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Tres tesis psicoanalíticas sobre el tiempo

Juan Fernando Pérez. https://www.wapol.org/fr/

Para examinar la cuestión del tiempo en la teoría psicoanalítica tomaré en cuenta tres tesis, una de Freud y dos de Lacan.

Ello no agota el trabajo del psicoanálisis acerca de lo temporal pero si constituye el marco primordial para definir su concepción del mismo.


 


1.- De la atemporalidad del inconsciente


La primera de las tesis consideradas aquí es la de Freud.

Éste señalaba de la manera más categórica que "el factor temporal (...) no rige para los procesos inconscientes" (Freud, 1914, p.

93, n.

8), que "los procesos del sistema Icc.

son atemporales" (Freud, 1915, p.

184).

Bajo enunciados así, Freud interpretaba un hecho ineludible, extraído de su labor clínica, el cual le condujo a una importante conclusión: la existencia de una radical insistencia, de una decidida inmutabilidad del sujeto humano con respecto a las formas de satisfacción que éste adopta desde de un momento dado.

A tales formas de satisfacción Freud las designará bajo el nombre de deseo, concepto decisivo en su teoría del inconsciente, en toda concepción psicoanalítica de la llamada "curación de las enfermedades mentales", en la posición ética freudiana ante las propuestas de domesticación de lo humano bajo diversos modelos terapéuticos u otras estrategias con fines análogos, y en múltiples temas fundamentales de la teoría y de la práctica analíticas.


 


La importancia que tiene una tal tesis no escapará entonces a muchos, y como se puede ver, va más allá del psicoanálisis mismo.

Si se toma en consideración por ejemplo, la posición que un sujeto dado asume frente a su identidad sexual (asunto éste que concierne a los humanos como sujetos singulares, pero también a las sociedades, de diferentes maneras) se observará que la misma requiere ser analizada en función de dicha inmutabilidad.

O, subrayémoslo, será punto importante cuando se trate de examinar en qué consiste la propuesta terapéutica del psicoanálisis.

Y muchos otros puntos quedan implicados bajo esta tesis.

Por otra parte, con ella Freud ponía en cuestión la teoría que había formulado Kant respecto a la inscripción absoluta del hombre en el tiempo y por ello mismo, varias de las ideas existentes en Occidente sobre la temporalidad.

No faltan pues razones para ocuparse de esta teoría freudiana.

Al respecto conviene tener en cuenta que se trata de una tesis que ha dado lugar a confusiones importantes, dentro y fuera del psicoanálisis; por tanto es necesario precisar su sentido.

Subrayo que con ella Freud expone ante todo que el deseo (tal como éste lo concibe), de cada sujeto, es indestructible.

Y es oportuno indicar al respecto que dicha tesis ciertamente ha sido también establecida a través de medios diferentes a los de la clínica psicoanalítica, o más propiamente, que la misma se inscribe dentro de una compleja y rica tradición.

En la escena analítica, en la confrontación de cada uno con su verdad, se hace contundente, y desde cierta perspectiva, incuestionable, además de inquietante a la hora de definir rasgos esenciales de la condición humana.

Pero ya antes de Freud otros lo habían reconocido y precisado en términos próximos a los freudianos, unos más, otros menos.

Así, existen claros indicios que muestran que, especialmente Schopenhauer, jugó un papel significativo en la afirmación de esta tesis por parte de Freud; y en efecto Schopenhauer expone una variada argumentación para afirmar que una incapacidad para el cambio caracteriza a lo humano.

Kant por su lado destacaba una forma de constancia radical en cada uno de nosotros ?a pesar de su concepción del tiempo como a priori de lo que considera como la experiencia propiamente humana? constancia que juzga indispensable para explicar la existencia de un cierto orden de cosas.

Y sería posible recorrer múltiples pensadores para reconocer proposiciones que apuntan en una dirección análoga.

Por lo demás, aun el lenguaje popular ha reconocido en cierta forma el planteamiento freudiano, y expresiones tales como "genio y figura hasta la sepultura" o "la vaca ladrona no olvida el portillo", etc., dan cuenta, a su manera, de un reconocimiento relativo a la fuerza de la repetición en el sujeto humano.

Por tanto, puede afirmarse que la tesis freudiana de la atemporalidad del inconsciente se hallaba ya esbozada de diversas maneras en lugares muy diferentes, lo cual es indicio de una importante tradición de pensamiento, tradición heterogénea pero muy significativa y cuyos fundamentos aquí es importante al menos situar.

Esa tradición, según J.

A.

Miller, se inscribe dentro de una lógica cuyas implicaciones son múltiples en no pocos campos del pensamiento y del saber.

Ésta se halla construida en función de lo que Miller designa bajo el nombre de horror temporis.

