Félix Velasco Alva* felixvelasco@infosel.net.mx
26 de junio de 2002
Resumen
En el presente trabajo se hace una integración de distintos aspectos de la teoría de las relaciones de objeto con postulados de la epistemología constructivista para fundamentar la propuesta de un modelo psicodinámico-constructivista con un enfoque intersubjetivo para una mejor aproximación en el estudio y tratamiento de los problemas de la pareja que se han convertido en un motivo central de la consulta de muchos psicoanalistas.
En el trabajo se revisan diferentes aspectos convergentes entre la teoría de las relaciones de objeto, el construccionismo social y la intersubjetividad que tienen una importante utilidad en el entendimiento de las parejas y en el desarrollo del proceso terapéutico que se da.
En opinión del autor, con este modelo se logra una mayor profundidad para estudiar los procesos de construcción que se suceden en el tratamiento de parejas, integrando en su concepción tanto lo intrapsíquico psicodinámico, como lo relacional del construccionismo y la anatomía de la nueva construcción que resulta.
Cada vez más las crisis de la pareja se están convirtiendo en el motivo central de consulta a muchos profesionistas del campo de la salud mental: Dificultades en torno a una próxima unión conyugal, problemas de infidelidad, proyectos de separación, insatisfacción en las áreas amorosa y sexual, divorcios o desajustes en una pareja reconstruida por conflictos con los hijos; violencia en la pareja, que llega a la producción de lesiones físicas que antes eran clásicamente infringidas por el hombre.
En los últimos años, la mujer también ha respondido con agresiones importantes, basta recordar recientemente dos casos de amputación del pene después de disputas con la pareja.
Los motivos anteriores determinan que ahora se busque ayuda profesional.
Pero rebasan muchas veces tanto los esquemas teóricos psicoanalíticos diseñados para abordar la problemática individual, como los modelos sistémicos tradicionales, que originalmente tuvieron aciertos en los conflictos del grupo familiar.
En torno a la pareja, los especialistas han buscado distintos enfoques teóricos para explicar su dinámica, sus procesos vinculares característicos y las distintas fases por las que cursa, así como las crisis que se suceden y rompen su equilibrio.
Entre los diversos textos formales que se consultan sobre pareja, se encuentran dos grandes modelos teóricos encargados del estudio y del diseño de estrategias terapéuticas específicos para enfrentar los nuevos problemas que se presentan, el modelo sistémico y el psicoanalítico.
Sin embargo, podemos considerar que si estos modelos se visualizan de manera excluyente, no son capaces de proporcionar un marco conceptual sólido que facilite el entendimiento y el tratamiento de las parejas.
Su campo de investigación comprende una serie de fenómenos complejos tanto biológicos y sociales, como intrapsíquicos e interaccionales.
Por ejemplo, a una mujer menopáusica o a un hombre con declinación hormonal y fallas de testosterona, no se les puede prescribir que hagan proezas sexuales, como muchas veces lo indican sin reparo, los terapeutas sexuales que no tienen una formación integral.
Tengo varios años de interesarme en el estudio y tratamiento de las parejas en crisis.
No dejo de sorprenderme cuando estoy frente a una de ellas, y veo como discuten y pelean irracionalmente y de cómo, rápidamente me siento jalado a involucrarme en sus conflictos.
Cuando se tratan parejas se escenifica una representación de diez personajes: el terapeuta, sus padres y su propia pareja; del otro lado la pareja consultante con sus respectivos padres.
Tres de estos protagonistas tienen un contacto directo en el proceso terapéutico.
Los demás son actores que van cobrando prominencia conforme se desarrolla el tratamiento.
Debido a esto, el número de impactos y vivencias que tiene el terapeuta son mayores, más intensos e influyen de manera determinante en el proceso terapéutico.
Creo entonces que para entender los dinamismos íntimos de una pareja es necesario conocer de cerca o incluso haber vivido y resuelto crisis de parejas personales.
Se requiere también, en mi opinión, estar actualizado sobre los cambios sociales y del contexto en que vivimos.
Tratar parejas es entonces, un asunto riesgoso, de gran responsabilidad y sentido ético en donde los esquemas teóricos tradicionalmente aplicados de manera rígida no ayudan.
