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Huír de la rutina

María Jesús Ribas. Revista la Guía

 


 


Cada vez es mayor la oferta de entretenimientos pero, aún así, como en la vieja canción de los Stones, "no puede conseguir satisfacción".

No logra divertirse y casi ha dejado de intentarlo.

No desespere, existen antídotos para romper con la monotonía.



Los días pasan sin que suceda nada nuevo.

Siente que ya está todo dicho.

Otra vez a lo mismo, día tras día.

Esta situación, que va minando su ánimo poco a poco, se va extendiendo a las diversas áreas de su vida, desde la pareja, el sexo y los estudios, hasta el trabajo, el ocio y las relaciones sociales y familiares.



La rutina y el consecuente aburrimiento llevan a percibir la vida vacía y sin sentido, conducen al bloqueo mental y paralizan la posibilidad de emprender iniciativas para salir de esa situación.

Se nublan las perspectivas de futuro, se reducen las relaciones personales y disminuye el interés por el alrededor.



La monotonía puede aparecer en cualquier momento: al regresar de unas vacaciones o fiestas, en la convivencia, cuando llega el invierno y se sale menos.

Para combatirla con eficacia hay que modificar algunas actitudes internas y circunstancias externas.



El aburrimiento es un estado emocional de insatisfacción dentro de una existencia que, en esos momentos, se percibe como insulsa, vacía, sin sentido y en el que se tiene la impresión de que el gozo y las experiencias gratificantes han quedado detenidos.



La persona que se aburre no está dispuesta a iniciar ninguna actividad que acabe con este estado, porque está disminuida su capacidad de actuación o porque se cree que ninguna actividad a su alcance puede cambiar la situación.

Entre los síntomas del aburrimiento figuran desde un cansancio que surge antes de realizar un esfuerzo o la incapacidad de pasar de la intención a la acción, hasta una escasez de la vida afectiva y de relación.

En ese trance, se tiene la sensación de que el tiempo va muy despacio, de que las horas transcurren lentamente.


¿OTRA VEZ LO MISMO?


"Si esta situación no se cambia, puede volverse patológica", ha explicado el doctor Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social y catedrático emérito de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid.



Según este experto, "el aburrimiento es un componente de la vida igual que la tristeza o el enfado, que resulta normal cuando es reactivo, es decir, que representa una reacción a situaciones vacías de estímulo o que no nos interesan, o ante una circunstancia que no nos agrada y deseamos abandonar, pero no podemos evitar".

Pero el tedio puede llegar a ser patológico si la persona lo lleva consigo y es interno.

Cuando deja de referirse a situaciones y momentos puntuales es una señal de que algo no marcha bien.


Según el doctor Alonso-Fernández, "el punto común entre el aburrimiento interno y el reactivo es la falta de interés por lo que ocurre y nos rodea, un cuadro en que hay una tensión interna con rechazo y una sensación desagradable".

Una de las situaciones que más conducen a la rutina y el aburrimiento es el exclusivismo.

Centrar el entretenimiento en una sola actividad, persona o ambiente, o colocar nuestras energías y expectativas en un único objetivo profesional, afectivo o económico, es muy arriesgado: cualquier cambio, fallo o desajuste puede hacer que todo se venga abajo.



"Los exclusivismos conducen al aburrimiento: se tornan aburridos por repetitivos y la falta de estímulos nuevos, y cuando cesan no se sabe qué hacer.

Para evitarlos conviene diversificar los afectos, intereses y actividades, así como abrirse a nuevas experiencias y personas", aconseja el profesor Alonso-Fernández.



CUANDO EL TIEMPO SE DETIENE


Otras situaciones que predisponen al tedio son entrar en la jubilación o tener expectativas exageradas sobre una situación compartida, así como mantener un estilo de vida caracterizado por la falta de proyectos, la insatisfacción laboral o profesional, las relaciones pobres y escasas, la falta de incentivos, aficiones o compromisos o una postura escéptica ante la realidad.

Cómo antídotos para el desgano, los expertos aconsejan iniciar cualquier actividad no demasiado rutinaria, preferiblemente en compañía, y aprovechar los momentos de aburrimiento inevitable en actividades más interesantes, como leer un libro de bolsillo, resolver mentalmente algún problema o escribir una carta.

Si uno se aburre en situaciones o momentos puntuales conviene hacer una reflexión dirigida a replantear su vida, reemplazando los factores que nos hastían por otros que nos diviertan o interesen, buscando nuevos estímulos, sin excluir una reorganización de la vida o un proyecto vital más satisfactorio.

Esforzarse por crear hábitos que contrarresten la pasividad, como acudir una vez a la semana al cine o cenar fuera, hacer trabajos manuales, como jardinería, bricolaje, cerámica, costura, dibujo o cocina, o salir regularmente de viajes o excursión, son otras medidas eficaces para mantener a raya la rutina y el tedio.



REMEDIOS PARA EL TEDIO


Además, en vez de hundir el cuerpo en el sillón y la mente en el pasado, conviene practicar una actividad física regular, y disfrutar de una buena lectura, ya que un libro instruye, enriquece y estimula la imaginación, a diferencia de la televisión que fomenta la inactividad física e intelectual.



Cuando la rutina se instala en la pareja, una situación muy habitual, hay que arriesgarse a que pasen cosas nuevas, dejar que las sorpresas tengan un papel en la vida diaria, establecer nuevos escenarios, compartir nuevas relaciones, cultivar aficiones y distracciones no conocidas, poniendo cierto grado de valentía y perdiendo el miedo al ridículo y al control social .