Este horror, base entonces de una verdadera forma de pensar, se ampara en la intemporalidad de lo divino como punto de partida y como principio básico.

Y así, dada la función y el lugar que ocupa Dios y sus características esenciales, en la construcción de saber, el hecho se extiende en Occidente bajo la exigencia de colocar todo lo auténticamente cierto como situado fuera del tiempo.

(2) Y con relación a esa mismatradición, Miller comenta: "No solo retiramos el ser del tiempo sino también lo verdadero.

Las relaciones entre lo verdadero y el tiempo siempre fueron difíciles para el pensamiento, como si lo verdadero tuviese una pretensión natural a un ¨fuera del tiempo¨".

Y Miller añade: "Deleuze dice con propiedad: ¨El tiempo pone la verdad en crisis¨." (Miller, 2000, p.

19).

Como se ve, se trata entonces de la adopción de una equivalencia, absoluta, entre lo verdadero y lo atemporal.

Y tal equivalencia será considerada como premisa de todo aquello que pretenda alcanzar alguna verdad auténtica.

Así, no será difícil hallar como principio inapelable, formulaciones del tipo "el tiempo es lo que decide siempre qué es lo que vale y lo que no vale", para afirmar de esta manera que lo que ciertamente vale es atemporal.

Recapitulando acerca de esta forma de pensamiento, se podrá afirmar con Miller que ésta buscará en consecuencia la atemporalidad como la cualidad primordial de lo verdadero, de lo esencial y de lo supremo.

Y desde allí, Miller estima que la tesis de Freud no escapa a tal lógica y a sus principios, y la interpreta finalmente como un esfuerzo por mostrar que el inconsciente es un ser real.

Tenemos entonces que el sujeto para Freud, una vez estructurado como tal, no se modifica en algunas posiciones inconscientes fundamentales, y éste constituye uno de sus rasgos decisivos, su irrefrenable compulsión a la repetición, a diferencia de lo que sucede con el funcionamiento del orden conciente, físico terráqueo o social por ejemplo, en donde es clara la significación del tiempo.

Baste pensar en hechos como las relaciones de los humanos con lo cotidiano, en el envejecimiento de los seres vivos o en la mutación de las sociedades.

Como queda dicho, para Freud entonces se trata de la repetición en ciertas búsquedas, de intentar hallar las mismas formas de satisfacción, las cuales no abandona ni en función de algún grave sufrimiento colateral que ellas puedan depararle, ni menos aun de las buenas razones que pueda tener para renunciar a las mismas.

El alcohólico crónico es una ilustración visible del hecho, entre muchas otras.

Desde este ángulo, la vida para el sujeto es solo una manera de repetirse en esas búsquedas, solo un anhelar siempre, más de lo mismo, ante lo cual la razón es subalterna e impotente; aun más, ésta es muy a menudo solo el esfuerzo radical por justificar ante sí y ante los otros, la validez de algunas de sus posiciones fundamentales.

Resulta oportuna una consideración para precisar mejor esta última afirmación.

Estimo que el psicoanálisis hace así posible examinar con estos elementos una parte no despreciable de lo que se acostumbra llamar el razonamiento humano.

Así, en función de lo indicado, se puede hacer el examen acerca de cuál es el fundamento, inconsciente entonces, de esa incapacidad radical de los humanos para variar en algunas de sus posiciones racionalizadas más esenciales.

En este sentido deberá entenderse el por qué no hay razón para sostener ciertas loables ilusiones en la educación, o en una parte no despreciable de los usos "preventivos" de la información, o en múltiples invitaciones a la cordura y a la equidad, y también desde luego en las posibilidades terapéuticas del consejo o de estrategias similares, y en tantos otros hechos en donde se invoca la razón como medio presuntamente eficaz para resolver algunos cuestiones esenciales del orden humano.

Ello no implica ningún antirracionalismo, pero sí la puesta en cuestión de algunos ideales racionalistas.

O dicho de otra manera, es necesario darle un lugar a esa fuerza pétrea que la compulsión a la repetición adquiere también en las formas de interpretar el mundo, en el aferramiento a las adhesiones intelectuales que los humanos realizan, contra argumentos claros o evidencias incuestionables, sean sostenidas por sujetos dotados de calidades intelectuales, amantes de la crítica fundada y que cuenten con una rica y variada ilustración, o no.

Es por tal razón que es posible afirmar que intentar disuadir a alguien de algunas de susposiciones es tan a menudo tarea infructuosa, y que, por lo demás, con frecuencia los humanos hacen aparecer su compulsión a la repetición incluso como principios; o simplemente como fidelidad, o cosa similar, estando dispuestos aun a lo peor para defender un lugar o una doctrina asumida.

