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Psicología para emergencias

P. PRIETO

El equipo de psicólogos del 112 ha atendido diez casos este año en Eivissa.

Los especialistas ayudan a los familiares de las víctimas a asumir situaciones trágicas intentando que no sufran secuelas

Un equipo de nueve psicólogos se turna en guardias de 24 horas para atender, en cuanto son requeridos, a los familiares de las víctimas de sucesos traumáticos.

Durante este año ya han intervenido en diez casos.

En uno de ellos, el de un anciano que desapareció en Sant Rafel, la historia tuvo un final feliz: el hombre apareció al cabo de varias horas.

En la mayoría, en cambio, los psicólogos deben ayudar a los familiares a afrontar la pérdida súbita de un ser querido.

Uno de los casos más duros en los que el 112 les ha movilizado es el de una mujer que se cayó por un acantilado mientras su marido y su hijo le hacían una foto, aunque la mayoría son fallecimientos por accidente de tráfico o desapariciones.
«El primer objetivo es atender psicológicamente para evitar que el trauma inicial pueda convertirse en una patología», explica Montse Rovira, una de las coordinadoras de este servicio.

En un primer momento, los familiares de personas fallecidas de forma traumática suelen estar «aturdidos y confusos, les cuesta aceptarlo», explica Minaya Benavente, otra de las coordinadoras.


«Hay reacciones normales en un estado de duelo, como estar triste, llorando o depresivo.

Es normal que el familiar sufra.

No hay que intentar reprimirle, ni decirle que no llore o que `tiene otros hijos´.

No.

Lo que intentamos evitar es que el trauma inicial sea fuerte para que no se enquiste», explican.



Un apoyo durante la crisis
En estos casos, la labor del psicólogo que acude al lugar de los hechos es la de ayudar en el momento de la crisis.

«A veces avisamos a otro familiar, o les acopañamos a efectuar trámites judiciales, o incluso al reconocimiento del cadáver», relatan.

En este último caso, si el cuerpo está desfigurado, pueden advertir al familiar de este hecho: «Hay que respetar su voluntad, y no prohibírselo si realmente lo quieren ver, ya que será su último recuerdo.

No obstante, sí intentamos prepararle y también tratamos de que no esté mucho rato», añaden.
El momento de dar la mala noticia también es crucial a la hora de facilitar el mal trago a los familiares o amigos: «No es lo mismo que te llame alguien de madrugada y te diga `su hijo ha muerto´, que no que te vayan preparando diciéndote, por ejemplo, `ha ocurrido algo grave...´».

En otros casos, los familiares ya saben que a su ser querido le ha pasado algo, por lo que son ellos mismos los que preguntan «si ha muerto».
De hecho, ambas expertas destacan que es distinto afrontar una pérdida tras una larga enfermedad que hacerlo de forma súbita por un accidente o haciendo submarinismo: «Durante la enfermedad, se empieza a pasar el duelo