Al mismo tiempo que divierte al niño, el cuento de hadas le ayuda a comprenderse y alienta el desarrollo de su personalidad.
Le brinda significados a diferentes niveles y enriquece la existencia del niño de distintas maneras.
Estos relatos representan, de forma imaginaria, la esencia del proceso del desarrollo humano normal, y cómo logran que éste sea lo suficientemente atractivo como para que el niño se comprometa en él.
Este proceso de crecimiento empieza con la resistencia hacia los padres y el temor a la madurez, terminando cuando el joven se ha encontrado ya a sí mismo, ha logrado una independencia psicológica y madurez moral, y no ve ya al otro sexo como algo temible o demoníaco, sino que se siente capaz de relacionarse positivamente con él.
En resumen, los cuentos de hadas contribuyen psicológicamente en forma positiva al crecimiento interno del niño.
Los cuentos de hadas son únicos y el significado más profundo de este tipo de cuentos será distinto para cada persona, e incluso para la misma persona en diferentes momentos de su vida.
El que un cuento sea más importante que otro para un niño determinado y a una edad determinada, depende totalmente de su estadio de desarrollo psicológico y de los problemas más acuciantes en aquel momento.
Por ejemplo, al tratar de â??Hansel y Gretelâ?, el empeño del niño por seguir junto a sus padres, aunque haya llegado la hora de lanzarse al mundo por sí solo, es violento, al igual que la necesidad de superar una oralidad primitiva, simbolizada por el apasionamiento de los niños por la casita de turrón.
Este cuento tiene mucho que ofrecer al niño pequeño que está a punto de dar sus primeros pasos por el mundo.
Da forma a sus angustias y le inspira seguridad frente a estos temores, porque se muestran injustificados: al final vencen los niños y el enemigo más temible, la bruja, es totalmente derrotado.
Esta historia alcanza mayor atractivo y valor para el niño a la edad de cuatro a cinco años, es decir, cuando los cuentos de hadas empiezan a ejercer su beneficiosa influencia.
La angustia de separación â??el temor a ser abandonado- y el miedo a morir de hambre, junto con la voracidad oral, no son exclusivos de ningún período de desarrollo en particular.
Tales temores se dan en todas las edades en el inconsciente.
Otros personajes de la misma historia pueden ofrecer la guía y la seguridad que tanto necesita el niño ya mayor.
Por ejemplo, una niña, en su temprana adolescencia, â??Hansel y Gretelâ? le brindó un gran consuelo leyéndolo una y otra vez y fantaseando sobre dicho cuento.
De pequeña había estado dominada por un hermano mayor.
En cierto modo le había mostrado el camino, como Hansel al ir esparciendo las piedrecitas que les guiarían a él y a su hermana de vuelta a casa.
En la adolescencia, esta chica seguía apoyándose en su hermano, y esta escena del cuento le inspiró la confianza.
Pero, al mismo tiempo, se resintió por el dominio de su hermano.
Sin ser conciente de ello en aquel momento, su lucha por la independencia giraba en torno a la figura de Hansel.
La historia le dijo a su inconsciente que seguir el camino de Hansel le haría quedarse atrás en vez de ir adelante; por otra parte, es también significativo que al principio de la historia fuera Hansel el que la guiara, mientras que al final es Gretel quien consigue la libertad y la independencia para ambos, puesto que es ella quien vence a la bruja.
Una vez alcanzada la edad adulta, esta mujer comprendió que dicho cuento la había ayudado mucho a abandonar la dependencia en su hermano, al convencerla de que una temprana dependencia en él no tenía por qué influir en su vida posterior.
Así, una historia que, por una razón, había sido significativa para ella cuando era niña, le proporcionó una guía en la adolescencia por otra razón completamente distinta.
El tema central de â??Blancanievesâ? es el de una niña que, todavía en la pubertad, supera, en todos los aspectos, a su perversa madrastra, quien, loca de celos, le niega una existencia independiente, simbólicamente representada por el esfuerzo de la madrastra por ver aniquilada a Blancanieves.
Sin embargo, el significado más profundo de esta historia, para una niña de cinco años, estaba muy lejos de los problemas de la pubertad.
Su madre era tan fría y distante que la niña se sentía perdida.
El cuento le aseguró que no tenía por qué desesperarse: Blancanieves, traicionada por su madrastra, fue rescatada por personas del sexo masculino; primero, los enanitos y, más tarde, el príncipe.
Esta niña tampoco se desesperó por el abandono de su madre, sino que confiaba en que algún hombre la salvaría.
Segura del camino que Blancanieves le mostraba, se volcó hacia su padre, el cual respondió favorablemente; el final feliz del cuento hizo posible que esta niña encontrara una solución satisfactoria a la situación inevitable que estaba viviendo y a la que la había proyectado la falta de interés por parte de su madre.
Vemos cómo una historia puede tener un importante significado, tanto para un niño de cinco años como para otro de trece, aunque el sentido personal que obtenga del cuento sea totalmente distinto.
Los cuentos de hadas tienen un gran significado psicológico para los niños a todas las edades y de ambos sexos, sin tener en cuenta la edad y el sexo del héroe de la historia.
Se obtiene un rico significado personal, pues facilitan los cambios en la identificación mientras el niño pasa por distintos problemas, uno después del otro.
Uno de los padres empezará por contar o leer a su hijo un cuento que haya sido significativo para él en su infancia.
Si el niño no se aficiona a esta historia, quiere decir que sus motivos o temas no han logrado provocar una respuesta significativa en aquel momento de su vida.
Es mejor contarle otra historia la noche siguiente.
Pronto nos daremos cuenta de que un determinado cuento se ha hecho importante por su inmediata respuesta a él, o porque el niño pide que se lo cuenten una y otra vez.
Al contar cuentos de hadas lo mejor es tratar de seguir siempre el interés del niño.
Incluso si uno de los padres adivina por qué su hijo se siente emocionalmente implicado en un determinado cuento, es mejor que lo guarde para sí.
Las experiencias y reacciones más importantes de un niño pequeño son generalmente inconscientes, y así deberán permanecer hasta que éste alcance una edad madura y una mayor comprensión.
Es siempre desagradable interpretar los pensamientos inconscientes de una persona y hacer consciente lo que ésta desea mantener en el preconsciente; especialmente cuando se trata de un niño.
Es tan importante para el bienestar del niño sentir que sus padres comparten sus emociones, disfrutando con el mismo cuento, como la sensación que tiene de que sus padres ignoran sus pensamientos internos hasta el momento en que el niño decide revelarlos.
Si los padres dan muestras de conocerlos ya, el niño evita hacer a sus padres el regalo más valioso, es decir, evita compartir con ellos lo que hasta entonces fue algo secreto y privado para él.
Y como los padres son superiores al niño, el dominio de aquéllos parecerá ilimitado â??y, por lo tanto, abrumador y destructivo- si el pequeño ve que son capaces de leer sus pensamientos secretos y de conocer sus más ocultos sentimientos, antes, incluso, de que el mismo niño sea consciente de ellos.
Si explicamos a un niño por qué un cuento de hadas puede llegar a ser tan fascinante para él, destruimos el encanto de la historia, que depende de la ignorancia del niño respecto a la causa que le hace agradable un cuento.
La pérdida de esta capacidad de encanto lleva también consigo la pérdida del potencial que la historia posee para ayudar al niño a luchar por sí solo y a dominar el problema que ha hecho que la historia fuera significativa para él y ocupara un lugar predominante.
Una limitación importante es que el verdadero significado e impacto de un cuento de hadas puede apreciarse sólo a partir de la historia en su forma original.