Creactica, una empresa fundada en la Ciudad de México que tiene como misión estimular la creatividad en los niños para enseñarlos a pensar por medio de las manualidades
Hoy, Julieta cumple 41 años.
Lejos están los días en que tuvo que sacar a su hija, Abril, de su recámara para ponerse a hacer algo que les diera para comer.
Una de sus pasiones son los niños, por algo toda su vida ha trabajo para ellos.
Esta mujer, quien se divorció hace trece años, es diseñadora gráfica de profesión y por los sinsabores de su carrera, sufrió un segundo divorcio, pero en este caso de los diseñadores, y comenzó a trabajar para los niños en revistas, campañas, etcétera.
Eso la llevó a aprender sobre pedagogía, psicología infantil y todo lo referente al campo de trabajo con chiquillos.
Sin saber que más tarde serían la tabla que la sacaría a flote.
Su último empleo fue en una revista de pedagogía y psicología: "La revista era muy buena, pero no tenía buena venta de publicidad.
Tú ves cuando el barco se empieza a hundir, yo me imaginaba que eso iba a tronar y empecé a guardar la mitad de mi quincena para un negocio y el resto para sobrevivir con mi hija en economía de guerra", dice Julieta Flores en entrevista con EL UNIVERSAL online.
Así estuvo, "fletándosela" con su hija hasta que la empresa para la que trabajaba cerró.
Con el dinero que ahorró, compró maquinaria para hacer material didáctico.
Lo primero que hizo fueron unos títeres digitales de fieltro alemán cocidos a mano.
Con ello, recuerda que cuando tenía siete años, hizo su primer títere digital para darle una función a su mamá y sus hermanos: "Cosa que caía en mis manos, lo convertía en algo diferente, siempre se me dio mucho la cuestión creativa, de hacer cosas, de diseñar".
De esta forma, comienza hace 10 años la historia de Creactica, una empresa fundada en la Ciudad de México que tiene como misión estimular la creatividad en los niños para enseñarlos a pensar por medio de las manualidades:
"Cada vez que un niño desarrolla una actividad manual, favorece la conexión de neuronas, cada vez que una neurona se conecta con otra, se hace una sinopsis, la cual forma dendritas que es donde fluye el pensamiento en el cerebro.
La idea de darle al niño material didáctico para estimular su creatividad, es formar nuevas carreteras de pensamiento porque esto en la vida adulta, te da una mejor capacidad de resolución de problemas".
Julieta es la dueña de al empresa y emplea directamente a 10 personas: "Cuando todo empezó, mi hija era muy pequeña, ella era la referencia; además como siempre trabajé para niños, tenía mucha idea del qué y el cómo, sólo tenía que desarrollarlo.
También me iba afuera de las escuelas a levantar un tipo de encuestas para ver si a las mamás les interesaba el producto".
Hoy su catálogo es de 54 productos; 11 son los más vendidos.
Uno se llama "Trabajando texturas", contiene semillas, aserrín, algodón, diamantina, pegamento, una brocha y diversas telas: "La idea es que los papás y los niños abran la cajita y desarrollen cualquier cosa que se les ocurra, con eso fomentamos la creatividad, además tiene un instructivo con los objetivos didácticos para pre-escolar y primaria, así como propuestas de lo que se puede desarrollar con el material".
Creactica desplaza aproximadamente 500 piezas por kit al mes.
Sus mejores ventas las reportan en verano y temporada navideña.
Creando
Para arrancar, estima que su inversión inicial fue de aproximadamente 30 mil pesos.
En aquel tiempo ganaba 5 mil pesos, de los cuales guardó la mitad durante un año.
Tardó cuatro años en recuperar lo que había invertido:
"Me costó mucho trabajo arrancar.
Mi principal problema fue mi ignorancia en la cuestión comercial y de empresas, a la fecha todavía necesito de gente que me lleve las cuestiones contables y administrativas.
Me costó mucho trabajo abrirme camino en las tiendas porque me pedían volúmenes de compra que no podía sacar sola, porque todo lo hacía yo desde la recámara de mi hija".
La empresa ha ido creciendo del dinero que le ha dado el mismo negocio: "Desgraciadamente nunca pude pedir préstamos a bancos porque te piden las perlas de la virgen en garantía y no las tenía.
Finalmente, lo que iba ganando, lo reinvertía.
La economía de guerra del primer año de ahorro, se prolongó los primeros cuatro años de operación.
"He tratado de acercarme al Banco Nacional de Comercio Exterior porque se supone que te ayudan a exportar tu producto, pero eso también es un cotorreo inmenso y prefiero esperarme a cuando tenga más capital y la economía de la empresa sea diferente para financiar mi exportación".
Sus clientes
Su primer cliente fue una librería llamada "Colorines"; después vino "El Papalote, Museo del Niño", lo que significó su oportunidad de crecimiento, pues el volumen de los pedidos, le permitió capitalizarse.
Hoy venden en librería Momo (en el Pedregal de la Ciudad de México), Museo de San Ildefonso, Parque Ecológico de Xochitla, librerías Gandhi.
Están por entrar a papelerías Lumen: "Soy muy selectiva en donde voy a vender el producto, pero es difícil porque el material que yo ofrezco es para rescatar lo que se llama tiempo de calidad en la convivencia entre padres e hijos".
Sus planes son exportar, principalmente a Europa.
Asimismo planea abrir una escuela de arte para niños; hoy da clases de creatividad en una: "Tengo mucha fe en mi país, lo amo mucho, y creo que para que crezca, se tiene que trabajar donde hay futuro y lo hay con los niños".