La conducta agresiva es una conducta filogenéticamente normal, que está en el ser humano como una respuesta frente al ambienteâ?, según explicó a este diario Wenceslao Peñate, catedrático de Evaluación Psicológica de la Universidad de La Laguna.
Estará en Lanzarote el próximo 5 de junio para presentar el seminario â??La agresión como discurso: la dimensión psicológica de la violenciaâ?, que se desarrollará en la Sala CICCA de Arrecife hasta el 9 de junio.
â??Ocurre que en ocasionesâ?, continuó Peñate, â??la agresividad se utiliza inadecuadamente y puede desembocar en comportamientos típicamente violentos, donde esa protección y la capacidad de adaptación que tiene la agresividad para nosotros, empiezan a tener un efecto dañino y patológicoâ?, aclaró.
Esto se produce en varios comportamientos que observamos cotidianamente, desde los asesinos en serie, pasando por las personas que comenten asesinatos colectivos, hasta la violencia sobre la mujer o el acoso escolar.
A este respecto, el profesor precisó que en el curso prestarán especial atención al llamado â??bullyningâ?, es decir, la â??presión que realizan los compañeros sobre un tercero con consecuencias dañinas y violentas para ellosâ?.
Optimismo
Wenceslao Peñate insistió en trasmitir una idea optimista sobre el comportamiento agresivo y violento.
â??La idea de que las personas que debutan con un comportamiento violento están prácticamente predestinadas a desarrollar ese comportamiento violento toda la vida, es una forma de rendirseâ?, aseguró.
Según el profesor, hoy en día la Psicología ha desarrollado â??mecanismos y terapéuticaâ? que regulan el comportamiento violento hasta el punto de que â??podemos entender que las personas pueden modificar su modo de responder frente al ambienteâ?, dijo.
Eso no significa que las personas que son violentas vayan a dejar de serlo, producto de la intervención psicológica, â??porque no existen soluciones mágicasâ?.
â??Desgraciadamenteâ?, continuó, â??cuando se detecta un problema, las personas ya han aprendido a responder de manera violenta, y a veces ni la solución psicológica ni la farmacológica pueden resolver el problemaâ?, dijo.
En ocasiones, hay también componentes fisiológicos y orgánicos que hacen que el abordaje sea mucho más complicado.
A pesar de todo, el profesor quiere trasmitir alegría: â??la conducta violenta es una desviación anómala de la adaptación, y esa desviación es producto fundamentalmente de un aprendizaje erróneo, consolidado, porque la persona se ha acostumbrado a reaccionar de forma violentaâ?, explicó.
Sin embargo, si es así, el psicólogo asegura que se puede reaprender y se puede hacer que esa persona reaccione de manera distinta ante el entorno que le rodea.
Precisamente, las últimas líneas de investigación en Psicología apuntan en esa dirección.
Los comportamientos violentos son básicamente aprendidos, â??tienen que ver con la instrucción, con el desarrollo curricular escolar y con los modelos parentalesâ?, aclaró Peñate.
En este sentido, adelantó que â??existen elementos que nos permitirían en el futuro llevar a cabo programas preventivos para disminuir la frecuencia de esa serie de comportamientos violentosâ?.
Modelos erróneos
¿Por qué los niños son cada vez más violentos? Peñate responde con una observación: â??Nos asustamos a veces del comportamiento violento en los chavales, y no nos damos cuenta de la cantidad de estímulos-modelos agresivos que tienen alrededor, tanto en la televisión como en el cineâ?.
Efectivamente, existen muchos modelos a imitar por ellos, que les gustan, y que siguen comportamientos violentos que se premian, se valoran y se halagan.
â??La conducta mimética es crucial en los niñosâ?, recordó el psicólogo, ya que su primer contacto con la educación es a través del aprendizaje por imitación.
Pero también tiene que ver con un proceso de enseñanza.
â??A veces el comportamiento violento trata de conseguir las recompensas y aquello que deseamos lo más rápidamente posible y sin importarnos las consecuenciasâ?, señaló el profesor.
Hay personas que pueden preferir conseguir las cosas de forma violenta pero inmediata, ya sean juguetes o recursos económicos, cuando el proceso adecuado sería más lento y complicado.
Las causas de estos aprendizajes erróneos, según Peñate, hay que buscarlas en la â??situación de desigualdadâ? que padecen nuestras sociedades.
Lo cierto es que no todo el mundo accede a los recursos existentes de la misma forma ni con las mismas garantías.
Violencia institucionalizada
La guerra es la violencia institucionalizada, reflejo de la hipocresía social.
La guerra se da en aquellas ocasiones en las que el ser humano considera que está justificado el uso de la violencia.
Y a pesar de los protocolos internacionales con los que se pretende limitar el uso de la violencia, ahí están las últimas conclusiones de Amnistía Internacional para recordarnos que seguimos practicándola en forma de torturas y otras vejaciones.
Todos los seres humanos tenemos un cierto nivel de agresividad, que actúa como mecanismo de defensa.
Es una forma de estar preparados ante una posible amenaza psicológica o física.
El problema se manifiesta cuando ese modo de protección se convierte en violencia ejercida sobre algo o alguien