Se requiere una preparación especializada, una gran flexibilidad y un conocimiento profundo de uno mismo, que sólo se logra con un buen tratamiento personal.
Esto último ayuda a evitar en esos intensos encuentros, la involucración y toma de partido abierta por uno de los participantes, lo que muchas veces resulta en la destrucción definitiva de la pareja.
En esta presentación intentaré hacer una integración de distintos aspectos de la teoría psicoanalítica de las relaciones de objeto con postulados de la epistemología constructivista, fundamentando un modelo dual que tenga aplicaciones en el tratamiento de parejas.
Este intento tiene como origen la necesidad de acomodar en mi mente dos cuerpos teóricos complejos que me han sido de utilidad para mi trabajo como psicoanalista y psicoterapeuta de parejas.
Del modelo psicoanalítico siempre me ha llamado la atención cómo el terapeuta se puede usar e influir en el proceso terapéutico y también cómo es un actor principal en el resultado final de un tratamiento.
Mis primeras inquietudes por la alianza de trabajo como por la empatía y posteriormente por la contratransferencia revelan este interés.
A raíz del estudio de estos temas en donde el vínculo terapéutico toma una relevancia especial, consideré la necesidad de buscar líneas teóricas que me explicaran los fenómenos que se dan en la interacción y en los juegos dinámicos entre varios sujetos.
Distintos desarrollos de la teoría de relaciones de objeto me explicaron inicialmente estos aspectos relacionales, muchos autores han hecho aportaciones significativas en torno a lo que se ha denominado una psicología de dos para diferenciarla de la psicología instintiva freudiana, es difícil mencionarlos a todos, por lo que sólo me voy a referir a los pioneros que en mi opinión hicieron aportaciones sustantivas para dirigir nuestra atención hacia una concepción más actual y operativa del psicoanálisis clínico, una concepción intersubjetiva que en mi opinión ofrece nuevas posibilidades de aplicación en el tratamiento de las parejas.
Otro aspecto fundamental de los teóricos de las relaciones de objeto que deseo enfatizar, es el haber dirigido muchos de sus planteamientos hacia una concepción totalista de la contratransferencia que es uno de los puentes principales con el constructivismo, en especial las ideas de Racker (1959) sobre la contratransferencia como un fenómeno dual y las de Lanas (1979) sobre el campo bipersonal; al igual que el concepto de identificación proyectiva e introyectiva, me fueron de mucha ayuda para el análisis de los fenómenos psicológicos que se suceden entre dos seres humanos, ya sea en la relación de pareja como en la interacción terapéutica.
De la teoría de sistemas, el concepto de la cibernética de segundo orden de la autoreferencia, en la cual una operación se toma a sí misma como objeto de estudio y en donde se le concede una importancia crucial a los sistemas observantes, fueron ideas centrales que afinaron mi idea de una visión integral para complementar estos aspectos, en estos dos grandes modelos teóricos.
Raíces constructivistas en el psicoanálisis
El psicoanálisis surgió en el intento de buscar otros modelos diferentes a las corrientes existentes para explicar la psicopatología.
La metapsicología diseñada por Freud fue el instrumento que permitió descifrar las motivaciones inconscientes que se encontraban detrás de la histeria, padecimiento que despertaba grandes polémicas en lo que se refería a su etiología.
Esta nueva manera de entender el funcionamiento mental con base a sus determinantes dinámicas, se aplicó con éxito a otros problemas psicopatológicos, también proporcionó una forma original de interpretar muchos fenómenos sociales y antropológicos.
Las descripciones clínicas, fueron el campo desde donde Freud descubrió la teoría de los instintos, que explicó el proceso de enfermarse.
Fue la época del florecimiento del psicoanálisis ?psicología esencialmente de lo individual? en donde lo que le ocurría al otro, al considerado paciente, definió la mayoría de sus hipótesis sobre el funcionamiento de la psique del ser humano.
Este modelo instintual, inicial, dejaba claro que existía una diferencia entre "el otro-enfermo" (sujeto a observar y describir) y el "yo-sano" (sujeto observador) que permanecía en el anonimato.