Como se ve, ello impone no olvidar cuál es la perspectiva que se tenga en cuanto al sentido, a la función y a la forma de la crítica, entre otros hechos.

Se podrá observar que este examen permitiría desarrollos de interés múltiple con relación a fenómenos diversos tales como las determinaciones subjetivas del pensamiento y la significación que tiene en él la fuerza de la repetición.

U otros problemas no menos importantes.

Ahora bien; que para Freud sea cierto que el inconsciente no conoce el tiempo, quiere decir entonces, repitámoslo, ante todo, que el deseo (subrayo, el deseo tal como lo entendía Freud) es indestructible; que éste, una vez se escribe en el sujeto, lo es de una vez y para siempre.

Es así como Freud consigue finalmente definir conceptos tales como el de identificación, frente a lo cual, conviene recordarlo, no siempre se disponen de criterios claros, ni en la terapéutica, ni más allá de ella.

Señalaré otra de las muchas implicaciones que esta tesis comporta.

Lacan consigue desarrollar una sólida y fructífera teoría de las psicosis, situado a partir de un reconocimiento específico del sentido de esta tesis freudiana, de aquel "de una vez y para siempre"; esto le permitirá construir un concepto central acerca de la estructura psicótica, la forclusión, y con ese fundamento consigue formular una clínica de las psicosis cuya potencia y posibilidades teóricas y prácticas no han cesado de ampliarse, luego de que Lacan la propuso.

No es éste el lugar para desarrollar este punto, mas es oportuno al menos indicarlo en este contexto.

El planteamiento freudiano tiene entonces continuidades en Lacan, continuidades que se expresan en un plano clínico tan decisivo como es el de las psicosis.

Esta primera tesis psicoanalítica fue examinada por Freud, de manera explícita, en textos como su artículo metapsicológico El inconsciente, o en Más allá de principio del placer, si bien, se halla presente, al menos de manera implícita, en gran parte de su obra.

Fue la proposición principal que los psicoanalistas sostuvieron durante largos años sobre el tiempo, y la cual, aun hoy, sigue siéndolo, para algunas orientaciones, el eje único, curiosamente, de su concepción sobre este asunto.

Podría decirse que en gran medida, para tales orientaciones, la teorización se concentró, y aun, se reduce, a la sustentación de la misma, y eventualmente a la mirada alrededor de algunas de sus implicaciones.

Tesis importante, desde luego, como acaba de ser mostrado aquí.

No obstante, en el momento de definir el conjunto de las proposiciones freudianas acerca del tiempo, al menos es necesario tener en cuenta también otros elementos de su obra.

Uno de los varios que podrían mostrarse es la conocida decisión suya de fijar un plazo definido e inamovible para la terminación del análisis del "hombre de los lobos".

Fue ésta una manera de poner en cuestión una posición de aplazamiento indefinido del paciente en su proceso analítico.

Esta decisión, que produjo efectos significativos en ese análisis, pone de presente cómo ya Freud consideraba el tiempo, no solo en función de la indestructibilidad del deseo sino también como algo pensable del lado del analista, esto es como un instrumento que podría ser utilizado para afectar una u otra posición del analizante.

Freud a pesar de esta maniobra con "el hombre de los lobos", ciertamente no fue muy audaz otras proposiciones análogas que desde allí son posibles de ser pensadas.

Pero Lacan no olvidará esta otra perspectiva así abierta por Freud.


 


2.- El inconsciente como lo no realizado


Me referiré ahora a una segunda tesis que, como indiqué arriba, es de Lacan y la cual se define hacia 1964.

En un sentido muy específico es inversa a la tesis freudiana.

Lacan propone que el inconsciente debe concebirse ante todo como lo no realizado en el sujeto.

Esta formulación, si bien no contiene en forma explícita la idea de la temporalidad del inconsciente, sí lo hace, en la medida en que la noción de no realizado lo comporta.

(Ver en especial Lacan, 1964; en particular los capítulos II a V).

Miremos el marco teórico que permite la formulación de dicha tesis antes de considerar más precisamente la noción de no realizado.

Si bien esta proposición conlleva importantes cambios conceptuales con relación al planteamiento de Freud, de ninguna forma se desconocen allí los reconocimientos clínicos en los cuales éste se apoya para deducir una atemporalidad del inconsciente; por tal razón esta formulación exige varias precisiones.


 


Una pieza teórica decisiva que le permite a Lacan su tesis, es la diferenciación entre goce y deseo.

Ésta es aquí ya puesta en relación con la teoría del inconsciente en todas sus implicaciones.

Lacan venía elaborando minuciosamente esa diferencia desde años atrás, la cual no había sido tenida en cuenta por Freud como tal.

