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Doctorado en apagar cigarros

A. RUBIERA . La Nueva España

Una tesis del director de enfermería del área V concluye que los fármacos no mejoran la efectividad de los tratamientos psicológicos para dejar de fumar

Una tesis sobre la eficacia de tres tratamientos de deshabituación del tabaco llevados a cabo en el contexto de los centros de salud, y la comparación entre su eficacia básica y la combinada con el uso de parches de nicotina, le ha dado el título de doctor en Psicología a Fernando Alonso, director de enfermería de primaria del área V.

Su estudio, llevado a cabo en los últimos años con implicación de 164 fumadores, atribuye una eficacia de hasta el 40% (a un año vista) a los tratamientos psicológicos para dejar de fumar y suscribe que no aumenta el porcentaje por complementarse con tratamientos farmacológicos.


Ha tardado casi cinco años en acabar su tesis en Psicología, pero como más vale llegar a tiempo que rondar un año, le han dado el doctorado cum laude en el momento justo.

Fernando Alonso, director de enfermería del área V de Gijón, leyó hace una semana su trabajo de investigación, tutelado por el profesor Roberto Secades, sobre tres métodos de deshabituación tabáquica en atención primaria.

Dicen que el tribunal no le preguntó casi nada, sólo le hicieron recomendaciones para publicar cuanto antes la tesis, al calor de la nueva ley sobre consumo, venta, distribución y publicidad del tabaco.



«No lo he podido terminar en mejor momento», reconoce Fernando Alonso.

Natural de Mieres y criado en Oviedo, Alonso se diplomó en Enfermería por la Universidad de Oviedo, tiene una especialización en Logopedia y se licenció en Psicología por la UNED.

Además, es ex fumador.

Con su tesis quiso probar la eficacia de varios programas de deshabituación tabáquica desarrollados en la red sanitaria pública de atención primaria.

El trabajo de campo se llevó a cabo en tres centros de salud de Mieres e incluyó a 164 fumadores dispuestos a dejarlo.



Con ellos se comparó la eficacia de tres tratamientos psicológicos, de intensidad progresiva, en un programa conductual.

Un primer grupo sólo recibió en consulta un consejo breve, pero personalizado, y con entrega de folletos sobre cómo dejar de fumar.

A un segundo grupo se le incluyó en un programa de autoayuda con seguimiento telefónico, y en el tercer bloque el programa psicológico, multicomponente, era más intensivo e incluía cinco sesiones de terapia, una por semana, de veinte minutos de duración.



En cada uno de los grupos se incluyó además otra variable: se comparó la efectividad del tratamiento básico con otro donde los fumadores, además, acompañaban el tratamiento psicológico con uno farmacológico basado en parches de nicotina.

En total fueron seis las condiciones experimentales.



Fernando Alonso ha ratificado con su trabajo que «el consejo antitabaco en una consulta de primaria es la actividad preventiva más eficiente que pueda llevarse a cabo en materia de salud.

Si cada médico y enfermera se tomaran un tiempo sólo en aconsejar el abandono del tabaco, el impacto sería importante.

Y ya, si se acompaña de acciones más intensivas, el número de ex fumadores aumentaría bastante más», sostiene.



Algo que queda claro con los resultados de su tesis.

«Al año de seguimiento, los abandonos del tabaco oscilaron entre el 12,5% del consejo al 40% del programa psicológico intensivo», expone Alonso.

El programa de autoayuda y seguimiento telefónico tuvo una efectividad del 30%, «lo que demuestra que incrementa la adhesión al programa hacer un refuerzo continuo de los logros del paciente, de lo que va consiguiendo, aunque sea por teléfono.

Logra mantener la motivación y eso es lo fundamental», expone Alonso.



Respecto a los parches de nicotina, asegura que no encontraron diferencias entre los tratamientos aplicados sin apoyo farmacológico o con él.

«La aplicación de parches de nicotina, en nuestro estudio, no mejoró la efectividad del tratamiento psicológico», explica.

Para Alonso, esa conclusión, junto a demostrar lo esencial que resulta el tratamiento psicológico para la deshabituación, es de las más interesantes que aporta el estudio de cara a la aplicación práctica.

«Viene a decir que el tratamiento farmacológico, si bien puede ayudar a algunos fumadores en la fase de abandono, no debería ser el tratamiento de primera elección para todos los fumadores, porque está visto que no mejora la efectividad» y, sin embargo, encarece de forma muy importante los costes.


Sin medicar
Por eso, Fernando Alonso respalda que el Principado no vaya a recurrir de forma fundamental a los chicles de nicotina para acompañar las medidas de deshabituación tabáquica.

«Se deben potenciar los tratamientos más conductuales, que son más eficaces y baratos.

Lo contrario, recurrir a los parches o los chicles, sería contribuir aún más a medicar a la población», considera.



Fernando Alonso está convencido de los elementos «muy positivos» que tiene la ley que entrará en vigor el 1 de enero.

«Lo que hace la ley es corregir la legislación española y alinearla con la de otros países que regularon antes estos aspectos.

España era demasiado laxa en este tema, y las limitaciones a la venta, suministro, consumo y publicidad van a tener un impacto muy positivo sobre la salud de los fumadores y los no fumadores», argumenta.



Según la última encuesta nacional de salud, en España fuma el 28,12% de la población mayor de 16 años.

Seis puntos menos que en la última encuesta, pero aún por encima de otros países del entorno.

Y se percibe adelanto en la edad de adquisición del hábito de fumar entre adolescentes (situado en 17,3 años en 2003) y mayor impacto en el grupo de mujeres.

Precisamente Alonso recuerda en su estudio todos los trabajos internacionales que ratifican que ser mujer y adulto joven son dos características que afectan al nivel de dependencia, imprimiendo más dificultad a la intención de dejar de fumar.

«Siempre habrá un porcentaje de fumadores que va a necesitar más tiempo o más intentos, pero a la larga la mayoría pueden dejar de fumar», dice el nuevo doctor en Psicología.