Las explicaciones iniciales sobre la transferencia y la contratransferencia llegaron a reconocer el impacto que tenía el material del paciente sobre un analista neutral "como espejo" que sólo reflejaba el material transferido del paciente, pero no se reconoció, al menos en este tiempo, cómo el analista también transfería objetos hacia el paciente.
La transferencia, elemento central del psicoanálisis, era irremisiblemente una "distorsión" y el paciente colocaba en el analista distintos elementos "irreales" que tendrían que ser rectificados o corregidos por el analista.
Esta etapa de lo individual e intrapsíquico y de la psicopatología del otro se extendió casi hasta la mitad de este siglo y se utilizó para fundamentar buena parte de las intervenciones técnicas básicas, así la interpretación de la transferencia fue entendida y manejada por muchos como "una verdad que tendría que corregir las distorsiones de la realidad del paciente".
La teoría instintual sirvió como punto de partida para nuevos modelos teóricos, algunos de ellos muy divergentes de la teoría inicial como fue la teoría de las relaciones objetales.
Como ya lo señalamos, esta última se puede considerar como una teoría de la personalidad desarrollada a partir del estudio de la relación paciente-terapeuta como reflejo de la diada madre-hijo.
Los seguidores iniciales de este grupo tomaron en cuenta el uso de los estadios psicosexuales de Freud, pero estuvieron en desacuerdo con la primacía de los instintos y propusieron la necesidad de la relación con las figuras cuidadoras primarias, más que la búsqueda del placer con el motor del desarrollo.
Esta concepción de la psicología se asemeja a las ideas de Gergen (1996) de ver al construccionismo como una teoría relacional, o un intento ?dice el autor? de dar cuenta de la acción humana en términos de un proceso relacional en donde al igual que los teóricos de las relaciones de objeto van más allá de la explicación individual o singular para enfatizar la relación.
El modelo de las relaciones de objeto se va a centrar ahora como dice Kernberg (1979) en el intento de explicar la constitución de las representaciones intrapsíquicas diádicas o bipolares (imagenes del self e imagenes objetales) como reflejos de la primitiva relación madre-hijo y su ulterior desarrollo en relaciones externas interpersonales, diádicas, triangulares o múltiples.
Estos teóricos piensan que el recién nacido nace con su propia personalidad potencial, con un self (que se refiere a la personalidad total creciendo a través del ciclo vital) que se va a enriquecer por la experiencia con los distintos objetos para ir formando su estructura psíquica.
Este intercambio eminentemente dinámico y dual, está planteado como veremos, de una manera recíproca y en donde va a tomar importancia no sólo las capacidades innatas del bebé, sino también la influencia de la personalidad de la madre.
Melanie Klein, se puede considerar como la pionera de la concepción de que el psiquismo se origina de un vínculo intersubjetivo.
Agregado a esta hipótesis, encontramos la idea de que la estructura mental esta formada por objetos internos que interactúan entre sí y que por medio de la proyección y de la identificación proyectiva dan significado a los objetos externos y a la realidad.
Esta original analista estableció dos posiciones fundamentales: la esquizo-paranoide y la depresiva que ofrecieron una alternativa a la visión freudiana de los estadios psicosexuales de Freud, idea que nació del estudio de la relación madre-hijo, reproducida en la transferencia y que fue tomada de sus experiencias clínicas de la observación de parejas madre-hijo.
Winicott (1965) enfatiza más, con su concepto de holding, la importancia de la madre como factor primordial para que el niño integre sus sensaciones corporales y los estímulos ambientales y pueda desarrollar adecuadamente su self, este concepto acerca de la importancia del sostén,se traslada al setting terapéutico en donde un paciente puede tener una segunda oportunidad y construir un vínculo que en muchos casos no había existido, concepto que le da un peso fundamental al terapeuta "suficientemente bueno" para que pueda reconstruir una serie de estructuras que estuvieron ausentes.
Estos pensadores psicoanalíticos enfatizaron la interacción y el análisis de lo que sucede entre dos seres humanos, tanto en términos del desarrollo como acerca de los fenómenos que se dan en el proceso psicoanalítico, ampliando de esta manera el modelo individual-intrapsíquico, dándole importancia a lo interpersonal, lo vincular y lo circular en la interacción terapéutica.