Ésta había sido establecida por Lacan a partir de diversos fenómenos, y muy particularmente en el examen de la satisfacción pulsional.

De ésta, de sus características, de sus maneras específicas de producción y de sus connotaciones para el sujeto, no da cuenta suficiente la noción freudiana de deseo.

Con esta diferencia Lacan conseguirá situar los reconocimientos que impusieron a Freud la construcción de su tesis acerca de la atemporalidad, sin atribuirla al inconsciente.

Ahora, la atemporalidad será para Lacan una característica del goce mas no del inconsciente, si bien la atemporalidad del goce será relativa y por tanto ello exige nuevas precisiones.

El inconsciente para Lacan sigue así ligado a la noción de deseo, como en Freud, aun cuando ya pensado más en términos de futuro, es decir como lo no realizado, que no como encadenamiento a un pasado, que es la perspectiva freudiana.

Para comprender más precisamente lo indicado, aquí será necesario tener en cuenta en primer lugar que este planteamiento tiene como efecto producir un enlace específico entre lo simbólico y lo real, a través de la forma de concebir el inconsciente y el goce.

Con ello Lacan diseña todo un programa de trabajo para el psicoanálisis, que él mismo no cesará de elaborar hasta su muerte.

A partir de allí es necesario tener en cuenta lo que Lacan llama "el inconsciente freudiano y el nuestro", es decir la concepción del inconsciente como atemporal y otra en donde la función del tiempo halla su lugar.

A pesar de tratarse en principio de una proposición inversa a la citada tesis freudiana, puede afirmarse que la misma no solo se apoya en diversos planteamientos de Freud, en especial el ya indicado con relación a la repetición, sino que, de toda evidencia, el problema del tiempo para el Freud mismo no podría ser reducido al reconocimiento de la significación de la repetición.

Esto es obvio, pero a pesar de ser así, como ya lo señalé, en algunas esferas psicoanalíticas, se evade el examen del problema (y convendría desde luego examinar el por qué de ello) al ceñirse ciegamente solo a la tesis de Freud sobre la atemporalidad del inconsciente como la forma de examen de la pregunta por el tiempo en el psicoanálisis.

En el planteamiento de Lacan entonces es necesario subrayar que su punto nodular con relación al tiempo es que el inconsciente es algo "con una extraña temporalidad" (Lacan, 1964, p.

33), es futuro (cf.

Miller, 1999 b, p.

31 y siguientes), a diferencia de Freud, para quien es esencialmente pasado.

Si para éste el inconsciente está fundamentalmente inscrito en la repetición, para Lacan significa ante todo la posibilidad y aun el empuje hacia una realización.

Es en este sentido que por consiguiente deberá pensarse la noción de no realizado.

La proposición de Lacan la enuncia así: "Esta dimensión [el inconsciente] ha de evocarse, con toda seguridad, en un registro que no tiene nada de irreal o de-real, pero si de no realizado." (Lacan, 1964, p.

31).

(3).

Desde allí, es posible fundamentar mejor algunos planos teóricos y prácticos para el psicoanálisis.

Aún si nos limitáramos a Freud, parece simple indicar que, por razones múltiples, el psicoanálisis no podrá desconocer algunas implicaciones de lo temporal en el orden humano, en virtud de lo propio de su oferta.

Baste señalar que si algo significa la palabra "psicoanálisis" es que con ella se designa una práctica terapéutica concreta, cuyo propósito es el producir efectos en el sujeto que se somete a ella.

Y si éste fuese radical y completamente inmodificable, ¿en qué consistiría entonces la oferta terapéutica de esta práctica? También es oportuno recordar aquí que el psicoanálisis es una práctica que exige un tiempo para conseguir su propósito, y la cual se concibe con Lacan como un trabajo que pretende permitir al sujeto hacerse al ser, realizar una posibilidad, que permanece en general solo como tal si no hay un trabajo en torno a la verdad de su posición de goce; para Lacan entonces todo sujeto posee posibilidades inexploradas en general, a pesar de la fijeza de los modos de su goce.

Igualmente, otro de los asuntos que implica la consideración de lo temporal en la clínica psicoanalítica es el tema de la duración de las sesiones.

Esa duración siendo un punto de controversia entre los psicoanalistas, ha dado lugar a diversas respuestas y tratándose de un problema de principio, ha implicado posiciones con múltiples consecuencias.

(4).

Es claro entonces que la pregunta global que aquí se examina, remite a problemas bien específicos y propios de esta práctica.

Freud lo sabía desde luego y lo tuvo en cuenta en esos diferentes niveles.

Ya se indicó antes su decisión en el caso del "hombre de los lobos".

