En la actualidad, el 10% de los niños y el 20% de los adolescentes muestran antes de iniciar la vida adulta algún tipo de trastorno psiquiátrico.
Alrededor de un 8% de los adolescentes sufre una depresión en algún momento de su juventud y el 5,5% padece síntomas de ansiedad.
Las cifras, elaboradas por investigadores españoles, pone en jaque el mito de que la infancia es el momento más feliz de una persona.
"Una de las falacias de la sociedad contemporánea radica en pensar que la felicidad se encuentra fuera de uno mismo, y que los bienes materiales hacen más gozosa la vida, la nuestra y la de nuestros hijos.
Por eso queremos comprarlo todo, incluso su felicidad", afirma María Jesús Mardomingo, presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infantil y Juvenil y directora del curso El mito de la infancia feliz, que ayer comenzó en El Escorial dentro del ciclo de verano.
El mito de que la infancia es un periodo de la vida muy feliz no es real, según los psiquiatras, quienes destacan la gran dependencia con la que nace el ser humano, mucho mayor que el que tienen otras especies.
"El niño es un individuo muy necesitado de atención por parte de los padres y de la sociedad, pero unos y otros a veces no saben o no quieren atenderle de forma correcta", coinciden los médicos.
Los especialistas aseguran que la falta de autoridad en la familia y, sobre todo en la escuela, están impidiendo el desarrollo social y emocional de los más pequeños.
La falta de límites, de protección y de normas básicas de educación son factores desencadenantes de patologías como la ansiedad, la depresión, los trastornos de conducta, la hiperactividad, el déficit de atención y los trastornos obsesivos-compulsivos, las enfermedades que hoy prevalecen entre los más jóvenes, según el doctor Celso Arango, médico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, para quien el riesgo genético nunca es causa determinante en la aparición de un trastorno psiquiátrico.
"La interacción con el medio ambiente es lo que hace que se exprese o no se exprese finalmente la enfermedad", afirma.
El problema no termina ahí, todos los expertos coinciden en que el tratamiento de los niños es más complejo que el de los adultos, requiere "un arte especial" y una interacción más estrecha con los pequeños, a quienes los psiquiatras son capaces de detectar patologías incluso antes de cumplir el año, como el autismo.