La feroz escalada de ataques y atentados de la resistencia, la posibilidad de ser emboscados y eliminados en cualquier momento por un ataque sorpresa, puso a los soldados y oficiales norteamericanos en un estado de nerviosismo que ronda el "pánico".
En los últimos días, diversos informes y estudios, tanto civiles como militares, van dando cuenta de los grados de alienación y paranoia que padecen los soldados de la fuerza norteamericana ocupante en Irak.
Un último informe del Pentágono, conocido la semana pasada, revela que más de un tercio de los soldados estadounidenses que regresaron de Irak necesitaron terapia psicológica, y que los suicidios y las enfermedades mentales son parte integrante fundamental de lo que lo expertos describen como el "colapso psicológico y mental" de las fuerzas norteamericanas invasoras en Irak.
El 35% de los veteranos de Irak recibieron atención de salud mental durante el primer año de su regreso, según el estudio publicado por el Journal of the American Medical Association.
Además, al 12% de los más de 220.000 soldados e infantes de marina del estudio se les diagnosticó algún trastorno mental.
El 19% de los que volvieron de Irak presentaba problemas de salud mental, comparado con el 11% de los que retornaron de Afganistán y el 8,5% de quienes lo hicieron de Bosnia y otros lugares.
"Esta presión, si no se alivia pronto, tendrá efectos muy destructivos y potencialmente de largo plazo sobre las fuerzas", indica.
Otro estudio hecho para el Pentágono y difundido hace dos semanas, señala que los soldados estadounidenses están "sobrecargados de tareas y de presión psicológica" debido a las frecuentes rotaciones a Irak y Afganistán, y que el Ejército se ha convertido en una "fuerza verde frágil" que pronto podría colapsar a menos que pronto haya alivio.
Andrew Krepinevich, oficial retirado del Ejército que escribió el informe gracias a un contrato con el Pentágono, concluyó que el Ejército no puede continuar destacando a más soldados a Irak como lo ha estado haciendo por la enorme presión psicológica que genera ese país en las tropas.
Otro informe, elaborado por ex funcionarios de la presidencia de Bill Clinton, dice que la presión de los repetidos despliegues de tropas era muy destructivo para la psicología y la moral de las tropas y podría tener efectos devastadores sobre el ejército norteamericano.
El estudio comisionado por los miembros demócratas del Congreso incluye al ex secretario de Defensa, William Perry y a la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright entre sus autores.
Afirma que el ejército estadounidense se ha desempeñado admirablemente en las operaciones recientes, pero se encuentra bajo "enorme presión psicológica" en Irak.
Locura mortífera
Pero antes que en los informes médicos la demencia genocida de los marines invasores ya fue registrada por el pueblo iraquí quien debe convivir a diario -además de las bombas y los asesinatos- con la "locura de guerra" de los soldados norteamericanos que, sin preguntar, disparan contra todo lo que se mueve en Irak.
Esto incluye animales domésticos que se les cruzan, perros o caballos, principalmente, la mayoría de las veces sospechados de portar explosivos colocados por la resistencia iraquí.
Además, y desde el año pasado, la prensa internacional y sus corresponsales vienen presentando testimonios recogidos entre la población civil de casos de "gatillo fácil" entre las fuerzas como producto de la paranoia del ejercito ocupante que dispara "al bulto" ante cualquier situación sospechosa.
La feroz escalada de ataques y atentados de la resistencia, la posibilidad de ser emboscados y eliminados en cualquier momento por un ataque sorpresa, puso a los soldados y oficiales norteamericanos en un estado de nerviosismo que ronda el "pánico".
En todo Irak, principalmente en su capital, Bagdad, comienza a extenderse un sentimiento generalizado de indignación y de miedo a transitar por las calles, principalmente por las carreteras, por temor a ser muerto por alguna de las patrullas militares que se desplazan en blindados y disparan sin preguntar ante la menor sospecha.
Marines norteamericanos, en un estado de "nerviosismo" que ronda el pánico, comienzan a disparar contra todo lo que se mueve a su alrededor, relatan testigos, casi a diario, a las agencias y corresponsales.
Todos los días se conocen historias trágicas de acribillamiento de vehículos particulares en las calles o carreteras de Irak, con heridos, victimas fatales, autos destruidos y cubiertos de sangre, y ciudadanos civiles convertidos en blanco permanente de las balas invasoras.
