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El 50 por ciento de bipolares abandonan la medicación

Loreto Glez. Goizueta. Viena Diariomedico.com

El trastorno bipolar afecta a un porcentaje significativo de la población.

Dos de los grandes problemas de estos pacientes son sus limitaciones sociales y la falta de cumplimiento terapéutico adecuado, lo que hace que aumenten las recaídas y el riesgo de suicidio.


 


El trastorno bipolar es una enfermedad crónica que se inicia en la juventud -en el 25 por ciento de los casos el primer episodio aparece antes de los 20 años-, muy prevalente y con importantes limitaciones sociales, según los datos de la encuesta Thinking Ahead, cuyos resultados se han presentado en el VIII Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica, que se está celebrando en Viena.


 


Por ello, la disposición de un tratamiento eficaz tanto para la fase maniaca como para la depresiva continúa siendo una de las prioridades para los especialistas.

No hay que olvidar que más de la mitad de estos enfermos dejan de tomar la medicación en algún momento de su enfermedad, exponiéndose a un elevado riesgo de recaídas y a un mayor peligro de suicidio.


 


Menos recidivas


Los resultados preliminares de varias investigaciones sugieren que los afectados con trastorno bipolar que reciben quetiapina, comercializada por AstraZéneca como Seroquel, mostraron una mejoría de los niveles de depresión, teniendo en cuenta los datos de la escala de depresión Montgomery-Asberg, desde el inicio hasta el final del tratamiento; un cambio significativo de los síntomas de ansiedad en comparación con placebo y una mejor calidad de vida generalizada frente a placebo en la cuarta semana.


 


En este sentido, Eduard Vieta, director del programa de Trabajo de Trastorno Bipolar del Hospital Clínico de Barcelona, ha señalado que "la quetiapina es eficaz para la fase de manía y además se tolera bien".


 


Vieta ha anunciado que "el estudio, que es novedoso, saldrá publicado en julio en American Journal of Psychiatry.

Este análisis pone de relieve que los antipsicóticos sí sirven para tratar la fase depresiva del trastorno bipolar.

Si hasta ahora se pensaba que sólo funcionaban correctamente para la fase maníaca y para la esquizofrenia, ya se ha comprobado que por su acción serotoninérgica también tienen una acción antidepresiva.

Es sorprendente que un mismo fármaco pueda tratar dos cosas tan diferentes".


 


Apoyo familiar


En relación a España, los afectados se sienten más comprendidos por sus familias que el resto de los participantes en el estudio.

En este sentido, Vieta ha señalado que "una de las ventajas de la cultura latina es que existe una red social potente, sobre todo familiar.

La gente cultiva mucho el contacto con su familia y, llegado el caso de una enfermedad, las respuestas son muy buenas".                                                                                Por otro lado, el 71 por ciento apuntaron que, en general, la gente no comprende su patología.

Quizá sea esta ignorancia la causa de su estigma.

Una buena forma de enfrentarse a la situación es la psicoeducación, una solución que hay que promover y para la que Vieta ha pedido más participación de la Administración.


 


El psiquiatra ha indicado que es necesario informar y formar a los pacientes en el conocimiento y manejo de su enfermedad.

"Hay que tener en cuenta que una parte lógica la debe tratar el especialista, y el resto la puede llegar a controlar el paciente, como saber discernir la diferencia entre un efecto secundario y un síntoma de la propia patología o qué hacer en cuanto notan un signo evidente que les permite atajar un nuevo episodio".


 


Teniendo en cuenta la experiencia del equipo de Vieta con el citado tratamiento, a largo plazo se mejora el pronóstico, se evitan hospitalizaciones y se reduce en consecuencia el gasto farmacéutico.