismo a un fenómeno parcial de la vida sexual, una forma particular de la actividad sexual que nos choca por tratarse de una auto-satisfacción, una descarga de la excitación sexual que no utiliza más objeto que el propio cuerpo.


Luego de los desarrollos de la teoría psicoanalítica se puede afirmar que alguien que chupa su pulgar, mete los dedos en la nariz, se relame continuamente o frota siempre el lóbulo de su oreja, está realizando actos onanistas.

Incluso, deberíamos situar a las adicciones, en su carácter de actos repetidos compulsivamente, como prácticas masturbatorias.


Sin embargo, el criterio según el cual un acto sexual es considerado onanismo o coito no se apoya solamente en el aspecto exterior de la actividad sino fundamentalmente en la superestructura psíquica del proceso físico.

Intentaremos desarrollar brevemente cuál es esa diferencia estructural.
En "Contribuciones al simposio sobre la masturbación" (1912- Viena), Sigmund Freud toma una posición respecto de algo que planteaba uno de los expositores, Stekel.

El asunto es muy interesante, porque este colega, planteaba que para él la perniciosidad de la masturbación sería en realidad un prejuicio absurdo, efecto de la estrechez mental general.

Este pensamiento que a primera vista podría resultar "progresista" produce sin embargo un señalamiento.

Freud dice al respecto:



"...tal opinión contradice nuestras concepciones fundamentales sobre la etiología de las neurosis.

La masturbación corresponde esencialmente a la actividad sexual infantil, y luego a su perpetuación en años de mayor madurez.

Derivamos las neurosis de un conflicto entre las tendencias sexuales del individuo y sus demás tendencias (yoicas).

Podría aducirse aquí la opinión de que el factor patógeno de esta relación etiológica radicaría únicamente en la reacción del yo contra su sexualidad, pero con ello únicamente se afirmaría que cualquier persona podría quedar libre de neurosis con el simple recurso de satisfacer ilimitadamente sus tendencias sexuales.

Sin embargo, sería evidentemente arbitrario y también inconveniente adoptar tal decisión sin conceder también a las propias tendencias sexuales su intervención en la patogenia.

Si se admite, empero, que los impulsos sexuales pueden tener acción patógena, no es posible negarle tal carácter a la masturbación, que consiste sólo en la ejecución de tales impulsos instintivos sexuales."



Víctor Tausk sostiene en un escrito del mismo año que


"El onanismo es siempre una actividad representativa de la actitud general del sujeto en relación con la sexualidad" V.

Tausk, 1912.


Debemos tener en cuenta que no es posible equiparar la masturbación a la actividad sexual en general, pues sólo representa la actividad sexual en ciertas condiciones limitantes.


Precisamente son las particularidades de la misma actividad masturbatoria las portadoras de su acción patógena: en primer lugar, se establece un modelo de funcionamiento psíquico, donde el sujeto no necesita modificar el mundo exterior para satisfacer una profunda necesidad; en segundo lugar, posibilita la fijación del sujeto a fines sexuales infantiles y a la permanencia en el infantilismo psíquico.


Decía al respecto una paciente, respecto a su posición en las relaciones amorosas:


"busco que se hagan cargo de mí, mientras sueño con aventuras que nunca viviré".


Recordemos que la masturbación es en verdad, ejecutora de la fantasía, como ese reino intermedio que se ha intercalado entre la vida ajustada al principio del placer y la gobernada por el principio de la realidad.

La masturbación permite realizar, en la fantasía, desarrollos sexuales que no representan progresos, sino sólo nocivas formaciones transaccionales.
Los efectos patógenos del onanismo están en relación a estas fantasías que suelen convertirse en el material a partir del cual se generan los síntomas.

Estos últimos, se producen en la medida en que el sujeto no puede llevar a cabo la represión y la sublimación de los componentes sexuales sin inhibiciones y producción de sustitutivos.

En otras palabras, el sujeto conserva en el inconsciente, los objetos sexuales incestuosos, en alguna medida, no ha aceptado las condiciones que la cultura exige a todo sujeto para poder entrar en el intercambio exogámico.

Esta posición sintomática condena al sujeto a una satisfacción sólo parcial y de índole masturbatoria.

Son sujetos que enferman en su sexualidad, padeciendo de un intenso sentimiento de culpabilidad, ya sea éste de índole consciente o inconsciente.


El onanismo de la pubertad, casi típico y general, puede incluso ser hecho responsable por parte del paciente de todos sus trastornos neuróticos.

Pero tal onanismo, no es en realidad otra cosa que la reviviscencia del onanismo de la edad infantil, generalmente olvidado y que alcanza un punto culminante a los tres, los cuatro o los cinco años, y este onanismo es ciertamente la manifestación más precisa de la constitución sexual del niño, en la cual se encuentra la etiología de las neurosis ulteriores.


Por tanto, el carácter patógeno de la masturbación puede ser reducido a las pulsiones que la misma manifiesta, y a las resistencias dirigidas contra estas pulsiones.


Freud subraya en su discusión con Stekel, que puede ser cierto que una mayor tolerancia del entorno social hacia las manifestaciones masturbatorias, funcione en el sentido de disminuir la potencialidad de la libido de los sujetos, y que éstos se volverían más dóciles para aceptar las restricciones que los ideales sociales imponen.

Sin embargo, la ética psicoanalítica plantea un camino, quizás más arduo y difícil, pero sin duda mucho más satisfactorio, el camino del deseo, que habiendo renunciado a la satisfacción masturbatoria se dirige hacia el mundo para hallar en el mundo sus objetos sexuales.
Quizás esto pueda iluminar en parte de qué se trata la aparente "tolerancia sexual" de nuestros días y la promoción permanente de diversas adicciones, a través de los medios masivos de comunicación, y de una manera más general, a través de diversos hábitos de consumo impuestos.



Bibliografía


Freud, Sigmund, "Contribuciones al simposio sobre la masturbación", 1912, en Obras Completas, Trad.

López Ballesteros y de Torres
Freud, Sigmund, "El hombre de las ratas", 1909, en Obras Completas, Trad.

López Ballesteros y de Torres
Tausk, Víctor, "El onanismo", 1912, en Obras psicoanalíticas, 1977, Editorial Morel, Buenos Aires, Argentina.
Aleixandre, Vicente, "La destrucción o el amor",1933, (1977-Cuarta Edición), Editorial Losada, Buenos Aires, Argentina.