Es posible mostrar también su tratamiento del tiempo en otras dimensiones y vertientes: lo que tarda indefinidamente, por oposición a lo que siempre se repite de la misma manera (aplazamiento neurótico), lo que se produce en otro tiempo y lugar (acting out), lo que en el ahora hace que el ayer cambie (la resignificación a posteriori).

Etc.

Todo lo anterior pone en evidencia para el psicoanálisis, de manera inexorable y de diversas formas, la introducción de lo temporal a varios niveles.

Y en efecto, como se ve, lo considera, contrariamente a lo que proponen algunas orientaciones analíticas no lacanianas.

Ahora bien; que para Lacan el inconsciente sea fundamentalmente futuro significa, como quedó ya indicado, que es aspiración, posibilidad, y no solo repetición.

Este reconocimiento Lacan lo establece especialmente al observar y destacar el carácter pulsátil del inconsciente, posible de ser observado en las formaciones del inconsciente (los olvidos, los lapsus, los sueños, etc.).

El inconsciente se hace acto, es sensible, solo transitoriamente, para ser de nuevo silencio y tendencia al cierre y al olvido.

Sin embargo, lo inconsciente insiste si se dan las condiciones que posibiliten su apertura, como aspiración insatisfecha y pugna por su realización.

Si bien en esa aspiración existe una añoranza de algo perdido, es también la posibilidad de construcción de algo nuevo para sí.

En tanto límite y barrera contra la añoranza de goce que lleva a la repetición inamovible, puede llegar a ser apertura de nuevas posibilidades para el sujeto, relacionadas con su deseo.

Lacan hablará entonces de deseo.

Con esa diferencia Lacan va a reformular no solo las nociones de inconsciente y deseo, sino otros conceptos y a partir de allí, algunos aspectos de la práctica analítica misma.

El progresivo desarrollo de esa práctica con base en estos ejes, ha venido a mostrar la legitimidad de esta perspectiva.


 


3.- El tiempo lógico


La tercera tesis es también de Lacan.

La enunciaré en principio de la siguiente manera: el examen de la temporalidad, tanto desde el punto de vista práctico como teórico, exige para el analista, y ciertamente no solo para éste, una diferenciación entre el tiempo cronológico y e1 tiempo lógico.

De esta manera Lacan razona una dimensión del tiempo en la que éste no se orienta desde el presente hacia el futuro (dimensión progresiva del tiempo), sino que para el sujeto hay una segunda temporalidad que implica la retroacción hacia las diversas formas del pasado, dimensión que debe ser pensada en términos lógicos.

Antes de considerarla conviene tener en cuenta un hecho.

Seguramente hay unanimidad en torno a que la pregunta por el tiempo afecta a todos los saberes y que por consiguiente todos ellos están en la obligación de elaborar tesis y proposiciones al respecto.

Para cualquier disciplina es pues necesario disponer de una comprensión de la naturaleza y función de lo temporal y para el efecto deberá reconocer al menos las líneas mayores que definen las diversas teorías que la física moderna (Newton, Einstein), (5) para precisar en qué consiste el "tiempo físico" (expresión ésta, paradójica, dada la inmaterialidad del tiempo) tan decisivo en cualquier instancia humana.

No obstante es sensible una cierta insuficiencia de una mera temporalidad cronológica, y casi todas las disciplinas sólidamente constituidas, diferencian distintos tipos de tiempos, en gran medida por cuanto es imposible el examen de secuencias, ritmos u otros hechos que caracterizan la dinámica y la naturaleza de los objetos del conocimiento, sin intentar ir más allá de una cronología puramente "física".

Las culturas, la historia de los pueblos, los fenómenos financieros, los ciclos vitales, las secuencias en la causalidad de múltiples fenómenos, etc., se caracterizan por poseer sucesiones diferenciales y propias, lo cual ha impuesto en todos los campos del saber, construcciones que intenten superar, en mayor o menor grado, la más inmediata medición cronológica.

Se trata de un vasto capítulo del problema de la temporalidad y su relación con el saber.

Kant ya proponía diferenciar entre tiempo objetivo y tiempo subjetivo, como una manera de resolver la necesidad de escapar a lo absoluto del tiempo del reloj.

Una anotación de J.

A.

Miller seguramente permite vislumbrar, al menos en parte, la dimensión del problema.

Éste señala: "(...) el orden de la psicología del tiempo [es] un dominio extremadamente rico que ha sido explotado por los filósofos.

Siempre se han hecho señalamientos sobre la variación psicológica del sentimiento del tiempo: la rapidez subjetiva de la experiencia, o bien su lentitud, el tiempo de espera, el tiempo de aburrimiento...; puede buscarse la cualidad temporal de diferentes modalidades de la experiencia humana".

Etc.

(Miller, 2000 a, p.

7).

(6).

