ARMONIA FAMILIAR

La imagen idealizada de una familia feliz muchas veces no tiene relación con los dramas cotidianos.
Muchos se enfrascan en una lucha sin fin, donde tirar y aflojar puede desgastar, pero también construir.
Veamos la opinión de una experta en mediación familiar.
La Lic.
Mabel Gauto nos responde.
¿Qué conspira contra la armonía familiar?
- Los mitos, las ideas preconcebidas, los prejuicios que los adultos llevamos en nuestra cabeza la mayor parte de las veces inconcientemente.
De acuerdo a nuestra historia personal, formación, cultura, cada uno de nosotros traemos esas ideas y deseamos armar y vivir nuestra familia según esos patrones; generalmente imponiéndolos o imponiéndonos, hasta que a la larga convertimos el núcleo familiar en una lucha de poder o en espacios de poder repartidos implícitamente.
Por ejemplo, un mito muy fuerte que está entrando en crisis:
El varón y la mujer creen que la mujer se debe ocupar preferentemente de los hijos, la carga emocional y los vínculos familiares que eso conlleva, y el varón se debe encargar del relacionamiento y sostenimiento social - profesional - laboral.
¿Qué pasa cuando este esquema no se lleva a la práctica porque la mujer también trabaja, se desarrolla profesionalmente, se relaciona en otras áreas a la par que el varón? Ahí surge la crisis ante el mito, creencia o preconcepto que llevamos muy hondamente y las familias entran en una lucha con la realidad que les toca vivir queriendo forzar esa realidad según el mito que llevan dentro pasando a descalificar todo lo que no se dé dentro de ese encuadre o creencia preconcebida.
Comienza una espiral de manipulación y culpa de uno contra otro y contra sí mismo.
Y así se va contaminando lentamente los vínculos familiares.
¿Cómo optimizar la relación entre padres e hijos de distintas edades?
- Esta es una de las situaciones que en mi trabajo como mediadora familiar (y también como madre de cinco hijos) nos quitan el sueño y la tranquilidad a la mayoría de las familias paraguayas, especialmente porque aún conformamos familias numerosas.
Los adultos responsables del núcleo familiar por sobre todas las cosas debemos tener en cuenta que cada uno de los que conformamos ese núcleo familiar tenemos necesidades, intereses, carencias, personalidades distintas .
Yo creo lo que define Boris Cyrulnik, siquiatra y psicoanalista: "que cada hijo se desarrolla y crece en una familia distinta" ¿ porqué? Porque los padres y/o adultos también somos distintos a medida que van pasando los años y la experiencia de la vida.
No hacemos las mismas cosas con el tercer o cuarto hijo que tiene 5 años que lo que hacíamos con el primero o con el segundo.
Y los hijos de la misma forma, mi hijo de 14 años no hace, ni vive, ni piensa de la misma forma que pensaba y vivía el hermano mayor -que hoy tiene 22 años- cuando tenía su edad.
Son historias muy distintas y soy una madre distinta.
Creo que para optimizar esa relación, que para mí es llevarla lo más armónica y respetuosa posible, no quiere decir sin sobresaltos y preocupaciones.
Es reconocer y aceptar que ser padres/madres, adultos encargados de la crianza de los hijos es una tarea que cuando más compartamos con otros en sus logros como en sus dificultades, aprendamos a pedir ayuda, padre y madre nos sostengamos mutuamente, dejemos de pensar y creer que porque somos padres/madres biológicos o adultos ya sabemos todo.
Liberarnos de nuestros mitos, miedos, preconceptos y aceptar que para ser padres no nos queda más que arriesgarnos a cometer errores y que para estos errores muchas veces no hay borrador.
Aprendemos sobre la marcha y después de haberla pasado, vivido y sufrido.
En la intención de ser los mejores padres, ¿qué errores deberíamos evitar? Atendiendo a que hoy los chicos son más igualados, conocedores de sus derechos, etc.
- Todos tenemos y vivimos con esa intención, pero creo que debemos cuidar que esa intención no se convierta en CREENCIA.
Ese es el peor error que podemos cometer.
Dejar de ser conscientes de que tenemos esa intención y en esa tensión viviremos nuestra función de ser padres a pasar a creernos que somos los mejores padres.
En la Teología hay una frase muy utilizada: "Ya, pero todavía no", creo que vale para toda la vida: "Ya, somos buenos padres, pero todavía no".
Las dos cosas al mismo tiempo.