CUANDO FELIPE, un arquitecto de 32 años, era niño, le encantaba ver a las mujeres andar en suecos.
Era apenas una curiosidad.
Pero en la adolescencia, verles los tobillos comenzó a excitarlo.
Finalmente, reconoció su pasión cuando la joven que le gustaba caminaba por ahí con los pies descalzos.
"Disfruto más un buen pie que una buena teta", dice.
Como él, muchos hombres involucran los pies en las relaciones sexuales.
Incluso, algunos de ellos no las conciben sin la intervención de los pies de su amada como preámbulo.
"Qué hacen? "De todo", cuentan quienes lo usan como herramienta sexual: besarlos, acariciarlos, lamerlos, chuparlos dedo por dedo hasta abarcarlos con la boca, masturbarse con ellos, incluso usarlos en la penetración.
"Hasta los 15 años me masturbaba sin mucha claridad en mis fantasías, pero los pies siempre estaban presentes -cuenta Juan Carlos, un ejecutivo de 36 años-.
Me acuerdo de que los de mis hermanas me excitaban mucho y cuando los veía no podía subir la vista".
La fascinación del pie constituye, según las teorías del psicoanálisis, un fetiche exclusivo de los hombres, y tiene que ver, según Freud, con un profundo deseo de no ser castrado.
La imperiosa necesidad del varón de ver los genitales de la madre desde abajo, quedó detenida en el camino por un mecanismo represor que lo confinó a bajar la mirada.
"Los pies de las mujeres, cuando los veo desde arriba, ejercen sobre mí una atracción irresistible", comenta Juan Carlos.
UN PIE ES SUPREMAMENTE EXCITANTE, SOBRE TODO SI TIENE UN ANILLO EN SUS DEDOS.
PERO TAMBIÉN TIENE QUE SER BESABLE, ACARICIABLE, CONSENTIBLE.
La adoración por el pie tiene también recovecos religiosos en el Antiguo Oriente.
En religiones como el budismo y el hinduismo, el pie ha sido un símbolo sexual arcaico de sabiduría y gracia.
En China existió por siglos la costumbre de vendar los pies de las niñas entre los 4 y 9 años para que no les crecieran.
La caricia de los pies femeninos formaba parte del erotismo chino, para mitigar el dolor que para estas jovencitas representaba el tener los pies vendados permanentemente.
Siglos después el encanto sigue intacto.
"Soy fetichista de pie, nadie lo sabe", confiesa Luis, de 28 años.
Y como él hay muchos.
En los blogs dedicados al tema, los usuarios confiesan que no lo cantan a gritos por temor a ser rechazados por sus parejas.
Sin embargo, los sexólogos no lo ven como una desviación.
La sexóloga Marta Lucía Palacios dice que en 24 años sólo conoce dos casos relacionados con la obsesión por los pies, pero que en ninguno de ellos había una preocupación particular en el paciente.
"La podofilia, más que una desviación, es una limitante".
En compensación, los amantes de los pies confiesan que su adoración por ellos tiene una ventaja enorme: "ninguna mujer te muestra fácil sus genitales ni sus senos; en cambio, no le ven problema a desnudar sus pies si les dices que les vas a dar un masaje".
Hay quienes los prefieren limpios y suaves; otros veneran la curvatura de la planta, motivo por el cual un pie plano es rechazado, mientras que otros disfrutan de anillos en los dedos.
Incluso, hay quienes han confesado que se enloquecen con los pies recién sudados, es decir, luego de una buena sesión deportiva.
Un ejemplo más de que en el complejo mundo del sexo hay todavía mucho por descubrir...
y por explorar.
BESITOS POR ALLÁ
Fernando Bernal, dueño del restaurante El Patio.
No tengo ni idea del origen de mi fijación, pero sé que la siento desde mi despertar sexual y sobre todo, desde mis primeros viajes a tierra caliente, cuando veía a todas las niñas descalzas.
Todavía guardo de allí una obsesión por los pies blanquitos por debajo y bronceados por encima.
Hubo un tiempo en el que nos íbamos de casas de citas con los amigos y hacíamos concursos del mejor pie.
A la ganadora se le daban más besitos que a las otras.
Les untábamos miel, trago.
Además, me gustaban lobitas, que tuvieran las uñas largas para que me rascaran.