Los asesinatos de civiles son, muchas veces, consecuencia de los disparos erráticos de "nerviosos" soldados estadounidenses, como las muertes ocasionadas por disparos "por equivocación" de los marines alienados contra las fuerzas extranjeras que integran la coalición ocupante.
Esta situación -según relatan los propios habitantes- generó, más que ninguna otra, un extendido y creciente sentimiento "antinorteamericano" cuyos efectos se extiende por todas las capas sociales de la sociedad iraquí, incluida la poderosa comunidad chiíta, que hasta ahora mantuvo una postura "moderada" con las tropas ocupantes.
El mando militar invasor justifica estos ataques mortales contra civiles aduciendo "medidas de seguridad" que sus tropas adoptan ante la indetenible ola de ataques rebeldes, cuyos blancos principales son las patrullas y los blindados ligeros que se desplazan por calles y carreteras.
Una estimación del comando central calculaba, en el mes de febrero, entre 50 y 60 ataques diarios de los rebeldes, un 70% de los cuales se realizaron contra patrullas y convoyes de transporte.
La agencia AP, por ejemplo, registró el testimonio furioso de varias víctimas civiles de la demencia de los marines, entre ellas el de Abdulá Mohammed, cuyo hermano fue muerto a a tiros por soldados estadounidenses, mientras conducía su coche por una calle en la ciudad de Ramadi.
Mohammed aseguró que su hermano se había acercado demasiado a una patrulla estadounidense.
"Lo mataron sin motivo, dispararon repentinamente contra su automóvil", indicó.
Los vehículos militares que patrullan Bagdad lucen leyendas en árabe que advierten a los demás a mantenerse alejados o de lo contrario corren el riesgo de enfrentarse a una "fuerza mortífera".
Similares advertencias están colocadas en los puestos de control estadounidenses distribuidos por toda la ciudad.
El hospital Yarmouk -uno de los muchos centros médicos de Bagdad- recibe numerosas víctimas de tiroteos de soldados norteamericanos enloquecidos cada día, señaló el doctor Mohamed Salaheddin a la agencia Europa Press.
Para los periodistas acreditados, como para el resto de la población, las muertes de civiles por disparos norteamericanos son tan comunes y rutinarias, que ni siquiera son difundidas por los medios locales e internacionales.
Marines dementes
El reporte pronostica problemas en el reclutamiento de nuevas tropas y en la retención de las existentes ante las repetidas giras internacionales y la falta de equipo vital.
Según un documento de la Marina de EEUU obtenido por la Unión Americana de Libertades Civiles y difundido por The New York Times, muchos marines sufren profundas enfermedades psiquiátricas después de servir en Irak y Afaganistán.
El documento señala que algunos marines relataron cómo habían matado a soldados iraquíes en combate o habían apuñalado a iraquíes que se hallaban en el suelo, con el fin de asegurarse de que estaban muertos.
Algunos de ellos fueron apuñalados hasta 28 veces.
Según The New York Times, el estudio demuestra que "uno de cada seis soldados norteamericanos tiene síntomas de aguda ansiedad, fuerte depresión o desorden de estrés postraumático, una proporción que, según algunos expertos, podría aumentar eventualmente hasta uno de cada tres, la tasa que fue hallada entre los veteranos del Vietnam."
Estos problemas psicológicos han incrementado la tasa de suicidios entre los marines norteamericanos, que ha alcanzado su nivel más alto de los pasados cinco años.
En 2004 hubo 32 suicidios confirmados o posibles de marines estadounidenses, sobrepasando así a los 28 ocurridos en 2001, cuando EEUU invadió Afganistán.
Aunque los marines son el cuerpo militar más reducido de EEUU, en lo que respecta al número de sus efectivos, han venido teniendo la tasa de suicidios más alta, una media de 25 al año, de entre los distintos cuerpos militares de EEUU desde 1999, año en que el gobierno estadounidense comenzó a conservar registros detallados.
Además, el Times señala que "hasta finales de septiembre, el Ejército había evacuado a 885 soldados de Irak por razones psiquiátricas, incluyendo a algunos que habían amenazado con o tratado de suicidarse.