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En el aniversario del nacimiento de Freud

Pablo J. Juan Maestre. Miembro y Profesor Asociado del Centro Psicoana


En el aniversario del nacimiento de Freud


 


Me piden que haga una reseña en el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Sigmund Freud? Casualmente hace unos días leí la reseña que le pidieron a Julio Cortázar sobre la muerte del Ché...

En ella, Cortázar dice que el no es un escritor de encargo, que no puede escribir de cualquier cosa, como si cualquier cosa, y que menos podría hacerlo de la muerte del Comandante Che Guevara.


 


Evidentemente yo no soy Cortázar, Freud no es el Che y un nacimiento no es una muerte, pero si yo hoy puedo hablar aquí así, asociando libremente, es gracias a que hace ciento cincuenta años, Freud nació en aquel pueblito de Centroeuropa.


 


Si los que me leen pueden permitirse y permitirme la libertad que me doy, es gracias a que un hombre exploró para nosotros el territorio desconocido que se extiende en nuestro interior?


 


Un hombre con una determinación de hierro, que no se dejó amilanar por vientos ni mareas.

Un hombre lúcido que supo ver el futuro y nos llevó de la mano hasta él.

Un hombre que abrió rutas que aún siguen transitándose y permitiendo que la Humanidad siga por esa senda descubriéndose más ella misma y a sí misma.


 


Sigmund Freud tuvo, además de grandes ideas y una determinación de hierro, la capacidad de escribir como uno de los grandes, y hasta los que no admiten su futuro, no pueden negar que, como escritor, está a la altura de los grandes.


 


Respetarán la figura de Freud de una u otra forma, pero seguramente me dirán que hablo así porque, si no fuera por Freud, yo no tendría de que comer, que mis intereses corporativos me obligan a hacer una semblanza laudatoria, que no puedo echar piedras sobre mi propio tejado?


 


Posiblemente no les falte razón, no puedo hablar de otro modo, pero no por las razones que ellos argumentarían, sino porque gracias a Freud y al método que él creó, yo me siento más vivo, más humano y más creativo que antes de conocerle.


 


Y es cierto, es el mío, el pago de una deuda interesada, Freud me curó de mi neurosis y me permitió ser uno entre otros, me dio la oportunidad de ocupar mi lugar en el mundo; el que yo me doy admitiendo ser quien soy.


 


Es Freud quien en su lucha por la verdad ensanchó mi horizonte más allá de la enfermedad neurótica, quien hizo que mi identidad cambiase, quien permitió que entendiese que la frontera entre lo sano y lo enfermo pasa por dentro de mí, y de cada uno, y no por fuera.

Quien me hizo más libre.

Quien me enseñó a respetarme en mis deseos.

Quien me enseñó a mantenerme fiel a una causa que, siendo la verdad, me causa.


 


Freud el legendario, el Titán, el Moisés, el Edipo, el padre de la horda, el hombre que dijo "mi fortuna es mi trabajo" y quien apostilló para aquellos que le creían un hombre que no disfrutaba de la vida: "No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida".

Freud hoy, ciento cincuenta años después de su nacimiento más vivo que nunca? Freud.


 


¿Y que tendrá que ver Freud con El Che?


 


Quizás nada o quizás todo.

El uno y el otro se preocuparon por el otro, por el ser humano, por su semejante; el uno y el otro lucharon hasta el final; el uno y el otro se quisieron y nos quisieron libres y autónomos; el uno y el otro pensaron la identidad, la libertad, la verdad, el amor, la vida y la muerte.

A uno le dieron caza y al otro le quemaron sus libros y a parte de su familia y pueblo...


 


Algunas cosas tienen en común? Y al final ambos quedan como iconos indestructibles del siglo XX: el Comandante y el Profesor.


 


¿Y Cortázar?...

Cortázar dijo lo que sigue, en aquella ocasión, hablando del Che.

Yo, hoy, en este ciento cincuenta aniversario, hablo de Freud, pero lo que dijo Cortázar entonces para el Che me vale hoy para Freud.


 


Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca pero no importaba.

Yo tuve un hermano que iba por los montes mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo, le tomé su voz libre como el agua, caminé de a ratos cerca de su sombra.

No nos vimos nunca pero no importaba, mi hermano despierto mientras yo dormía, mi hermano mostrándome detrás de la noche su estrella elegida.


 


Quizás para este siglo XXI, Freud pase a ser un hermano más que un padre; en cualquier caso, sigue siendo? de la familia, de la familia de la Humanidad y su Cultura.