Voy a referirme entonces al tiempo lógico de Lacan, y a través de ello voy a tratar de articular las tres tesis psicoanalíticas de base que he enunciado.

Al finalizar la mal llamada segunda guerra mundial (7), en un momento muy importante de su trabajo, Lacan propone la diferenciación indicada, destacando algo que en principio puede parecer obvio: que el orden cronológico, no corresponde de ninguna manera al orden que rige a las sucesiones y articulaciones que se exigen para la solución de una pregunta, sucesiones y articulaciones que válidamente, no obstante, podemos designar como tiempos y cuya naturaleza no es física sino de tipo lógico.


 


El paso de una a otra de esas sucesiones se produce en función de un empuje que, en lo que le es propio de sí, está pues exento de un carácter cronológico y se trata solo de un empuje lógico.

Así, si debo resolver un problema de matemáticas, esto no depende, en lo específico del mismo, de que exista tiempo cronológico para hacerlo sino de un proceso lógico, el cual tiene momentos diferenciables, y en tanto tal, que es posible caracterizarlos, establecer lo propio de cada uno de ellos.

Es allí a donde apunta Lacan con su examen del tiempo lógico.

Para ilustrar mejor lo anterior, se recordará el juego que le sirve a Lacan para examinar la diferencia señalada.

Se trata de una situación en la que tres prisioneros deben resolver un problema que les es propuesto, en cuyo caso, obtendrá la libertad aquel que consiga hacerlo de manera fundada, lógica, y no por una solución debida a la probabilidad (Cf.

Lacan, 1984, pp.

187-188).

La principal conclusión que Lacan extrae de allí es la necesidad de distinguir tres tiempos intrínsecamente diferentes, ordenados y estructurados sucesivamente, vigentes en la solución de todo problema que implique una lógica, y que por tanto merecen llamarse tiempos lógicos.

Como se sabe, esos tres tiempos Lacan los designa como el instante para ver, el tiempo para comprender y el momento de concluir.

Ellos suponen que el sujeto esté inscrito en un orden simbólico (para la vigencia de tales tiempos "la batería significante está dada desde el comienzo", indica Lacan en su seminario 11 ?cf.

Lacan, 1964, p.

47?), o dicho con Miller, supone sujetos puramente lógicos.

Tales tiempos permiten nombrar una temporalidad propia del orden humano.

Una observación importante al respecto: el estudio de Lacan exige precisar cómo la presencia del semejante y del Otro de la cultura y del lenguaje son elementos necesarios en el funcionamiento de dicha temporalidad.

Las consecuencias de ello en la concepción de la lógica son previsibles.

Lo anterior implica entonces que en el campo propio del sujeto existe una temporalidad que no es cronológica y que sin embargo rige en su obrar, la tenga en cuenta o no, sea o no consciente de la misma.

Es con ella que Lacan propone al analista operar en su acto, es con ella que, más allá de los relojes o de la administración social del tiempo, sería posible acceder a los meandros del inconsciente.

Considérense algunas implicaciones de la introducción de los tiempos lógicos.

Si el psicoanálisis se debe entender como un esfuerzo por resolver diversas formas del sufrimiento humano y algunos de estos pueden definirse como sufrimientos relativos a lo temporal, la teoría de los tiempos lógicos permite enriquecer la clínica analítica.

Así por ejemplo, es sabido que existen sujetos para quienes el aplazamiento constituye la norma esencial que rige sus relaciones con el vivir, otros para quienes la prisa es uno de sus signos más decisivos, etc.

Allí, los tiempos lógicos son una formalización precisa que permite situar aspectos específicos de esos comportamientos.

Para el caso del aplazamiento neurótico, se podrá reconocer que su descripción se hace posible en términos de sujetos para quienes el "momento de concluir" constituye una fuente de angustia casi insuperable, dándose por el contrario una fascinación en el "instante para ver" o en el "tiempo para comprender".

Igualmente que "el melancólico en sentido estricto está marcado por el predominio de un tiempo que retroactúa" (Miller, 2000 c, p.

33).

Si bien no es éste el lugar para desarrollar la clínica de tal conducta, baste para los propósitos de esta exposición con un señalamiento adicional: tal descripción permite situar más precisamente las formas deintervención del analista en una cura, en la cual los términos de "instante" "tiempo" y "momento" "retroacción" adquieren connotaciones clínicas particulares con relación a la estructura neurótica, por ejemplo.

Y así con otros problemas análogos.

Múltiples problemas propios de la subjetividad humana, y que tienen las marcas de lo temporal, podrán ser así consideradas.


 


4.- Observaciones complementarias


Para finalizar vuelvo a la tesis inicial de Freud.

Quisiera recoger ahora una imagen de J.

A.

