
Las complicaciones más peligrosas son las crisis epilépticas o comiciales, que se dan en menos del 3 por ciento de los casos, y en mayor medida el delirium tremens, que afecta a menos del 5 por ciento de los pacientes con síndrome de abstinencia, pudiendo incluso causar la muerte.
"El síndrome de abstinencia por alcohol es el más grave que se conoce, incluso por encima del de la heroína, que es el más conocido", dice Manuel Sanchis Fortea, jefe de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria de Alcoholismo y Drogodependencias del Hospital Provincial Padre Jofré, de Bétera (Valencia), pionera en la asistencia sanitaria de drogodependientes, con 30 años de experiencia.
También "es el que puede traer mayores complicaciones", como el delirium tremens, que aparece en menos del 5 por ciento de los casos y puede causar la muerte.
Los cuadros epilépticos constituyen otra grave complicación en la evolución del síndrome de abstinencia, con una incidencia en torno al 3 por ciento.
"El cambio de percepción social del alcoholismo, de ser visto como un vicio a considerarse una enfermedad, ha posibilitado que los pacientes acudan antes al sistema sanitario", por lo que las intervenciones son más precoces y no se da tiempo a que el deterioro psico-orgánico se manifieste.
Así, "los síndromes de abstinencia por alcohol son menos peligrosos que los de hace 25 años", afirma.
Los síntomas suelen comenzar cuando las concentraciones de alcohol en sangre disminuyen bruscamente.
En la unidad dirigida por Manuel Sanchis "es habitual el trato con pacientes que sufren temblores, sensación de náuseas, agitación, insomnio y polineuritis (deteriro del sistema nervioso periférico)", como síntomas más característicos.
El perfil de los pacientes que ingresan en la unidad se ajusta al de una persona de entre 28 y 30 años y de sexo masculino en su mayoría.
Además, suele haber estado bebiendo de manera continuada durante aproximadamente 10 años, habiendo alcanzado, de manera progresiva, un consumo diario cercano a los 400 gramos de etanol (en torno a 4 litros de vino).
Esto es lo que se conoce como la tolerancia al alcohol, que se adquiere con el tiempo y es una característica básica del paciente dependiente.
"Lo que se busca con esto es experimentar la misma sensación de la primera vez, para lo que se necesita cada vez mayor cantidad de alcohol".
En el caso del alcoholismo femenino, la proporción actual es de tres mujeres por siete hombres.
"La sociedad no ha asumido el alcoholismo femenino y la mujer sigue bebiendo a escondidas", por lo que el deterioro es tan grave como el del varón hace unos años, cuando el alcoholismo era considerado un vicio y no una enfermedad.
Para ingresar en una unidad como la del Hospital Padre Jofré, el paciente debe poseer una trayectoria alcohólica de varios años, consumir en torno a 400 gramos diarios, padecer alguna patología asociada -somática o psiquiátrica- o tener problemas sociales o judiciales relacionados.
Debido a esto, "el objetivo básico de la unidad es el tratamiento del síndrome de abstinencia, así como el diagnóstico de procesos asociados -en caso de haberlos- y la posterior derivación del paciente.
Actualmente los pacientes que ingresan vienen derivados, en su mayoría, de las unidades de conductas adictivas de los hospitales", que son relativamente jóvenes (apenas llevan funcionando cuatro años).
El resto proviene de los recursos municipales de los ayuntamientos.
También se acepta a pacientes que piden el ingreso por iniciativa propia, en concordancia con los actuales criterios de la Organización Mundial de la Salud, que "ya no se centran en la abstinencia como objetivo básico, sino también en que el paciente entre en contacto con el sistema sanitario".
Clometiazol
"El tratamiento básico de desintoxicación por alcohol es farmacológico" y previene la aparición del síndrome de abstinencia.
"El tratamiento básico consta de clometiazol, que se utiliza junto con un antiepiléptico -para prevenir posibles crisis- y dosis elevadas de complejo vitamínico B".
El clometiazol es un fármaco revolucionario, con apenas efectos secundarios.
"Los más comunes son la rinorrea y el estornudo", así como el inherente a todo fármaco: la posibilidad de crear dependencia.
Sin embargo, no tiene ninguno especialmente peligroso para la salud.
Si hay intolerancia se utilizan otros fármacos similares, aunque sólo ocurre en contadas ocasiones, pues incluso se utiliza hoy en día como tranquilizante menor, por ejemplo, en personas mayores.
El cumplimiento del programa terapéutico es del 96 por ciento en la unidad.
Una vez realizada la desintoxicación, los pacientes son derivados a otros centros para la deshabituación.