El derecho a vivir en familia es la prerrogativa infantil que los niños chilenos creen que se les respeta más.
Ser escuchados y opinar sobre los asuntos que los afectan, en cambio, es el que menos se les concede.
Así lo refleja la segunda Consulta Nacional "Mi opinión cuenta", que realizó el Servicio Nacional de Menores (Sename) entre 49.100 escolares, de 120 comunas del país, y que dará a conocer oficialmente esta mañana.
Básicamente, lo que hizo el Sename fue pedirles que eligieran de entre los diez derechos del niño cuál sentían ellos que era el que más se les respetaba en su comuna y cuál el que menos se les concedía.
Los resultados: los tres derechos que ellos sienten se les respetan más son el ya mencionado (con el 31,6% de los votos), la prerrogativa a estar en la escuela y recibir una buena educación (con 21,5%) y a ser cuidado por sus padres u otro adulto responsable (9,6%).
En la esquina de los menos respetados están su derecho a opinar (votado por el 21,5% de los niños), a vivir en un medio ambiente limpio y sin contaminación (20,9%) y el de ser bien tratado física y sicológicamente (11,4%).
Protagonistas
Al comparar estos resultados con los obtenidos en la primera consulta (efectuada en 2004), se puede comprobar que el respeto por los dos primeros derechos más atendidos no ha cambiado y que incluso este año subió el porcentaje de niños que votaron por ellos.
No pasa lo mismo con los menos respetados.
En la consulta anterior (en la que participaron 20 mil niños), el derecho que los niños sentían menos atendido era el de ser bien tratados física y sicológicamente, mientras que el de ser escuchados y poder opinar aparecía en el tercer lugar.
¿Por qué este cambio? Los especialistas creen que hay varios aspectos que pueden estar influyendo y que van desde la fecha en que se realizó la consulta este año, cuando el movimiento de los secundarios estaba en su apogeo, hasta cambios en la percepción que los mismos niños tienen sobre la importancia de lo que ellos opinan.
La sicóloga infanto-juvenil María Olga Herreros plantea que así como ha aumentado la preocupación por los niños y por el respeto de sus derechos, también se da una confusión de parte de algunos padres que dejan que el niño tome decisiones que, en realidad, les corresponde a ellos adoptar.
"Entonces, uno podría leer esto como una queja de niños que acostumbrados a ser protagonistas se enfrentan de vez en cuando con los límites paternos".
Por otro lado, dice la académica de la U.
Andrés Bello, también ocurre que las condiciones sociales y culturales modernas han coartado los espacios familiares.
"Luego, padres estresados, que llegan muy cansados a sus casas, no pueden poner atención a las demandas de contacto y conversación que tienen los niños".
Y eso redunda en que los más chicos no se sientan escuchados ni tomados en cuenta, pese a que han escuchado hasta el cansancio que ése es un derecho.
Sujeto de acción
Otro aspecto que llama la atención es la importancia que los niños dan al vivir en familia.
"Es importante que ellos conozcan este derecho y que lo valoren como el más respetado", dice Soledad Larraín, sicóloga infanto-juvenil y consultora de Unicef.
"Les están diciendo a los adultos lo importante que es para ellos vivir con su propia familia.
Y eso orienta a apoyar todos los programas de fortalecimiento parental y a ayudar a las familias en crisis a superar sus carencias, en vez de mandar a sus niños a una institución".
Paulina Fernández, directora del Sename, coincide con ese análisis.
"Lo que nos dicen los niños y niñas en la consulta es una luz para las políticas públicas de infancia, y por eso los resultados se los entregamos al consejo asesor de infancia".
Y en ese sentido, ejemplifica, la importancia que los niños le dan a la familia debería ser considerada en el minuto en que se determine cuál será la institucionalidad que se encargará del tema de la infancia.
La consulta, además, también se realiza para mostrarles a los niños y adolescentes que en la medida en que ellos opinen y participen, pueden comenzar a cambiar aquellos aspectos que no les gustan de sus vidas.
"Que puedan denunciar que sus padres los maltratan o contar que los dejan solos toda la tarde, los lleva a pensar que eso no es un "hecho de la causa", sino que ellos pueden ser sujetos activos en la construcción de sus vidas".
Niños sienten que no los escuchan
Pamela Elgueda. El Mercurio