Miller (Miller, 1999 b) para ilustrarla.

Supongamos que tenemos un libro.

Se puede decir que ese libro, como todo libro, se halla ya escrito de una manera definitiva y para siempre.

Si se lo lee, se espera que al volver a mirarlo al día siguiente, el paso del tiempo no lo habrá alterado como texto, y se sorprendería, ante todo el lector, si lo encontrara mañana transformado.

Si algo lo alterase como texto, podríamos decir legítimamente que el libro ya no sería el mismo libro y bien sabemos de las innumerables polémicas que ha suscitado este suceso en la historia de la escritura humana.

Los humanos conocemos pues acerca de hechos que están ya escritos de una vez y para siempre.

Y la imagen ofrece referencias esclarecedoras sobre el inconsciente, en términos de la proposición freudiana.

Por su parte Lacan propone concebir el inconsciente como un texto escrito.

Aun más, literalmente lo inconsciente es un texto escrito.

Y concebirle de esa manera conlleva consecuencias diversas tanto en la teoría como en la práctica psicoanalíticas.

La imagen es interesante además por cuanto plantea un problema que conecta la tesis freudiana con las tesis lacanianas que he indicado.

Lo diré de la siguiente manera: ¿el libro en tanto texto, para ser tal, exige ser realizado, es decir exige un lector? O dicho a la manera de Borges ¿todo libro espera un lector? Introducir aquí esta pregunta no es un simple recurso imaginativo o metafórico, sino que es algo fundamental con relación al inconsciente y al problema de la escritura: escribir implica introducir en ese acto la dimensión de la espera, es decir la dimensión del tiempo cronológico.

No hay ningún hecho que ponga más de presente el peso del tiempo que la espera.

Como seguramente es sabido algunos escritores contemporáneos importantes, como Cortazar o Borges mismo por ejemplo, entre otros, han explotado literariamente este fenómeno y han construido algunos de sus escritos a sabiendas de que un libro es una espera, la espera de un lector, quien terminará la obra iniciada por quien lo escribe.

Es sin duda un problema muy interesante, el de la dimensión de la espera en la escritura, que ilustra la dimensión terapéutica del psicoanálisis.

De todas formas quizás deba concluir por ahora diciendo que si Aquiles y la tortuga, o Heráclito y su río nos acechan desde siempre, es porque la pregunta por el tiempo exige elaboraciones que tal vez solo comenzamos a entrever.


 


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Notas


1- Versión ampliada (en agosto del 2003) de la conferencia dictada el 5 de septiembre del 2000, en el marco del seminario "El problema del tiempo", organizado por las Facultades de Ciencias y Ciencias Humanas y Económicas, de la Universidad Nacional, sede de Medellín para un público de formaciones heterogéneas.

La presente versión contiene aclaraciones de algunos puntos respecto a su forma original, diversas precisiones y observaciones adicionales.

La versión inicial fue editada por la misma Universidad Nacional en un libro que reúne el conjunto de las exposiciones de dicho seminario (AA.

VV.El problema del tiempo.

Ed.

Universidad Nacional de Colombia ?sede de Medellín?.

Medellín, 2001.

pp.

139-152); en este volumen igualmente se encontrarán análisis acerca de la problemática del tiempo desde otras disciplinas.

La versión inicial de esta conferencia que aquí se publica, también fue editada por La Carpeta, (revista de la Nel-Medellín), No.

2, marzo del 2001.

pp.

49-56.


2- Se sabe desde Descartes como Dios sirve de fundamento y garante para la construcción de saber, aun para muchos de los ateísmos más decididos.

También es conocido que es en ese lugar, en aquel donde se instala lo divino, donde Lacan ha colocado la función que designa Sujeto supuesto Saber y finalmente lo que llamará el S1.

Sin tal función, la construcción de saber no es posible, lo cual tiene una importancia máxima para la práctica analítica, para la definición de sus fines y de sus medios y para otros efectos.

Y al respecto Prigogine, ese premio Nobel calificado por algunos como "una de las grandes figuras de la ciencia de nuestro tiempo", dispone de una interpretación del hecho que finalmente va en una dirección análoga a la propuesta por Lacan y tratada por Miller.

Dice al respecto: "Una de las características esenciales [de la ciencia] es, precisamente, la eliminación del tiempo.

Siempre he pensado que en esta eliminación tuvo una influencia importante el elemento teológico.

Para Dios todo está dado.

La novedad, la elección o la acción espontánea dependen de nuestro punto de vista humano.

En los ojos de Dios el presente contiene el futuro y el pasado.

En este sentido, el sabio, con su conocimiento de la naturaleza, se acerca al conocimiento divino.

Hay que reconocer que este programa tuvo un éxito extraordinario.

