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Dejar la medicación quintuplica el riesgo para los esquizofrénicos de sufrir una recaida

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Un grupo de facultativos del hospital de Cruces -tres psiquiatras, un epidemiólogo y una neuropsicóloga- ha realizado un estudio con 231 pacientes que concluye que la interrupción de la terapia es el factor más determinante para que un esquizofrénico sufra una recaída.

Mucho más que las drogas o una medicación inadecuada.

Rafael Segarra, uno de los autores del informe -galardonado, entre 965 trabajos presentados, con el XI Premio Amadeo Sánchez Blanqué en el último Congreso Nacional de Psiquiatría, celebrado en Sevilla-, asegura que «un 60% de los enfermos puede llegar a un nivel de recuperación bueno o muy bueno» si toma sus medicinas con regularidad.

«Si se cumple la terapia, el progreso se nota tanto en el campo de los síntomas como en el de la funcionalidad».

La investigación de los especialistas de Cruces, que se ha prolongado durante dos años, se ha centrado sobre todo en los primeros episodios psicóticos esquizofrénicos, una enfermedad que afecta al 1% de la población vasca, algo más de 20.000 personas.

«Nos dimos cuenta de que había una serie de variables -antecedentes familiares, sexo, déficit cerebral a nivel de escáner- imposibles de corregir.

Así que llegamos a la conclusión de que el único factor sobre el que se podía actuar con garantías era la medicación», aclara Segarra.

«Tú no puedes evitar que el padre del joven sea esquizofrénico, o que lo sea su madre, pero sí que el chaval deje de tomar sus fármacos».

Antes en hombres

Los primeros brotes psicóticos suelen aparecer en un tramo de edad que oscila entre los 18 y los 35 años, aunque también se dan casos por debajo o por encima de esta horquilla.

La práctica demuestra, según Segarra, que «surgen antes en hombres que en mujeres».

Las razones para explicar este fenómeno no están definidas científicamente, aunque se barajan varias hipótesis.

Una hace referencia a las hormonas.

«Se cree que la psicosis se manifiesta más tarde en las mujeres por los estrógenos, que durante la edad fértil desempeñan una función protectora que retrasa el estallido de la enfermedad», subraya el psiquiatra.

Lo importante del caso es que la esquizofrenia -cuya manifestación tiene una base genética y está relacionada con las anomalías que surgen durante el desarrollo cerebral- se puede tratar y hasta anular si el paciente se medica según lo establecido.

Pero no todos están dispuestos a hacerlo.

Hay varios motivos que explican por qué un esquizofrénico rechaza los fármacos que pueden mejorar su calidad de vida.

Uno es su incapacidad para asumir la patología que padece.

«La persona no es consciente de lo que le pasa.

Vive su "realidad", sus delirios, y todo lo que le digas no le cuadra.

Es muy difícil convencer a alguien para que se trate contra algo que él cree absolutamente normal.

Piensa que todo lo que le ocurre es real y que los demás están equivocados», argumenta Segarra.

Por otra parte, muchas veces la propia medicación tiene una serie de efectos secundarios, como la sedación, mareos y rigidez, que invitan al enfermo a interrumpir el ciclo farmacológico y arriesgarse a sufrir una recaída.

Uno de los tabúes que rompe el informe de estos cinco especialistas de Cruces, basado en la tesis doctoral del propio Segarra, es que un esquizofrénico no puede llevar una vida normal.

Con un tratamiento adecuado, es «perfectamente posible» que desaparezcan las alucinaciones, las voces y los delirios y se produzca una integración sociolaboral en condiciones de normalidad.



Pero el caballo de Troya de la comunidad médica siguen siendo las recaídas, que suelen repetirse y minar así la capacidad curativa de los tratamientos convencionales.

«Una primera recaída multiplica por cinco el riesgo de padecer una segunda», advierte el especialista, que incluso ha vivido casos de familiares que pedían al enfermo que dejara la medicación.

«Les decían que eran chorradas de médicos.

No se daban cuenta de que era su única posibilidad de mejorar y llevar una vida norm
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