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Síndrome de Guillain-Barré

El Mercurio

Un mal que quita las fuerzas


 


Esta rara enfermedad neurológica afecta a una de cada 100 mil personas y provoca una atrofia muscular en las extremidades.


 


Hace poco más de una semana, el joven arquero Nicolás Peric, de Universidad de Concepción, notó que sus piernas carecían de fuerza y que le costaba coordinar sus movimientos.

Luego de consultar al médico y tras una serie de exámenes, supo que lo suyo era algo más complejo que una simple fatiga muscular: estaba afectado por el síndrome de Guillain-Barré.

"Me cambió la vida.

Los primeros días no podía tomar a mi hija por temor a que se me cayera", recuerda hoy.


Descrita en 1916 por los científicos que hoy le dan nombre, se trata de un extraño mal de origen desconocido que ataca al sistema nervioso periférico y provoca flacidez y atrofia muscular.


"Es una enfermedad inflamatoria de las raíces y de los nervios de las extremidades, con mayor compromiso de las fibras motoras.

Se produce porque los axones motores que van desde la médula hacia los músculos pierden la capa de mielina, sustancia que aísla unos axones de otros y que permite su mejor funcionamiento", dice el doctor Renato Verdugo, profesor asociado del Departamento de Neurología de la Universidad de Chile.


Aunque se desconoce su causa última, se sabe que tiene un carácter autoinmune, es decir, el mismo organismo produce anticuerpos que reaccionan contra la mielina.

"Estos anticuerpos se producen como respuesta a alguna infección viral o bacteriana".

De hecho, dos tercios de los pacientes en los que se desarrolla este síndrome -no hace diferencias de sexo ni edad- tuvieron previamente una infección gastrointestinal o respiratoria, se les administró una vacuna o fueron sometidos a cirugía.


Sus síntomas iniciales se asocian a "adormecimiento" y "alfilerazos" en los dedos de los pies y en las manos, y en ocasiones por dolor en la región lumbar o en las piernas.

De manera posterior se produce una debilidad muscular que se inicia en las piernas y asciende progresivamente a manos y brazos.


 


Pronóstico auspicioso


 


Con el correr de los días pueden verse afectados los músculos de la cara, del cuello y ocasionalmente de los ojos.

Incluso, en casos extremos se ven comprometidos los músculos respiratorios, con lo cual el paciente requerirá asistencia ventilatoria.

La severidad varía desde casos leves, en que el paciente es capaz de continuar caminando, hasta casos graves en los que el paciente queda tetrapléjico y con insuficiencia respiratoria.

"Se desconoce qué es lo que determina la severidad de la respuesta", dice Verdugo.


Pese a lo anterior, es una enfermedad de buen pronóstico.

"En general, se recupera la gran mayoría de los pacientes", y muy pocos quedan con secuelas.

El tratamiento consiste en hacer una plasmaféresis (recambio del plasma sanguíneo) o el uso de inmunoglobulina en altas dosis, además de rehabilitación física.