Como podemos observar, este grupo de teorías plantea que el patrón relacional que se establece con el mismo terapeuta se derivará de aquellas relaciones internalizadas que se originaron en etapas tempranas.
Langs (1979) y Baranger (1966) se refirieron también al llamado campo bipersonal en donde hablan del campo bipersonal que se refiere al espacio temporeo físico en donde las interacciones analíticas tienen lugar, campo que engloba tanto mecanismos interaccionales como intrapsíquicos.
Para Langs cualquier material que se de en este campo es visto como un producto interaccional con "inputs" de ambas partes.
Así para él hay muchos paralelismos entre la transferencia y la contratransferencia.
Esta segunda etapa que podríamos denominar interaccional, explicó los diferentes aspectos psicodinámicos del vínculo humano por medio de la empatía y la identificación proyectiva.
La empatía vista como un proceso identificatorio transitorio, que permitía comprender los estados emocionales del otro y además como un mecanismo también necesario para la recepción del material del paciente.
Esta nueva metáfora para explicar la relación terapéutica en una posición evidentemente interactiva ha dado lugar a nuevas ideas de la relación madre-bebé en donde como veremos, el papel que ambos desarrollan en la díada se considera crucial.
Un tercer periodo que corresponde a lo que podríamos llamar constructivismo, surge en nuestra opinión como una resultante obligada que complementa y afina muchos postulados de los dos periodos anteriores: esto es el énfasis en el estudio de lo que le sucede al terapeuta en el acto mismo de su actividad: sus sentimientos, fantasías, pensamientos o construcciones durante y fuera del proceso terapéutico.
Este observador que ahora es observado, pero tímidamente estudiado por las contraresistencias y que revela a un sujeto que muchas veces presenta los mismos problemas emocionales que el paciente que tenía enfrente.
Este tercer periodo constructivista, según pensamos, muestra una serie de coincidencias entre esta forma de ver el proceso psicoanalítico y la nueva corriente de la terapia familiar sistémica llamada también constructivista, al interesarse ambos en el papel del terapeuta, el primero al reconocer la presencia activa del mundo subjetivo del analista en la construcción misma del encuentro transferencial-contratransferencial, y la segunda al señalar la importancia del papel del mundo interno del terapeuta y su equipo detrás de la cámara de Gesell en el tratamiento mismo de las familias.
Una idea fundamental se desprende de la convergencia de estos dos nuevos enfoques terapéuticos, como ya se ha señalado, y es la presencia activa y participante del mundo del terapeuta en el proceso mismo.
El considerar que el analista influye de manera determinante sobre la realidad y que es un elemento fundamental de cualquier sistema terapéutico, nos conduce a pensar en el postulado cibernético de la teoría de los sistemas que señala que no se pueden separar las propiedades personales de la situación que se describe.
Estos conceptos, conceden una importancia crucial a distintas construcciones que se llevan a cabo en el transcurso del desarrollo, como producto de las interacciones y nos conectan con el construccionismo social de Gergen, en tanto que considera que la relación es el locus del conocimiento y vé a la psicología del individuo como producto de los intercambios situados histórica y culturalmente y que se dan entre personas.
Más recientemente, M.
Gill y I.
Hoffman han estado también trabajando sobre lo que llaman el nuevo paradigma social-constructivista del psicoanálisis.
Estos dos últimos psicoanalistas, encabezan un grupo que está inclinado a pensar que un encuentro analítico implica una construcción que se va realizando continuamente en el aquí y ahora y en donde sus integrantes se van modelando mutuamente (Gill, 1991; Hoffman, 1983).
Ellos definen esta idea como un nuevo paradigma social constructivista, en donde lo social se refiere al compromiso mutuo de los participantes.
El constructivismo indicaría según ellos, cómo cada integrante del binomio terapéutico "lee" al otro desde su propia perspectiva, sin perder la estructura jerárquica de un experto que ayuda a alguien que lo solicita.
La concepción de M.
Gill y Hoffman, puede ser ubicada dentro de la línea del llamado construccionismo social, en tanto que es a través del encuentro o comunicación terapéutica donde se construyen nuevos significados o realidades.
