
"Uf, mi autoestima baja me jugó muchas malas pasadas cuando era más joven", comenta Consuelo, una profesional de 33 años que ahora recuerda con una mueca amarga en la cara los pololos que perdió e, incluso, los buenos trabajos que dejó ir porque se sentía incapaz de asumirlos.
"Hay un pololo en particular que me gustaba mucho, y que me costó un mundo olvidar.
Él era estupendo y como yo no podía creer que se fijara en mí, le di "poca bola" y terminó entusiasmándose con una niña que lo persiguió mucho.
Eso fue en la universidad y me dejó mal, porque siento que me confirmó la mala percepción que tenía de mí".
Consuelo egresó con buenas notas y encontró trabajo de inmediato.
"Como en lo sentimental me iba mal, decidí volcar todo mi interés y tiempo en la pega.
¡Pésima idea! Me bajó un estrés laboral terrible y me quedé sin nada en qué sostenerme.
Pero el golpe me abrió los ojos y, después de muchas conversaciones con amigas y la sicóloga, vi que no era ni tan fea, ni tan tonta, ni tan poca cosa.
Costó, pero al final ese proceso me hizo descubrir la persona "chora" y querible que soy".
Nadie llega a una consulta psiquiátrica o sicológica pidiendo ayuda por la baja autoestima.
Pero en la terapia esta mala autovaloración o poco cariño por sí mismo aparece como un componente importante de sus padecimientos.
"Llegan contando que le tienen pánico al trabajo, que no pueden enfrentar al jefe, o que en el plano sentimental tienen celos de su pareja, que creen que él o ella no los quiere o porque no se atreven a relacionarse con otras personas", grafica Paola Vergara, sicóloga del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC).
Son, en general, personas a quienes la inseguridad, las dudas sobre sus propias capacidades y el hecho de que nunca se sintieran valoradas las inhiben en sus relaciones interpersonales y las dejan con menos fuerza para enfrentar los problemas de la vida.
La buena autoestima se forma en la niñez, pero va variando a través de la vida y puede ser "trabajada" y mejorada en la adultez.
Exigencias realistas
Una fuente de autoestima en la adultez es estar a la altura de lo que uno espera de sí mismo.
"Si ayudé a una persona y tengo el valor de la generosidad, me sentiré satisfecho y contento", ejemplifica el doctor Marcello Girardi, psiquiatra y psicoanalista.
Mientras más cerca se halla una persona de lo que aspira a ser, más contenta estará consigo misma.
"Y eso será en la medida que sus ideales sean realistas, porque si sus normas o exigencias son incumplibles, va a estar con la autoestima por el suelo siempre".
A Rosario (36 años) le ocurre algo así.
"Me pasa algo bien paradójico: siento que mi autoestima es baja, pero al mismo tiempo soy una persona bien autoexigente.
Nunca quedo conforme con lo que hago, porque siempre siento que lo pude haber hecho mejor, entonces eso significa que igual me siento capaz de eso, pero como no quedo feliz, me bajoneo".
Además de aterrizar las expectativas, la sicóloga del INC comenta que es necesario que la persona aprenda a "escudriñar" en aspectos de su vida que muchas veces son complicados y difíciles, pero que es necesario que sepa reconocer.
También se debe tener disposición al cambio, querer crecer y tener claro que no todo está dicho con respecto a uno mismo.
Algo que a veces se hace bastante difícil, porque en la adultez las ideas preconcebidas respecto a sí mismo, al entorno y a los comportamientos ponen obstáculos para hacer esta revisión con franqueza.
"Recuerdo a una persona con fobia social a la que le pedí que pensara en sus características positivas.
Me respondió que no tenía ninguna y entonces le pregunté: "¿Robas"? Como me dijo que no, le demostré que sí tenía una gran cualidad: la de ser honrada".
La idea, agrega, es buscar aquellas características o combinación de ellas que hacen a ese individuo único y diferente de todos los demás y que él logre validarlas y reconocerlas como tales.
Desequilibrio
Otra fuente de valoración en la adultez, agrega el psiquiatra, es el amor de otro.
"El motivo por el que con mayor frecuencia las personas salen con su autoestima dañada es por los problemas de la vida amorosa".
Es frecuente que quienes se siente frustrados o han tenido desengaños en este aspecto, lo eviten y opten por reemplazarlo por otro, como el laboral o el culto al cuerpo (ver recuadro).
"En algunas ocasiones, la persona puede compensar un poco, pero cuando provoca un desbalance y trata de tapar sus frustraciones amorosas sobre la base de una hipertrofia laboral, no le va a resultar, porque está esperando que el trabajo le dé algo para lo que no sirve".
Cuando se pierde esa armonía es un buen momento para pedir ayuda terapéutica.
"Es probable que la persona esté haciendo algo de lo que no es consciente y que no logra ver que tiene necesidades que están insatisfechas".
Porque, como aclara la psicóloga, la autoestima no va a comandar la vida de un adulto, pero sí va a facilitar o a entorpecer la resolución de problemas.
El cuerpo no es todo
La imagen física suele estar muy vinculada a la autoestima, sobre todo en la adolescencia, cuando se busca con entusiasmo la aceptación de los pares.
Sin embargo, una nariz poco agraciada, una barriga pronunciada o unos pechos demasiado pequeños a veces desvían la atención y sirven para explicar problemas que son del alma.
"El cuerpo tiende a ser sobrevalorado como una compensación para un déficit emocional", explica el psiquiatra Marcello Girardi.
Y aunque nadie desconoce la necesidad humana de sentirse contento con la imagen que le entrega el espejo, es cierto que las personas cuando se sienten insatisfechas prefieren echar mano al cuerpo, porque lo sienten más fácil de manipular y controlar que la parte emocional.
"Uno tiende a evitar los problemas emocionales y a pensar que cambiando el cuerpo puede corregir problemas de autoestima".
Si la dificultad es pequeña o si va acompañada de un cambio de actitud en la vida, la dieta, el implante o la liposucción tendrán un efecto positivo.
"Pero si tuvo un problema con la pareja y ésta se buscó a otro u otra, las problemas de autoestima no van a terminar.
Porque es muy difícil que un marido deje a su mujer por tener los pechos pequeños o que a él lo abandonen por tener la barriga muy grande".