Aunque hoy las preadolescentes tienen más información, la llegada de la menstruación sigue provocando vergüenza y miedo.
La familia debe crear un espacio para que ella inicie más segura su camino a la madurez.
El tema lo han comentado entre las amigas; más de una ya lo vivió y el resto ha tomado precauciones.
Teresita decidió dormir con calzones para cuando llegue el día D.
No quiero que me pille desprevenida, le comentó a su mamá, quien considera que su hija, casi de 12 años, se está tomando demasiado a pecho el momento en que llegue su primera regla.
La menarquia o primera menstruación es un proceso que desde hace siglos ha marcado el paso de niña a mujer.
El comienzo de la fertilidad.
Miedos e inseguridad en algunas, vergüenza en la mayoría, son los sentimientos asociados al evento.
De hecho, Teresita ya tuvo un primer problema.
Una amiga le contó que se había enfermado, pero le hizo prometer que no se lo diría a nadie.
Craso error: ya todo el curso lo sabe y la amistad está en problemas.
Dentro de los cambios biológicos puberales, éste es el signo más potente para la adolescente de que se ha dejado atrás la infancia.
Y lo es también para los padres, porque su propia actitud hacia la niña cambia, dice Verónica Gaete, pediatra infanto-juvenil del Centro de Salud del Adolescente Ser Joven, de la Universidad de Chile.
Es un paso que en las niñas genera una mezcla de inseguridad y temor.
Algunas sienten un rechazo a menstruar, porque lo identifican con ser grande, y si viven, por ejemplo, en una familia con miembros aproblemados, no querrán ser adultas, explica la ginecóloga infanto-juvenil Andrea Schilling, del Centro de Salud del Adolescente de la Clínica Alemana.
Rabia es lo que observa la doctora Gaete en las preadolescentes que, aunque manejan información y no creen en los mitos asociados al fenómeno, se resisten a enfermarse.
Y no menor es la lata que les da la visita mensual de ese proceso biológico.
Pero este nuevo paso se puede vivir de manera muy positiva en un ambiente donde se valora el desarrollo y el crecimiento del ser humano, cree la pediatra.
Por eso, aconseja que las niñas puedan conversar del tema, despejar dudas y evitar ideas pesadillescas, como por ejemplo, que el fluido menstrual será muy intenso y mancharán la ropa.
Otra pesadilla es ser la primera del curso en menstruar.
Es natural sentir un poco de pudor, porque a esa edad todas quieren ser iguales y si algo las marca como diferentes las avergüenza y genera rechazo, comenta la ginecóloga Schilling.
Por eso la información es clave para evitar complejos innecesarios.
Si ellas saben que luego de la primera regla el crecimiento se hace más lento y que a causa de los estrógenos se tiende a engordar, estarán preparadas para asumirlo.
¿Seré normal?
El proceso sigue una línea definida.
Se estima que lo normal es que el desarrollo comience entre los 9 y los 13 años con la aparición del botón mamario y, unos seis meses después, los primeros vellos axilares y púbicos.
Dos años más, en promedio, son necesarios para que aparezca la menarquia.
Los adolescentes viven los cambios corporales como la irrupción de elementos extraños en su cuerpo y a algunos les cuesta asumirlos.
Éstos generan mucha inseguridad y la pregunta es siempre ¿seré normal?, explica la pediatra Gaete.
A pesar de que los dos primeros años de menstruaciones suelen ser irregulares y el proceso tiende a estabilizarse en el tercero, no todo cae dentro de la categoría de normal.
En general, al no ser ovulatorios, los primeros ciclos no debieran doler o, al menos, muy poco.
Por eso, si se comienza a menstruar con fuertes dolores puede existir algún problema y es aconsejable visitar a un ginecólogo infanto-juvenil.
El cambio de carácter también tiene límites.
Para la ginecóloga Schilling, cuando el proceso emocional interfiere con la vida diaria de la niña hay que poner atención.
Si se pone tan sensible que no es capaz de ir al colegio o tan irritable que siempre la mandan a la inspectoría castigada justo antes del período, habría que verlo.
El flujo menstrual es otro indicador.
Se considera normal entre un día de sangrado y menos de 7, señala la ginecóloga.
Y lo pone en perspectiva: en sus primeros períodos una niña no debiera ocupar más de cinco toallas higiénicas al día.
Hay que recalcar la importancia de que las chiquillas adquieran el hábito de registrar sus reglas, porque si tienen que ir al ginecólogo lo primero que les va a preguntar es por el calendario, agrega la enfermera matrona Mabe González, también del centro de Salud Ser Joven.
A pesar de sus bemoles, los especialistas concuerdan en que para enfermarse sin consecuencias molestas, lo importante es hacer vida normal.
Una de las estrategias para enfrentarlo es que mientras más cosas haces menos te va a doler.
Y específicamente, es bueno hacer ejercicio, porque aumenta las endorfinas que producen bienestar, recomienda la doctora Andrea Schilling.
De baños y limones
Al estrés de no saber cuándo ni cómo llegará el mítico andresito (otro nombre recurrente para la menstruación), algunas niñas asumen como verdaderos ciertos mitos de vieja data.
Para nuestras abuelas no se debía batir mayonesa, bañarse, comer limón, lavarse el pelo ni hacer deporte mientras se estaba con la regla porque ésta se cortaba.
De acuerdo con la enfermera matrona Mabe González, todavía quedan resabios de eso en personas con poca información.
También se cree que la sangre que se elimina está podrida, entonces si alguna vez les falta un ciclo, lo que es muy frecuente en los primeros años, está el susto de a dónde se fue o si hace daño retenerla, cuenta la enfermera.
Por el contrario, las recomendaciones para esos días es que las niñas se bañen diariamente, se cambien de toalla higiénica unas tres o cinco veces al día, dependiendo del flujo, y utilicen una de tipo nocturna más absorbente; hagan deporte.
Si existe dolor en exceso se debe consultar al médico y no tomar cualquier analgésico que esté a la mano.