Gergen (1985) comenta precisamente que: "El construccionismo social visualiza los discursos acerca del mundo, no como una reflexión o mapa del mundo, sino como un artefacto de intercambios comunales y conforme nosotros nos movemos a través del mundo, construimos nuestras ideas acerca de ello en las conversaciones con otras gentes".
Pero lo que queremos enfatizar con estas nuevas ideas en el campo psicoanalítico, es el hecho de haber sacado abiertamente del anonimato al analista y de recalcar ahora la importancia de sus teorías personales y cómo influyen de manera determinante en el desarrollo del proceso terapéutico.
El concebir al psicoanálisis de esta nueva manera en donde no hay hechos incuestionables, los conceptos tradicionales de transferencia y contratransferencia están cambiando: por un lado se consideraría que la transferencia no sólo tiene que ver con el pasado sino que se esta construyendo continuamente en el aquí y ahora. En el libro póstumo titulado Psychoanalysis in Transition, Gill (1994) hace planteamientos abiertamente constructivistas acerca de la transferencia y de la neutralidad que rompen con una serie de esquemas tradicionales:
Otro aspecto que se puede considerar constructivista en este autor es cuando critica el concepto tradicional de neutralidad, señalando que "el analista es siempre influenciado por paciente y el analista tiene influencia sobre él, esta influencia mutua no puede ser evitada y sí puede ser interpretada".
p.
50.
Estas teorías que aceptan al mundo interno o a la subjetividad del analista han sido englobadas clásicamente con el término genérico de contratransferencia, pero con esta nueva concepción, se ve más allá de la visión tradicional o clásica que juzgaba al analista como alguien neutral, o persona pasiva que se defendía, como el mismo término implica, de las transferencias del paciente y que finalmente definía o interpretaba la realidad.
La Intersubjetividad
La intersubjetividad es un viejo y amplio concepto conectado estrechamente con la epistemología constructivista y más directamente con el construccionismo social en tanto que nos habla de la intimidad de las relaciones humanas y de los encuentros de las subjetividades.
El tema es central en la filosofía y ha sido motivo de reflexión de diferentes pensadores.
Salmerón en su libro Mocedades de Ortega y Gasset (1959) señala que la filosofía nació precisamente el día en que Sócrates se preguntó: "¿Qué es el hombre? y preguntarse por el hombre es preguntarnos por el otro y lo otro; por el encuentro, por los supuestos del encuentro"...
(p.
216).
La otredad y el reconocimiento del otro preocupó a muchos pensadores del siglo pasado, Husserl trató de explicar la "experiencia de lo ajeno", enfatizando que los sujetos singulares están provistos de sistemas constitutivos que se corresponden y conexionan los unos a los otros (p.
75).
Scheler, otro filósofo de la escuela fenomenológica trató ampliamente en sus escritos el tema de la simpatía, refiriéndose a la "genuina unificación afectiva", definida por él como la identificación plena de un yo propio con un yo ajeno, identificación que podría ser tanto voluntaria como inconsciente (p.
90).
Como podemos ver la proyección y la revelación del otro han sido importantes inquietudes en el campo filosófico.
Hace algunos años Bernárdez elaboró una tesis titulada Ortega y Gasset: teoría de la comunicación intersubjetiva (1988) en donde revisa diferentes aspectos de la intersubjetividad en este filósofo español, que en su opinión, auque no habló específicamente de ella como tal, sí sentó las bases para una teoría de la comunicación intersubjetiva, en tanto que sostuvo, entre otras cosas, que no podemos tener experiencias del individuo humano como una realidad aislada, sino solamente como un todo social (Bernárdez cit.
O.G).
Ella concluye que este gran filósofo español nos propone la individualidad en la alteridad, es decir, rescatar el yo en los otros, ego que parte del alter-ego (p.
218). Podemos decir entonces que la intersubjetividad incluye las actuaciones necesarias para armonizar nuestra subjetividad dentro de la otra persona, o sea el entendimiento de la existencia de estados similares en otros y el compromiso con ellos (Bolwy, 1959, 1960, 1980; Stern, 1994).
Stern, D.
