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Vivir angustiado:

Amalia Torres, Leonardo Núñez. El Mercurio

Las crisis de pánico y las depresiones aumentan.

¿Por qué los jóvenes
sienten tanto miedo? Inseguridad laboral y estrés son algunas de las
causas.

Aprender a enfrentarlos es fundamental.


"Estaba en la cama cuando, de repente, empecé a sentir que me moría.

No
podía respirar, era como si tuviera taquicardia, y tenía miedo de que me
mataran.

Pero estaba solo en mi pieza.

Nadie podía dañarme.

Fue
terrible.

Esa noche tuve que dormir con la luz prendida, como un cabro
chico".


Manuel (27 años) está próximo a titularse de abogado y vive con la
preocupación de que las crisis de pánico esporádicas que sufre no se le
manifiesten en el trabajo.

No quiere que sus jefes y compañeros puedan
pensar que es poco competente para su empleo.


Su caso no es aislado.

Los siquiatras han detectado un aumento de esta
patología en la población juvenil, a lo que se suma un incremento de las
depresiones, como lo mostró la Encuesta de Salud 2004, que detectó en el
tramo de 17 a 24 años una mayor prevalencia de síntomas depresivos.


Sin herramientas


¿Qué sucede con los jóvenes? Según el doctor Pedro Retamal, del
departamento de Siquiatría Oriente de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Chile, el principal responsable de los problemas de salud
mental es el actual estilo vida.


"La competencia se da en todos los ámbitos generando un estrés constante
que ni siquiera da tregua cuando se duerme.

Y suelen ser los jóvenes, de
entre 20 a 35 años, los que se ven más afectados, por llevar el mayor
peso del trabajo o la producción", dice Retamal.


Para él, esto no es fenómeno nuevo en el mundo, pues ya lo vivieron los
países desarrollados hace 50 años.


Claro que hoy hay nuevas aristas: a la actual generación de jóvenes no
se les dio herramientas para enfrentar los grandes cambios que ha
sufrido Chile en las últimas dos décadas.

"Se encontraron de lleno con
un mundo que los obliga a competir", añade el siquiatra.

"Nunca tuvieron
que esforzarse y crecieron oyendo hablar de que van a ser exitosos.

Por
eso su tolerancia a la frustración es baja".


En esto coincide el sociólogo y director del Centro de Estudios de
Juventud de la Universidad Raúl Silva Henríquez, Mario Sandoval, para
quien las altas tasas de deserción el primer año de universidad son un
reflejo de esto: "Los jóvenes quieren tener emociones inmediatas sin
levantarse temprano, con esa instantaneidad que da la televisión.

Por
eso no es casualidad que aumenten las crisis de pánico, las depresiones.
Si no tienen satisfacciones inmediatas se frustran y la frustración la
toleran mal".


Pero según sus observaciones, tampoco los que terminan los estudios
superiores parecen sentirse seguros respecto a su futuro.

"Si en Chile
hace 30 años una persona con sexto de Humanidades podía más o menos
ubicarse en el mercado laboral y hacer carrera en una empresa, hoy con
Cuarto Medio no haces nada.

Y los títulos universitarios también se
están desvalorizando.

Cada vez más personas hacen especializaciones
porque el título solo ya no les sirve para lo que quieren y eso los
atemoriza", apunta Sandoval.


El consumo me consume


Otro malestar propio de los jóvenes, destaca Claudio Duarte, sociólogo
de la Universidad de Chile, son las altas expectativas que pone la
sociedad sobre sus hombros.

"Se sienten bombardeados por un discurso que
les exige ser alguien exitoso y eso carga a los chiquillos.

El problema
es que después, a través de hermanos o amigos, se empiezan a dar cuenta
de que ese éxito no les llega a todos".


Por otro lado, explica Sandoval, el mercado vende la idea de que la
felicidad está en el consumismo.

Sin embargo, al contrario de lo que
advierte la publicidad, las compras no le dan sentido a la vida y los
endeudados terminan sintiéndose peor.


A esto se suma el individualismo propio de la época.

Los jóvenes tienen
temor a comprometerse con una pareja.

Tienen la necesidad del desarrollo
personal y no piensan de a dos, pero en lo profundo se sienten solos.


También hay eventos internacionales que han tocado a esta generación.
"Con lo de las Torres Gemelas, lo de Atocha y lo que podría haber pasado
en Londres, se impone la incertidumbre de lo que va a pasar en el
futuro.

Se genera una sensación de que ahora puede pasar cualquier cosa
en cualquier parte.

Esto no significa que los adultos tengan hoy más
certidumbres sobre el futuro que los jóvenes, pero para estos últimos es
más fuerte la sensación de desamparo porque es en el período juvenil
donde las personas se proyectan con más fuerza", acota Sandoval.


De hecho, en la última encuesta del Instituto Nacional de la Juventud,
el 28% declaró que no cree que estará mejor en el futuro.


Frente a estas desesperanzas, el doctor Retamal es enfático en asegurar
que las patologías mentales llegaron para quedarse y lo más probable es
que aumenten como ocurrió hace años en Europa.

"Sin embargo, los hijos
de esta generación estarán mejor preparados, pues contarán con la
experiencia de sus padres".


CÓMO HACER FRENTE A LA PRESIÓN:


Sea realista


Creer que se ganará mucha plata por el solo hecho de salir del colegio o
la universidad no contribuirá a enfrentar las primeras decepciones
laborales.


Ojo con los "vicios"


El cigarro, el alcohol y el consumo de drogas, como la marihuana,
predisponen al organismo a sufrir trastornos sicológicos y físicos.


No se aísle:


Los amigos son importantes.

Conversar con ellos ayuda a contener los
problemas y si a uno le va bien, al otro le transmite buenas vibras.


Espacios de participación


Las actividades deportivas, los grupos de rock o practicar malabarismo,
por ejemplo, hacen que la autoestima crezca y se elimine tanta tensión.


Descansar:


"Matarse" trabajando trae consecuencias.

Hay que dormir y dejar tiempo
para el ocio.


Pedir ayuda:


Ante las primeras sensaciones de crisis, se debe acudir a los padres,
amigos o al doctor para saber qué pasa.

También si hay violencia
intrafamiliar.