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Locas por el sexo

Isabel Menéndez. https://abc.mhmujer.com



En general, una actividad sexual exagerada es una "obsesión" como cualquier otra.

A través de ella se intenta descargar otro tipo de necesidad emocional rechazada o bloqueada por nuestro psiquismo.


Las ninfómanas están empujadas por un inconsciente que no pueden dominar.

Están atadas a una sexualidad que las impulsa a sentirse deseadas, ya que no suelen sentirse queridas.

Tienen dudas sobre su valía como mujeres e intentan ocultar sus inseguridades con muchas relaciones.


En el caso de los hombres mujeriegos, también detrás de sus continuas conquistas se ocultan dificultades psicológicas.

No han superado los primeros estadios de maduración afectiva y apenas han aprendido a amar.


Su actividad sexual se dirige a contradecir cierto sentimiento de inferioridad mediante sus éxitos eróticos.


 


En ambos sexos, el origen de las dificultades está en las experiencias corporales que, al ir acompañadas de lazos afectivos, quedaron registradas en el inconsciente, determinando nuestro modo de relación con el mundo y, por tanto, también nuestra vida sexual.


A partir de nuestras primeras experiencias, lo sexual no podrá ir separado de nuestra subjetividad; cada uno tendrá una manera propia de unir lo afectivo y lo sexual.

O de separarlo.


 


Las claves de la adicción


 


Tras algunos casos de adicción al sexo hay deseos que no serían aceptados por la conciencia de buen grado.

Se caracterizan por:


LAS MUJERES


La necesidad de estar con muchos hombres está promovida por la fantasía de adquirir características sexuales masculinas.

La voracidad de consumir parejas proviene de una sexualidad arcaica, donde experiencias infantiles en la relación con su madre han impuesto un sello de exigencia hacia el otro.

En cierta medida, se vengan de no conseguir lo que quieren de un hombre cuando les hace ver que ellas necesitan más de lo que él tiene para dar.


LOS HOMBRES


También se hayan dominados por una sexualidad infantil, con muchas necesidades narcistas y tintes sádicos.

Necesitan muchas relaciones porque no alcanzan con facilidad una auténtica satisfacción y entonces culpan a la mujer o abandonan a una para buscar a otra que les asegure de qué son capaces.

No soportan lo mucho que dependen de ellas y por eso las atacan.