(1991), analista investigador del desarrollo y que se puede considerar como un teórico moderno de las relaciones de objeto nos aclara mejor estas diferencias entre la empatía y la intersubjetividad, cuando se refiere precisamente al origen de ésta última en el infante que él ubica entre los siete y los nueve meses de edad, en donde el niño va llegando gradualmente a la comprensión de que las experiencias subjetivas pueden potencialmente compartirse con algún otro, descubrimiento que llega a convertirse en una "teoría" de las mentes separadas.
Benjamin (1988) también ha señalado que en la relación madre hijo, la madre no es simplemente un "objeto" que satisface las necesidades básicas del niño, sino que conforme éste se desarrolla, la reconoce como un sujeto separado con sus propias necesidades, aspecto que es un importante elemento del desarrollo con profundas implicaciones para futuras relaciones.
En el terreno clínico podemos observar terapeutas que pueden iniciar comprensiones empáticas profundas, pero que no obtienen ni la respuesta emocional compartida del otro, ni tampoco la experiencia del receptor de ser comprendido emocionalmente.
De lo anterior se desprende que el concepto de intersubjetividad tiene aspectos comunicacionales fundamentales que tendrían que ver con la capacidad para anticipar e interpretar creencias, motivos e intenciones de las personas con las que nos comunicamos (empatía), pero también que de alguna manera estas personas se percaten de que nosotros estamos entendiendo sus estados mentales.
Sin embargo también quiero subrayar que la intersubjetividad tendría aspectos intrapsíquicos evidentes, en tanto que está haciendo alusión a fenómenos o capacidades que ocurren en el mundo interno (subjetividad) de las personas involucradas.
Natterson y Friedman (1995) en su excelente libro sobre el tema titulado: A Primer of Clinical Inter-Subjectivity, nos aclaran esta idea al señalar que la vida psicológica de los individuos está constituida esencialmente por experiencias internas e interpersonales, la intersubjetividad se refiere entonces al "proceso por el cual estas zonas de experiencia operan en la relación terapéutica" (p.
10).
Como se puede apreciar, el tema es muy amplio y rebasaría los propósitos de este trabajo, hacer una revisión más extensa.
Por lo que tendríamos que centrarnos en nuestro interés de encontrar fundamentos teóricos que nos permitan explicar la influencia recíproca de las subjetividades conscientes e inconscientes que se dan en un proceso terapéutico, para apuntalar entonces los puentes que deseo construir entre el psicoanálisis clínico, práctica que en mi opinión se desarrolla con intensos encuentros intersubjetivos y el constructivismo, en tanto se interesa de los fenómenos que ocurren en el observador.
Una definición de psicoterapia revela esta idea con mayor claridad: "Psicoterapia es un evento interaccional entre dos seres humanos imperfectos y vulnerables que constantemente se influencian el uno al otro" (Boesky, 1990). La corriente intersubjetiva en psicoanálisis enfatiza la idea de que en la situación terapéutica los individuos co-crean la relación que ellos viven y de la que platican.
El término se refiere entonces a la influencia recíproca de las subjetividades conscientes e inconscientes de dos personas en una relación (Natterson y Friedman, 1995).
Esta tendencia le concede una importancia crucial al interjuego de las vidas subjetivas de ambos participantes.
Como podemos apreciar esta definición anterior es igual a la premisa constructivista básica que explica el funcionamiento de una pareja o de un sistema familiar como una coformación con el sistema terapéutico, con la resultante que constituye una nueva construcción, historia o narrativa.
Stolorow (1988) es otro psicoanalista que concibe al psicoanálisis como la "ciencia de la intersubjetividad" enfocada en el interjuego entre dos mundos subjetivos, el del observador y el del observado, agregando que el psicoanálisis es la única ciencia donde el observador es también observado (p.
332).
Esta opinión de una intersección o conversación de dos subjetividades ?el paciente y el analista? abre la puerta al reconocimiento de la subjetividad del terapeuta como un determinante en el destino de la terapia.
Naturalmente estas ideas nos conectan con la cibernética de segundo orden y con su principio básico que considera que todo proceso terapéutico es autorreferencial.
