La comunidad científica internacional hizo el merecido homenaje a los ciento cincuenta años del natalicio del médico neurólogo, Sigmund Freud, que dedicó 40 años de estudio sostenido a las regiones más internas y oscuras de la psiquis humana.
Por ello nació el psicoanálisis profusamente usado en el siglo XX.
Pero no debemos sólo mirar a este gran hombre de la ciencia como autor del psicoanálisis, ya que pensaba que la psiquis también tiene heridas, hernias espirituales y se podrían curar si sólo se aplicaba una cirugía psicológica.
La vigencia de la teoría freudiana para esta contemporaniedad y para nuestras sociedades de crecimiento poco sostenido, es su incidencia en el campo de la política.
Sin que se haya identificado con alguna orientación política partidaria de la época porque simplemente prefería autodenominarse hombre, hizo aportes, puntos sensibles, que la escuela lacaniana las describe.
¿Por qué la primera guerra mundial incidió tanto en el espíritu de Freud? En 1915 plantea el tema de relación entre el individuo y el Estado, dirá "el Estado exige sacrificio del goce y monopolio de la violencia injusta.
El Estado no sólo exige obediencia y sacrificio, sino que los incapacita a través de la censura de la comunicación y expresión de sus opiniones, de forma tal que quedan indefensos frente a cualquier situación desfavorable".
Freud ya avizoraba, a unas décadas de distancia, el fenómeno ambivalente de las democracias confusas y su ulterior consecuencia de horror y muerte, como lo fue el holocausto.
Tales regímenes llegaron por el voto plebiscitario de individuos masa y fue el germen potente para mutarse de democracias a totalitarismo el nazismo y el fascismo.
La preocupación de Freud fue también el comportamiento del individuo y su relación con el poder.
Lejos está de interpretarse, como una delegación consciente hacia una institución responsable para que lo ordene y le organice momentáneamente el mundo social y político.
Ya nos estaba diciendo, en realidad, que el poder de los ciudadanos entregado así irresponsablemente y de manera total en una democracia ligh e ilusoria puede ser fácilmente presa de figuras autoritarias, tiranas y antidemocráticas, inferirá que ellas están avaladas por individuos cuyos comportamientos son de poco discernimiento ya que es el inconsciente, el que pulsiona y redirecciona sin mayores deliberantes.
Corroborará que el inconsciente nunca actúa en soledad, nunca se cierra a sí mismo, y está en función del otro.
¿Pero ese otro, es otro horizontal, en igualdad virtuosa? A nivel inconsciente ese otro es el AMO.
¿Quién es el AMO? El que somete, el que no deja crecer, ni gozar de la dignidad humana, el que ejerce un pensamiento único como lo fueron las ideologías neoliberales y las ultra racionales.
Lo interesante es pensar, que si en estos tiempos de civilización y progreso, existe la figura del amo tal como Freud la describe.
Si existe, es porque hay condiciones por parte de otros, los esclavos, claro está, con otras condiciones y con nuevas configuraciones.
¿Cuál es la nueva esclavitud? Los jóvenes que no gozan de la redistribución del ingreso por un lado, ni la de políticas de reconocimiento por otro.
Los jóvenes claman por empleos dignos, algunos son profesionales y no se les reconoce el esfuerzo del estudio, las posibilidades de empleos son contratos basura, tienen sueldos por debajo de la canasta familiar, todos vestigios de la injusta ley de Flexibilización Laboral, por ello los jóvenes están condenados a no tener posibilidades de realizar proyectos y a construir sus vidas, porque su futuro es incierto e inestable.
Recurramos de nuevo a Freud y ahora a su propia temática la construcción del psiquismo y la subjetividad.
¿Este Estado que se denomina pro-social y no neoliberal como el de los `90, somete a los jóvenes y "les sacrifica el goce" por un trabajo digno para que puedan construir su autonomía? ¿Qué proyecciones podrán tener si su condición es de esclavitud? ¿Es así la responsabilidad del Estado en la solución del empleo? ¿Estos jóvenes podrán ser la esperanza del mañana como habitualmente creemos y alardeamos?
La vigencia de Freud y la nueva esclavitud
LucÃa Cáceres. Lic. en Ciencia PolÃtica El Independiente