Muchas veces nos parecía que habíamos llegado a realizarlo completamente", (Prigogine, pp.

17-18).


3- Téngase en cuenta que la noción de no realizado de Lacan alude directamente al concepto de lo real, como se podrá observar en la cita anterior.

Por esto hablamos de un enlace específico de lo simbólico y de lo real.

Cabe anotar allí que la traducción del neologismo en francés "dé-réel", propuesto en dicha cita por Lacan, exige el de "de-real" con el cual ha sido traducido, aun cuando resulta más extraño aun en español.

Tal neologismo, como se observa claramente, le construye con la partícula negativa "dé" ("des") (utilizada en palabras como "desconcentración", "desinformado", etc.) antepuesta a la palabra "real", indicando así una variante léxica para "lo no real".

Una discusión sobre el concepto de lo real en Lacan debería de tener en cuenta la diferencia entre lo irreal y lo "de-real", así como también con lo no realizado.


4- Baste recordar la expulsión de Lacan de la Asociación Internacional de Psicoanálisis en los años sesenta.

Como es sabido, se adujo como argumento principal el hecho de haber introducido un tiempo variable para la duración de las sesiones.

No es este el lugar para discutir en detalle puntos como éste de la duración de las sesiones.

No obstante cabe agregar que Lacan definirá esa duración en función de la naturaleza misma del inconsciente y de la posibilidad de ejercer una influencia real sobre el mismo a partir de lo propio de su estructura, más que por razones externas a éste, por ejemplo, razones puramente administrativas de una cura.

Añadiré por ahora que ese punto tal vez podrá aclararse mejor contando con los elementos de la tercera tesis que deseo mencionar.

También merece señalarse en este mismo sentido que Jacques-Alain Miller, tras las proposiciones de Lacan, le ha consagrado un año de investigación a un tema cuyo mero título muestra claramente la significación del examen de lo temporal en la práctica analítica: los usos del lapso.

El psicoanálisis, como en general toda esfera de lo humano, hace un uso del tiempo a través de lapsos del mismo, los cuales define, fija, propone o modifica, de acuerdo con una lógica, cuyas implicaciones es necesario considerar de la manera más rigurosa y extraer de allí sus consecuencias.

Ello ha animado la investigación de Miller, y sus elaboraciones comienzan a tener consecuencias en la comunidad psicoanalítica.

De otra parte la Asociación Mundial de Psicoanálisis celebró un congreso mundial en Buenos Aires en julio del año 2000, cuyo tema fue "La sesión analítica", y en donde estuvieron al orden del día asuntos como el de la duración de las sesiones (se podría decir, los usos del lapso que hace el analista) y por consiguiente uno de sus ejes fue el del tiempo y el inconsciente.


5- No es este el lugar específico para discutir lo que en la ciencia moderna se conoce como "la flecha del tiempo" y su cuestionamiento por la física.

Solo anotaré que "la flecha del tiempo" sigue teniendo sentido para la ciencia a un nivel macroscópico, por tanto en el ámbito de lo humano.

Aun más, que asumir, sin otras consideraciones para el orden humano, las tesis sobre la "eliminación del tiempo", deberá más bien inscribirse en lo que J.

A.

Miller ha llamado el horror temporis, que caracteriza nuestra época, ya mencionado aquí.


6- En este sentido valga la siguiente observación: la diferencia propuesta por Kant constituyó el objeto de una discusión específica adelantada entre los ponentes que participaron en el evento en el cual se expuso el presente trabajo.

En este evento, que trató el tema del tiempo desde diferentes saberes (la filosofía, la física, las matemáticas, la biología, la geología, el psicoanálisis, la economía, la lingüística) se destacaba, casi unánimemente, que precisar las diferencias entre tiempos de naturaleza distinta, resulta algo necesario, aun más indispensable, a riesgo de hacer del tiempo un asunto finalmente casi indefinible.


Por su parte Lacan no trata la cuestión bajo los conceptos de temporalidad objetiva y subjetiva.

Sin embargo puede decirse que la propuesta lacaniana del tiempo lógico resultaría valiosa al examinar las diferencias a las que aspiran distintos saberes.

Que Lacan le dé la denominación de "lógico" es ya una invitación a situar una dimensión bien específica para caracterizar la subjetividad a la que se refiere Kant.

No obstante, es conveniente anotarlo desde ya, el tiempo lógico propuesto por Lacan no es de ninguna forma identificable con el "tiempo psicológico", o lo que algunos dan en llamar el "tiempo vivencial".


7- Que no fue la segunda, porque la llamada primera no fue mundial, y esta "segunda" quizás tampoco fue del todo mundial, o si lo fue, por sus efectos planetarios, varias otras entonces lo han sido.