En tanto que esta nueva cibernética se encarga de los sistemas observantes y plantea que: una descripción implica a aquel que describe (Von Foerster, 1971) nos inclina a poner nuestro foco de atención en el terapeuta o psicoanalista que en un proceso intersubjetivo co-construye el proceso terapéutico.
Entre otras cosas, esta nueva epistemología constructivista ha permitido el diseño de una amplia variedad de estrategias que incluyen al terapeuta y su equipo en la construcción de narrativas o de nuevas alternativas de significados en el diálogo terapéutico.
Estas tácticas no significan de ninguna manera que se sustituya el mundo de creencias del paciente o pareja por el mundo o la ideología de el o (los) terapeutas, significa, por un lado, el reconocimiento responsable de la participación de la subjetividad del que observa y, por otro, de la utilidad de estas vivencias para enriquecer el proceso terapéutico y las alternativas del sistema que acude a buscar ayuda.
Siguiendo esta línea de pensamiento varios autores psicoanalíticos han sustentado la idea de considerar a la contratransferencia (entiéndase mundo interno o subjetivo del observador) como una herramienta útil, considerando que la empatía y la identificación proyectiva, representan aspectos interrelacionados de una secuencia necesaria para que el terapeuta procese las comunicaciones que son enviadas por el paciente (Tansey y Burke, 1989; Velasco, 1994).
Los antecedentes de este pensamiento están en los analistas que han examinado los estadios de los eventos que ocurren en el mundo interno del terapeuta en cuanto al procesamiento y posible respuesta a lo que recibe (Malin y Grotstein, 1966; Ogden, 1982).
Dentro de la perspectiva intersubjetiva habría que aclarar que existe una igualdad de los tres integrantes de la triada, igualdad en tanto contemplan los mismos mecanismos psicológicos y el deseo de una tarea compartida.
Sin embargo los roles son diferentes en tanto que la pareja busca la ayuda de un experto, una autoridad, palabra que parece estar satanizada como una reacción contra la idea positivista de terapeuta infalible que tenía la última palabra.
Estas conjeturas acerca de la importancia del factor intersubjetivo en el proceso terapéutico, favorecen la idea de que el terapeuta se puede equivocar en su aproximación de la realidad y que puede también darle significados diferentes a un mismo hecho, como ocurre cuando las narrativas acerca del pasado, cambian tanto en el paciente como en el terapeuta conforme se avanza en un tratamiento.
De esta manera la idea original freudiana de la transferencia, que dio lugar a un sinnúmero de avances en el campo de la psicología clínica, encuentra ahora con la segunda cibernética, una nueva línea de estudio al intentar explicar el mundo intrapsíquico del terapeuta, lo cual en nuestra opinión va más allá del concepto tradicional de contratransferencia.
Esta nueva etapa paradigmática de la psicoterapia llamada constructivista, muestra entonces paralelismos importantes en estos dos campos e inaugura una línea de desarrollo que efectivamente, como lo ha señalado Von Glaserfeld (1994), significa una nueva epistemología que ofrece alternativas tanto para la investigación como para el diseño de estrategias terapéuticas más efectivas y comprobables.
Una propuesta intersubjetiva
En mi forma de pensar, la perspectiva intersubjetiva permite una integración de postulados constructivistas y psicodinámicos en cuanto a su aplicación a situaciones clínicas específicas como son el entendimiento y el tratamiento de las parejas.
Como hemos revisado previamente el constructivismo fue la resultante del estudio minucioso de los sistemas biológicos hasta llegar a la autoorganización y a la autoreferencia, el construccionismo observando los sistemas sociales, ha privilegiado la relación pronunciándose contra lo individual, la propuesta de Gergen en donde plantea substituir el tradicional dictum cartesiano de cogito ergo sum por el de communicamus ergo sum define más claramente esta postura.
En mi opinión estas ideas se complementan con la metáfora psicoanalítica que nos ha explicado la psicología individual en su dimensión intrapsíquica, considerando al inconsciente como el centro de las motivaciones y de los procesos psíquicos, lo que se ha denominado metapsicología, en otras palabras, esto se puede ver como una concepción profunda y detallada de la subjetividad.
La teoría de las relaciones objetales al abrir las puertas a la explicación metapsicológica de la interacción y al considerar a la relación como básica en el desarrollo y el proceso terapéutico, no sólo nos conecta con el construccionismo, sino que dirige nuestra atención al evento intersubjetivo de la pareja de la triada o de los grupos.
