Sólo el 10 por ciento de los actos de violencia criminal se debe a trastornos
Guerras y terrorismo han jalonado la historia del siglo XX, y en los inicios del XXI siguen acaparando grandes titulares en los periódicos.
En el entorno cercano, la violencia doméstica crece al tiempo que aumentan las agresiones directas e indirectas en escuelas y empresas.
Los analistas exponen que la situación se está recrudeciendo hasta el punto que la Organización Mundial de la Salud califica la violencia de grave problema de salud pública.
El libro Neurobiología de la agresividad humana, patrocinado por Lundbeck y presentado en Madrid, ahonda en las raíces primarias de este fenómeno que, según sus autores, tiene correlación con el nivel de testosterona en sangre y la reducción del control serotoninérgico de la agresividad.
David Huertas, Juan José López-Ibor y María Dolores Crespo exponen en la obra que la agresividad es un instinto compartido con los animales, necesario y deseable para la supervivencia.
Por agresión entienden el comportamiento externo con intención de causar daño o destrucción, mientras que la violencia es un tipo de agresión física extrema entre humanos, una forma no adaptativa de agresividad.
Huertas, que junto a Crespo es profesor de Psiquiatría de la Universidad de Alcalá de Madrid, resalta: "Lo que representa un problema es la transformación del instinto natural en comportamientos de agresión innecesarios y patológicos".
La violencia no conoce de sexos, a pesar de que sean las hormonas sexuales masculinas las que estimulan comportamientos de dominación social y poder.
Existe una correspondencia significativa entre niveles elevados de testosterona circulante (andrógeno presente tanto en hombres como en mujeres) y la inclinación agresiva.
"Se ha comprobado que la administración exógena tanto de testosterona como de anabolizantes incrementa significativamente la propensión hacia la violencia extrema, incluido el homicidio", apunta Huertas.
Psicoactivos
Los autores proponen los fármacos psicoactivos para el tratamiento de la agresividad patológica, y defienden que los antiandrógenos han obtenido buenos resultados en todas las manifestaciones de agresividad humana, en especial la sexual parafílica.
Sin embargo, la administración de estos tratamientos origina controversia porque se les acusa de coartar la libertad.
Respecto a los trastornos puramente neurológicos o mentales, los estudios epidemiológicos demuestran que sólo son la causa del 10 por ciento de los actos de violencia criminal.
Los expertos insisten en que, en estos casos, el control de la enfermedad anula las manifestaciones violentas.
La esquizofrenia es la patología más llamativa, resalta López-Ibor, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, por las noticias truculentas aunque anecdóticas que protagonizan algunos pacientes si no reciben la medicación adecuada.
También es frecuente la agresividad en el trastorno disocial de la personalidad, que se caracteriza por una violación sistemática de las normas sociales.
El texto aborda la etiopatogenia del fenómeno pero mantiene un enfoque multidisciplinar porque "el ser humano es un organismo vivo, pero también un ser pensante y reflexivo".
Así se explica que aunque las tasas de agresividad sean similares en hombres y mujeres, los actos de violencia extrema correspondan casi exclusivamente a los varones.
"Las mujeres han sentido tradicionalmente un mayor apego a las normas porque su función ha sido la de crear familia.
La superioridad física de los varones les ha llevado culturalmente a formas de expresión más violentas", puntualiza López-Ibor.
Lo que empuja a la violencia
Además de los factores biológicos, los autores de Neurobiología de la agresividad humana entienden que existen otros factores que favorecen la aparición de la violencia.
- Sociológicos: familias desestructuradas, marginalidad y una educación deficiente pueden aumentar la agresividad del individuo.
- Psicológicos: la frustración y los problemas de identidad son parte del trasfondo psico-sociológico que, según los expertos, se halla destrás de las revueltas de hijos de inmigrantes en Francia.
- Ambientales: las teorías ambientalistas, la mayoría recientes, destacan la conexión entre la aparición de la violencia y la masificación urbana, la contaminación acústica y atmosférica, e incluso la acumulación del humo del tabaco en espacios cerrados.