Según pienso, la corriente intersubjetiva aplicada a la psicoterapia permite dar un paso adelante en nuestro esquema teórico, como si fuera una lente de mayor acercamiento para estudiar los procesos de la construcción en las triadas terapéuticas, integrando en su concepción no sólo lo relacional, o lo intrapsíquico de los tres participantes (tres subjetividades), sino también la anatomía de la nueva construcción que resulta.
Lo que propongo es entonces un modelo psicodinámico-constructivista que con un enfoque intersubjetivo nos de una mejor aproximación de lo que ocurre en el proceso terapéutico de una pareja y las construcciones que se derivan.
Este modelo integrativo puede englobar los conceptos transferencia y contratransferencia, que han sido visualizadas tradicionalmente como dos subjetividades opuestas, también comprendería la empatía, que como hemos revisado, es un mecanismo intrapsíquico susceptible o no de la respuesta del otro.
Naturalmente este modelo trabajaría con la identificación proyectiva en sus distintas fases, lo que es evidentemente un evento intersubjetivo.
Otros elementos que se incluyen en esta propuesta serían el tomar en cuenta los diferentes aspectos de la familia de origen de los tres participantes, tanto en términos de la relación de objeto internalizada y actualizada en el presente, como también en lo que se refiere a la transmisión de patrones intergeneracionales conscientes e inconscientes.
Con este modelo, una tarea básica será el trabajo intenso con las vivencias que le ocurren al terapeuta, en donde funcione como una caja de resonancia que permita una continua evaluación del interjuego de los tres participantes en la situación terapéutica.
En esta tarea, el terapeuta deberá permitirse la libertad de conectarse continuamente con sus estados de ánimo en las sesiones, con sus fantasías y asociaciones que le despierte la pareja, también prestará atención a sus preocupaciones del día, a su situación personal de pareja y a su posición profesional.
Con este modelo se prestará atención a los eventos intersubjetivos intensos de los participantes y a la nueva construcción que de ellos resulte, Ogden (1994) tiene una idea similar sobre la importancia de esta nueva formación a la que le llama "el tercer analítico".
Conclusiones
? Por diferentes caminos, nuevos desarrollos de la teoría psicoanalítica y el constructivismo han llegado a una serie de convergencias que están dando lugar a cambios radicales en la concepción de la naturaleza de la psicoterapia.
? El psicoanálisis, por su lado, ha reconocido la presencia activa del mundo subjetivo del analista en la construcción del encuentro transferencial-contratransferencia, coincidiendo con el postulado cibernético que enfatiza que toda construcción implica al observador.
? La teoría de relaciones objetales al considerar a la relación como básica en el desarrollo y el proceso terapéutico, nos conecta con el construccionismo y dirige nuestra atención hacia los eventos intersubjetivos de la psicología de dos o más personas.
? La perspectiva intersubjetiva de la psicoterapia esta vinculada estrechamente con estas ideas, ya que le concede una importancia fundamental a la influencia recíproca consciente o inconsciente de las subjetividades de los participantes en el encuentro terapéutico.
? El enfoque intersubjetivo permite lograr una mayor profundidad para estudiar los procesos de construcción que se dan en el tratamiento de parejas, integrando en su concepción, no sólo lo intrapsíquico psicodinámico (las subjetividades), sino también lo relacional del construccionismo y la anatomía de la nueva construcción que resulta.
? Se propone entonces un modelo psicodinámico-constructivista con un enfoque intersubjetivo para una mejor aproximación en el estudio y tratamiento de las parejas, este modelo integral trabaja con el eje transferencial-contratransferencial, con la empatía y la identificación proyectiva.
Incluye también los distintos aspectos de las nuevas construcciones que se forman de la intersección de las familias de origen de los tres participantes.
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1 Trabajo presentado en el taller titulado: Enfermarse y curarse a través del otro: El método psicoanalítico con parejas durante el 42¼ Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
? Psicoanalista titular y didáctico de la Asociación Psicoanalítica Mexicana y Terapeuta de parejas del Instituto de la Familia A.C